3 de junio de 1415, cuando Ceuta se convirtió en destino secreto del imperio portugués
El 3 de junio de 1415 marca el inicio de una cuenta atrás que culminaría con la toma de Ceuta. Ese día, la maquinaria logística y militar del reino de Portugal se puso en marcha con un objetivo que pocos conocían: cruzar el Estrecho para abrir las puertas de África
El 3 de junio de 1415, Lisboa bullía de actividad. Aunque el objetivo real de la expedición se mantenía bajo estricto secreto, el reino de Portugal daba un paso decisivo hacia una de las operaciones militares más trascendentales de su historia: la conquista de Ceuta. Fue en esta fecha cuando se intensificaron los preparativos logísticos y militares que culminarían, el 21 de agosto de ese mismo año, con la toma de la ciudad, que pasaría a formar parte de la esfera portuguesa durante más de dos siglos.
El monarca Juan I de Portugal optó por no convocar a las Cortes ni aplicar nuevas cargas fiscales para financiar la expedición, lo que permitió mantener su verdadero propósito en la sombra. En su lugar, recurrió a préstamos y contratos con armadores extranjeros. Bajo la dirección del almirante Carlos Pessanha, se rehabilitaron galeras y se construyeron nuevos navíos en los astilleros lisboetas. A comienzos de junio ya se contaba con una flota cercana a las 30 embarcaciones de guerra listas para zarpar.
Los infantes Pedro y Enrique jugaron un papel clave en el alistamiento de tropas. Mientras Pedro concentraba fuerzas en el sur del reino, Enrique –quien más tarde sería conocido como “el Navegante”– se encargaba del reclutamiento en las regiones del norte. Por su parte, el heredero al trono, el infante Duarte, gestionaba los aspectos jurídicos y administrativos del despliegue.
Uno de los episodios más notables de la fase preparatoria fue la misión diplomática encubierta encabezada por el prior de Crato, Álvaro Gonçalves Camelo. Oficialmente destinada a Sicilia para negociar una alianza matrimonial, la comitiva hizo escala en Ceuta durante cuatro días, tiempo que aprovechó para estudiar minuciosamente el puerto y sus defensas. A su regreso a Sintra, Camelo presentó a la familia real un detallado mapa tridimensional de la ciudad elaborado con arena y cordeles, lo que proporcionó una valiosa ventaja táctica.
Para preservar el secreto, el rey lanzó maniobras de desinformación: se enviaron embajadas ficticias a diversos destinos europeos para distraer la atención de la verdadera operación. Incluso cuando la expedición ya se encontraba en marcha, muchos dentro y fuera de Portugal desconocían su destino final.
La flota portuguesa, que llegaría a contar con más de 200 embarcaciones y unos 50.000 hombres –incluidos mercenarios ingleses, franceses y alemanes–, estuvo a punto de retrasarse por un brote de peste en Lisboa que obligó a trasladar la corte a Sacavém. No fue hasta mediados de julio cuando el grueso de las fuerzas se congregó en la capital.
Tras la muerte de la reina Filipa de Lancaster el 19 de julio, la expedición zarpó de Lisboa, hizo escala en Lagos, y fue allí, por primera vez, donde se reveló oficialmente el destino: Ceuta. El desembarco se produjo el 21 de agosto. La conquista no solo marcó el inicio de la expansión imperial portuguesa, sino también un punto de inflexión irreversible en la historia de la ciudad norteafricana.
Aquel verano de 1415, Ceuta se convirtió en la primera plaza musulmana tomada por una potencia cristiana en el Atlántico. Y todo comenzó con movimientos discretos, tres meses antes, en los muelles de Lisboa. Ese día cambió el devenir de Ceuta.