Francisco Javier Sauquillo, la vida detrás del símbolo de la matanza de Atocha
El abogado ceutí asesinado en Atocha en 1977 representó una generación comprometida con la justicia social y la democracia en España. Su historia es un homenaje al valor frente a la intolerancia
Hace 48 años, en la noche del 24 de enero de 1977, en pleno proceso de la Transición Española, la democracia naciente sufrió un duro golpe con el asesinato de cinco abogados laboralistas en el despacho de Atocha 55 en Madrid. Entre ellos, Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, un joven ceutí comprometido con la lucha por los derechos laborales y la justicia social, quien se convirtió en un símbolo de resistencia frente a la intolerancia y el extremismo.
Nacido en Ceuta el 3 de diciembre de 1947, Javier Sauquillo fue el menor de los hijos de José Luis Sauquillo y Deseada Pérez del Arco. Estudió Bachillerato en los Escolapios y se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, donde inició su militancia política en el Frente de Liberación Popular. Este fue el primer paso en una vida marcada por el activismo y el compromiso con los más desfavorecidos.
Tras completar sus estudios, Javier comenzó a trabajar en un bufete laboralista en la calle Españoleto, donde conoció a Dolores González Ruiz, su futura esposa, y se involucró activamente en la lucha por mejorar las condiciones de vida en barrios obreros como Orcasitas y el Pozo del Tío Raimundo. Contribuyó al surgimiento de las asociaciones vecinales, fundamentales en la defensa de los derechos sociales durante la dictadura.
En aquellos años, Sauquillo se unió al Partido Comunista de España (PCE), entonces clandestino, y colaboró con los movimientos vecinales de Vallecas y Móstoles. Posteriormente, trabajó en el despacho laboralista de Manuela Carmena en Atocha 55, donde consolidó su vocación de servicio y justicia social.
El 24 de enero de 1977, los terroristas llamaron al timbre del número 55 de la calle Atocha, entre las 22:30 y 22:45. Al parecer, iban en busca del dirigente comunista Joaquín Navarro Fernández, secretario general del Sindicato de Transportes de CCOO en Madrid, convocante de unas huelgas anteriores que, en buena medida, desarticularon la que llamaban 'mafia franquista del transporte'. Al no encontrarlo, decidieron matar a los presentes. Eran dos jóvenes con armas de fuego con quienes iba una tercera persona, encargada de cortar los cables del teléfono y registrar los despachos. Esa misma noche, varios individuos asaltaron también un despacho del sindicato UGT, en la calle Fernando VI, que se hallaba vacío.
Javier se encontraba en el despacho preparando una reunión junto a sus compañeros cuando el grupo de pistoleros de extrema derecha irrumpió y abrió fuego contra los presentes. En un acto de valentía, Javier protegió con su cuerpo a Lola, su mujer, salvándola de un impacto mortal. Francisco Javier, aunque sobrevivió al ataque inicialmente, falleció al día siguiente, tal día como hoy, en el hospital Primero de Octubre debido a las heridas sufridas. Su sacrificio, junto con el de sus compañeros, marcó un punto de inflexión en el camino hacia la democracia.
La capilla ardiente de Javier Sauquillo se instaló en el Colegio Mayor de Abogados y su entierro, en el cementerio de Carabanchel, reunió a miles de personas en un emotivo homenaje que dejó patente el rechazo popular a la violencia y la intolerancia. Dos meses después, en un gesto cargado de simbolismo, el PCE fue legalizado, consolidándose como un actor clave en la consolidación democrática.
La memoria de Javier Sauquillo ha sido honrada de diversas formas. En 2002, el Gobierno de España le otorgó la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort, y en su Ceuta natal, el Ayuntamiento dedicó una calle en su honor en 2010. La ceremonia de inauguración contó con la presencia de su hermana Paquita Sauquillo, destacada figura política, y del presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas.
Francisco Javier Sauquillo, más allá de ser una víctima de la violencia política, es un símbolo de dignidad y lucha por los derechos laborales y la justicia social. Su legado, cincelado en las páginas de la historia de la Transición Española, permanece vivo como un recordatorio de los valores que cimentaron la democracia.