Jueves. 23.11.2017 |
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Opinión
Juan Carlos Trujillo
07:56
10/04/17

“No voy a ser un palmero”

Bajo ningún concepto deberíamos admitir afirmaciones, que demuestran el mayor de los desprecios hacia el compromiso y la lealtad de cientos de militantes y simpatizantes. “Cuesta implicarse en los partidos porque creo que a veces se considera que si estás en ellos tienes que aprobar todo lo que hagan los tuyos. Eso me parece un error. Si quieres mejorar, no tienes que ser sólo un aplaudidor.”

“No voy a ser un palmero”

Las declaraciones vertidas la pasada semana, por un recien llegado al Partido Popular de Ceuta, ponen de manifiesto, que aún existen personas que pueden sorprenderme. Por cierto, la inexperiencia jamás puede justificar unas manifestaciones que muestran la arrogancia de quien se siente superior a sus predecesores, una aptitud que no deberíamos permitir. No podemos obviar que el sentimiento de equipo que nos ha permitido alcanzar excelentes resultados electorales en los últimos años comienza a gestarse cuando todos los miembros del colectivo entienden que sus intereses y objetivos individuales son más fácilmente alcanzables entregándose con generosidad a un bien común.

Bajo ningún concepto deberíamos admitir afirmaciones, que demuestran el mayor de los desprecios hacia el compromiso y la lealtad de cientos de militantes y simpatizantes. “Cuesta implicarse en los partidos porque creo que a veces se considera que si estás en ellos tienes que aprobar todo lo que hagan los tuyos. Eso me parece un error. Si quieres mejorar no tienes que ser sólo un aplaudidor”. Unas palabras que aunque algunos pudieran considerar como inofensivas sí ponen en duda la capacidad de una militancia comprometida con el proyecto popular, personas que siempre han aportado ideas enriquecedoras en beneficio del Partido Popular y de todos los ceutíes sin exclusión alguna.

Pero si hay algo que rechazo con total rotundidad, es la utilización injustificada de un término deleznable “yo no voy a ser un palmero” y “espero no ser un palmero”. Afirmaciones que ponen en duda el compromiso, la entrega y la lealtad de una militancia ejemplar. En este punto debo referirme a compañeros tan significativos, y al mismo tiempo tan reivindicativos como Francisco Antonio González Pérez, José Luis Morales, Francisco Olivencia, Jesús Fortes, José Torrado, Pedro Gordillo, Juan Jesús Vivas, Emilio Carreira, Mabel Deu, Nicolás Fernández,  Juan Bravo o quien suscribe este artículo. Militantes que siempre hemos expresado nuestros pensamientos en los órganos correspondientes.

Durante año he defendido sin fisuras, tanto en medios de comunicación como en redes sociales, los planteamientos de la formación política a la que decidí unirme por decisión propia hace más de 18 años sin ser llamado por nadie. Un partido político al que me une muchos más que unos planteamientos ideológicos, pues lo entiendo como un proyecto vital totalmente necesario para el sostenimiento de una sociedad sometida a los prejuicios de un número cada vez mayor de radicales extremistas. Un posicionamiento por el que he recibido todo tipo de ofensas y ataques, pero jamás pensé que pudieran provenir de un “compañero” de partido. Indignado no, lo siguiente.

“No voy a ser un palmero”