Jueves. 23.11.2017 |
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Elecciones en la Cofradía de Santa María de África

Como muchos de ustedes sabrán, en estos días se está llevando a cabo el proceso de elecciones en la Cofradía de Santa María de África en el que un servidor, alentado por un amplio grupo de hermanos que secundan y suscriben este escrito junto a mí, ha intentado formar un equipo de personas comprometidas para presentar una candidatura en los citados comicios.

Elecciones en la Cofradía de Santa María de África

Como muchos de ustedes sabrán, en estos días se está llevando a cabo el proceso de elecciones en la Cofradía de Santa María de África en el que un servidor, alentado por un amplio grupo de hermanos que secundan y suscriben este escrito junto a mí, ha intentado formar un equipo de personas comprometidas para presentar una candidatura en los citados comicios, todo ello partiendo de la base de las reiteradas manifestaciones del actual hermano mayor, confirmadas por su director espiritual, de no querer continuar al frente de la misma, hecho éste que se revertiera en días pasados.

Un grupo de hermanos puso en marcha el mecanismo para buscar, entre los pertenecientes a la Cofradía, el número necesario para conformar una candidatura donde se cumplieran unas premisas fundamentales: ilusión, compromiso y lealtad y que, además, hubiese una vertiente basada en la juventud muy amplia para asentar la continuidad de una devoción tan querida y fundamental en nuestra ciudad. No fue nada fácil el trabajo, ya que casualmente había muchas personas implicadas en que esto no saliese hacia delante y se hacía campaña con todos en cada uno de los posibles integrantes para que no aceptaran mi propuesta. Pero, tras las trabas encontradas, al final lo conseguimos.

Una vez puestos a trabajar en un magnífico dossier con las intenciones para la designación de quién debía abanderar este proyecto se coincidió en que fuera mi persona la encargada de ello, para lo que era necesario solicitar una dispensa a la autoridad eclesiástica, o sea al señor vicario, por no llevar los años continuados como hermano que exige el Reglamento Diocesano y que, en causas normales, no hubiese existido problema alguno para conseguirlo. En apariencia, dados los antecedentes y las circunstancias, nada que pudiese suponer un contratiempo grave para el éxito de nuestras intenciones.

Puesto, personalmente, al habla con el señor vicario para solicitar la dispensa empieza nuestro periplo ya que una serie de coincidencias, como siempre que he intentado hablar con él, impedían que se produjera el deseado encuentro. Cuando al fin se pudo realizar, la tibieza de sus palabras ya aventuraban que íbamos a tener problemas, “ni un sí ni un no”, sólo un “ya veremos, lo estudiaremos, consultaré a la Mesa del Consejo”… Una interminable lista de despropósitos y palabras vanas para no afrontar la responsabilidad que debía asumir y que, por los antecedentes, no debería negar.

Durante el plazo de alegaciones al censo estuvimos esperando que se nos llamara o diera contestación a la solicitud realizada y viendo que se terminaban los plazos sin noticia alguna decidimos volver a realizar la petición por escrito en la Vicaría, el pasado día 5 del presente mes. No se obtuvo la respuesta en el plazo deseado y lógico, entendiéndose esta fecha como cualquier día anterior al comienzo de presentación de candidaturas.

Una vez ya iniciado el plazo y tras varios intentos, el secretario de la Vicaría a través de un mensaje de teléfono móvil nos indica que podía ir a recoger la decisión a la Parroquia de Santa María de África esa misma noche, acción ésta que realicé sin obtener nada, ya que los muchos quehaceres del señor vicario le habían impedido  firmar la resolución y dejarla donde estaba previsto, con lo que todavía se complicaba más la presentación de nuestra candidatura por quedar apenas unas horas para que acabase el plazo.

Por fin, en la mañana del día 12 recogí la resolución, que no me fue entregada en mano, y se cumplían los augurios que podíamos presagiar: la petición era denegada. Por primera vez en la historia de nuestras hermandades y cofradías, se denegaba la participación de un grupo de hermanos en un cabildo electoral. Por primera vez en esta larga historia, un director espiritual y vicario de nuestra ciudad tomaba partido por una candidatura concreta y la aupaba al gobierno de la Hermandad, negando la posibilidad de que existiese un verdadero proceso democrático en el que los hermanos decidiesen quién llevaría las riendas de su Hermandad. Y todo, aparentemente, porque a quien concurre al puesto de hermano mayor le falta la antigüedad requerida para el puesto.

Es al menos curioso que en la propia Junta saliente haya al menos tres hermanos que se les dispensó del tiempo mínimo de antigüedad para pertenecer a la misma y el propio hermano mayor figure con, casualmente, la fecha de alta justa para optar al cargo. Por no citar las decenas de hermanos de las juntas de gobierno de nuestras hermandades que incumplen uno o varios puntos del Reglamento Base Diocesano.

Deseamos, no podía ser de otra manera, que el grupo que se haga cargo de la Hermandad tenga el éxito que nuestra patrona se merece, no puede ser de otra manera, y que estos cuatro años, hasta el 2020, que deben afrontar tomen las mejores decisiones. Todos somos personas comprometidas con nuestra Iglesia, nuestra Hermandad y nuestras tradiciones. Pero esto, clama al cielo. Por primera vez en la historia se aplica la normativa que, hasta la fecha, nunca se había aplicado.

