El Gobierno cesa al director de Servilimpce y recupera a un viejo conocido de la casa

Servilimpce

La Ciudad rompe con la apuesta por un gerente externo “altamente cualificado” y se inclina por un responsable con larga trayectoria en el servicio de limpieza, en un movimiento que reabre interrogantes sobre el rumbo de la empresa pública

Menos de año y medio ha durado Luis de la Barrera al frente de Servilimpce. Su cese llegó por teléfono, mientras el ingeniero se encontraba fuera de Ceuta debido al temporal. Un final abrupto para un nombramiento que, en su día, se presentó como la apuesta por un perfil “altamente cualificado” para profesionalizar la empresa pública de limpieza.

De la Barrera, ingeniero químico formado en la Universidad de Cádiz, con un Executive MBA y experiencia en gestión de residuos, aterrizó en Servilimpce tras un proceso de selección externo que buscaba precisamente eso: alguien con recorrido técnico y mirada de gestión. Ahora, la Ciudad da marcha atrás y coloca al frente a un hombre de la casa, un nombre que ya sonó con fuerza antes de su llegada.

Un regreso anunciado

Cuando se creó Servilimpce, el Gobierno barajó tres candidatos para dirigirla. Dos eran de la plantilla del propio servicio de limpieza: Alejandro Benavides y Pablo Miranda. El tercero, el finalmente elegido, era De la Barrera, procedente de la empresa sevillana LIPASAM.

Benavides era entonces el favorito. Había sido delegado de Urbaser durante su etapa en Ceuta y más tarde jefe del Servicio de Coordinación de Trace. Conocía el terreno, los equipos y la trastienda del servicio. Pero el Ejecutivo optó por externalizar la selección y confiar en una empresa especializada. Esa misma apuesta es la que ahora se deshace.

Un movimiento que reabre preguntas

El relevo devuelve a Servilimpce a un escenario más reconocible para el Gobierno: un gerente con trayectoria interna y experiencia directa en la limpieza viaria de la ciudad. Pero también deja en el aire las razones del cese, más allá de la fórmula oficial.

La salida de De la Barrera, comunicada a distancia y sin margen de transición, evidencia que la apuesta por profesionalizar la dirección de la empresa pública no ha cuajado. Y abre una nueva etapa en la que el Ejecutivo vuelve a confiar en perfiles que ya estaban en la órbita del servicio.

La pregunta ahora es si este cambio devolverá estabilidad a una empresa que, desde su nacimiento, no ha dejado de moverse entre expectativas, tensiones internas y decisiones políticas que marcan su rumbo.