Miércoles. 23.08.2017 |
El Tiempo
La Opinión de

Idiosincrasia

Allá por el siglo XIX el hispanista Terence Hughes hablaba de los españoles con claridad, sin morderse la lengua. “La exageración en todo es el principal vicio de España. No hay en toda la península una sola ciudad que no sea 'muy noble, muy leal y muy heroica', una sola corporación que no sea 'excelentísima' o 'ilustrísima' ni un solo cuerpo militar que no sea célebre por su valor e inigualable en su bravura; no hay granuja en Castilla que no se considere noble ni bandolero en Andalucía que no se llame a sí mismo soldado; no hay hombre que no se haga llamar 'Don' ni mujer que no sea 'Doña'; no hay botarate que no sea un erudito ni tampoco poetastro que no sea en Europa una celebridad”.

Y tuvo que llegar un canario

VOLUNTAD, noble palabra donde las haya, a un nivel tan elevado como algunas del calibre de honestidad o diligencia, aunque sin llegar a las cotas de excelencia de otras como solidaridad o generosidad. Me gusta, no lo voy a negar. Es una palabra que a menudo escucho en conversaciones referidas a la situación de Ceuta, invocándola con añoranza y hastío para contrarrestar el sentido de palabras como corrupción, desidia, conformismo, incompetencia o enchufismo, las cuales se escuchan muchísimo más.

Involución global

Hablar de globalización implica hablar de interacción entre los diferentes pueblos de la Tierra. Es hablar de un todo conectado, de intercambio de cultura, economía, información, más allá de diferencias étnicas, fronterizas, religiosas, raciales, geográficas, culturales o de cualquier otra índole. A mi modo de entender, hablar de globalización es hablar de la forma más eficiente que tiene la sociedad para seguir evolucionando. Y aunque el término en sí mismo es relativamente reciente, el concepto es antiguo, muy antiguo.

Cebollas y Educación

La vida en la sociedad está compuesta de capas, de envoltorios que determinan nuestra convivencia, como si de una cebolla se tratara. Y al igual que las cebollas, esas capas pueden...

Sombras

Quien decide entrar en política debe ser consciente de que su situación va a cambiar. Dejará de ser un simple sujeto particular con un ámbito privado de actuación, y pasará a tener una figura pública que debe ser un referente ético, una figura en la que las sombras de sospecha no tienen cabida, en la que el ejercicio del poder que va a ostentar representando al pueblo no puede soportar sospechas de ningún tipo. Y esa carga debe ser aceptada y actuar en consecuencia cuando se rompa la confianza de los ciudadanos. O así debería ser.

Niños en huelga

Se han producido dos hechos que me han hecho sentir obligado a escribir estas líneas. El primero ha sido el anuncio de la CEAPA (Confederación Española de Asociaciones de...

El virus del 12 de octubre

Hace un par de meses estaba viendo una película de Hollywood bastante intrascendente cuando de repente sucedió algo en la trama que me impactó y despertó lo que me atrevería a calificar como envidia. No envidia sana, no, la envidia sana no existe más que para suavizar nuestras conciencias, me refiero a envidia de la cochina.

Menores-Bomba

Les voy a plantear dos situaciones aparentemente inofensivas y de las que seguro todos hemos sido testigos, o de alguna similar: Primera: Verano, doce de la noche, un grupo de chavales de...

La adicción al poder

Cada persona en algún momento de su vida realiza un ejercicio de reflexión sobre lo que quiere llegar a ser, sobre el objetivo social o laboral que desea desempeñar en el...

La estatua política

Para quien no lo sepa, enclavado en el valle del Cauca, en la cordillera de los Andes, se sitúa la tercera ciudad más poblada de Colombia, Santiago de Cali. No nos vincula demasiado a esa ciudad, más allá del idioma y de la herencia española. Pero desde hace muy poco nos une algo más. Ambas ciudades tienen un monumento a la solidaridad.

El arte de la guerra

Situémonos por un instante. China, período comprendido entre el siglo V a.c., hasta el III a.c., llamado también el período de los Reinos combatientes. Es en este período donde siete grandes estados habían ganado cierto poder e independencia gracias a las acciones de sus correspondientes Señores de la Guerra, que llevaron a cabo notables campañas militares y diplomáticas para poder anexar poco a poco estados más pequeños de su entorno. Los Reinos o, mejor dicho, dinastías de  Qi, Chu, Yan, Han, Zhao, Wei y Qin se disputaban el poder.