La obra de Hadú suma un mes de retraso, pero el Gobierno insiste: acabará antes de "final de año"
La reforma integral de la avenida de Hadú, con un presupuesto cercano a los nueve millones de euros, entra en una fase clave entre zanjas, desvíos y promesas de una avenida más moderna, comercial y pensada para el peatón
La obra de Hadú, ese proyecto que ya forma parte del paisaje cotidiano del barrio —zanjas, vallas, desvíos y paciencia— se han topado con un nuevo obstáculo: el mal tiempo. Los temporales de los últimos meses obligaron a frenar el ritmo y el resultado es un retraso aproximado de un mes. Nada dramático, asegura el Gobierno, que mantiene diciembre de 2026 como fecha de finalización.
El consejero de Medio Ambiente, Servicios Urbanos y Vivienda, Alejandro Ramírez, lo explicó en una entrevista en RTVCE. Según él, los trabajos van “acorde a los plazos”, aunque la lluvia ha complicado algunas fases. Lo define como un contratiempo “técnicamente justificado”, una forma de decir que no cunde el pánico y que el proyecto sigue dentro de lo previsto.
Un primer tramo casi listo… y el barrio mirando de reojo
La intervención en Hadú no es menor: más de 6 kilómetros de actuación, una galería subterránea para todos los servicios y una remodelación completa de la avenida comercial. El primer tramo —el más complejo— está prácticamente terminado. La galería ya está ejecutada y, si nada se tuerce, después de Semana Santa comenzarán los trabajos de solería y remates finales. La idea es abrir ese primer tramo al público en los próximos meses.
Mientras tanto, la segunda fase ya se mueve: nueva estación de bombeo, preparación de la futura rotonda junto al cuartel de Regulares y más maquinaria ocupando el día a día de vecinos y comerciantes. El Gobierno insiste en que intenta compatibilizar la obra con la vida del barrio, aunque cualquiera que pase por allí sabe que no es tarea sencilla.
Una obra que quiere cambiar algo más que el pavimento
La reforma de Hadú no se vende solo como una mejora urbanística. El Ejecutivo la presenta como una apuesta estratégica para reactivar el comercio y hacer la avenida más amable para el peatón. La receta es conocida: aceras más anchas, accesibilidad, iluminación nueva, mobiliario renovado y un tráfico reorganizado para que todo fluya mejor.
Ramírez lo resume en una frase que ya suena a eslogan: “Queremos una avenida moderna, accesible y atractiva”. El objetivo es que Hadú deje de ser un lugar de paso y se convierta en un espacio para pasear, comprar y quedarse.
El Gobierno confía en que la actuación que es más que un lavado de cara tenga un efecto llamada, como asegura que ocurrió en Gran Vía, Plaza de África o la subida del Revellín. La idea es que la nueva imagen impulse la actividad económica y refuerce la identidad del barrio.
Nueve millones para un cambio de etapa
Con un presupuesto cercano a los nueve millones de euros, la obra de Hadú es una de las grandes apuestas del plan de inversiones de esta legislatura. El Ejecutivo quiere llegar a 2027 con la mayoría de los proyectos importantes terminados o muy avanzados. Hadú es una de las piezas clave de ese puzle.
De momento, el barrio sigue conviviendo con el ruido, las máquinas y los desvíos. El Gobierno pide paciencia. Los vecinos, como siempre, esperan que esta vez la recompensa llegue a tiempo.