La llegada del señor vicario a nuestra ciudad, allá por el comienzo del verano de 2012, solo ha traído desencuentros motivados por sus actuaciones no cargadas de menosprecio hacia mi persona y a lo que en aquel entonces representaba y que, gracias a sus decisiones, contribuyó a que un gran número de hermanos mayores de las hermandades cuestionasen mi mandato como presidente del Consejo y mi retirada del mundo cofrade.

Usted, señor vicario, me ha faltado a la verdad en reiteradas ocasiones, ha hecho público, poniendo en contra de mí a los hermanos mayores, documentos e informes confidenciales sobre actuaciones de algunas hermandades. Usted no ayudó para nada a nuestras reclamaciones ante el señor obispo para que no cercenara de cuajo la idiosincrasia particular de nuestra ciudad como obispado distinto al de Cádiz. Usted no utiliza la misma vara de medir para los casos en igualdad de condiciones, como queda demostrado en el decreto firmado en el que me “prohíbe” presentarme al Cabildo de elecciones de la Cofradía de Santa María de África, amparado en una falta de “necesidad y excepcionalidad”, criterio éste totalmente arbitrario y que usted no ha tenido en cuenta en ninguna de todas las dispensas dadas, que no son pocas y para no aburrir, de “momento”, no voy a enumerar.

Hasta ahora, y casi desde la creación del Consejo de Hermandades en el año 1989 aunque más comúnmente desde que usted está al frente de la Vicaría, se han ido dando dispensas a todos aquellos que lo han solicitado para poder ser hermano mayor o miembro de Junta de Gobierno de una Hermandad, sirviendo como clarísimo ejemplo que hasta la presidenta del Consejo ha obtenido una dispensa para poder seguir ostentando un cargo en una Hermandad, hecho que prohibido por el Reglamento Diocesano que usted, en esta ocasión, si ha querido manejar para actuar contra el equipo de esta candidatura.

Es necesario apuntar que, en esta ciudad, personas comprometidas capaces de ponerse al frente de un proyecto de vida de una Hermandad, con un programa basado en la comunión con la Iglesia y en la búsqueda del mantenimiento y el aliento a las nuevas generaciones sobre la identidad y tradiciones, son difíciles de encontrar. Porque aquí, lo que prima y lo que usted permite y propugna, es que las personas que estén al frente no le causen problemas y ocupaciones en algo tan simple como es una vida espiritual y con un programa pastoral acorde a lo que mandan los tiempos.

Pero usted solo no es el culpable, ya que otros muchos han tomado partido y puesto obstáculos  en este intento de presentación de la candidatura, antes de tan siquiera de que fuese formalmente presentada; porque usted ya se había encargado de pregonar a los cuatro vientos que yo, encabezando un grupo de cofrades jóvenes con compromiso y lealtad, pretendíamos poner a la Cofradía de África como referente de las de la ciudad, que es como creemos que debe estar por ser la Virgen patrona y madre del pueblo de Ceuta y  su Hermandad la más antigua de las de la ciudad.

Usted señor vicario, mientas el señor director espiritual del Consejo se afana en los medios de comunicación locales pidiendo ilusión, acercamiento y comunión con la Iglesia (y además en reuniones mantenidas con él no ver ningún inconveniente a nuestra candidatura), cierra las puertas de los que lo hacemos, simplemente porque le hemos hablado con claridad y le hemos contado la verdad de las cosas, buscando el bien y el ejemplo de nuestras Hermandades.

Ceuta no es una parroquia, es una diócesis y como tal necesita de altura de miras en sus decisiones y cierta contundencia en sus acciones, pero para todos por igual. Creo que usted se ha vengado de mí fríamente, porque nunca fue capaz de asimilar que alguien que en ese momento representaba a las hermandades y cofradías de la ciudad obispado de Ceuta le dijera a la cara que estaba realizando dejación de funciones y que su labor dejaba mucho que desear. Ha sido usted capaz de acabar con una ilusión mantenida durante todo mi vida que no ha sido otra que la de trabajar por la Iglesia, llevando a la calle la religiosidad y colaborando con la sociedad y los necesitados, mientras ustedes divagan en conceptos de “nueva evangelización” vacíos de contenidos, de liturgia y de acercamiento al cristiano de a pie.

Por último, creo en conciencia que su paso por nuestra ciudad ha sido bastante deficitario, intentando poner un adjetivo tibio. Como reza nuestro himno, aquí nos sentimos orgullosos de acoger a cuantos llegan a nuestras playas; pero en su caso no tengo más remedio que decirle lo que mucha gente piensa y nadie se atreve a decirle para seguir aferrados a sus cargos: háganos un favor y solicítele al señor obispo que lo traslade a algún lugar de su provincia de Cádiz donde no le venga grande su designación como vicario general. Mientras, aquí quedaremos los ceutíes con nuestras tradiciones o lo que quede de ellas, y con muchas preguntas por responder: ¿por qué se ha negado la participación de estos hermanos en un Cabildo de Elecciones?, ¿por qué se ha aplicado el reglamento en esta ocasión si nunca antes se había hecho?, ¿tanto miedo se tenía, en algunos sectores, de lo que las urnas pudiesen decir?, ¿por qué sólo se aplica la normativa para unos pocos?, ¿van a seguir estando las hermandades en manos de quien están?, ¿por qué ha convertido el señor vicario el proceso de elecciones en África en una elección “a dedo”?... Muchas preguntas y muy pocas respuestas que se irán aclarando con el tiempo.

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