La cárcel de Ceuta: ni cámaras ni alarmas y nulo mantenimiento
Fuerte Mendizábal funciona “a ciegas”: cámaras y alarmas a medias. El incendio de agosto destapa negligencias y fallos que ponen en cuestión la seguridad de la cárcel de Ceuta. El ingeniero de la empresa adjudicataria del mantenimiento ni está ni se le espera
El incendio del pasado agosto dejó a la prisión de Fuerte Mendizábal sin cámaras, sin alarmas y sin control real. Un contrato de mantenimiento incumplido y la ausencia de supervisión agravan el riesgo en unas instalaciones hoy vulnerables.
El incendio declarado el pasado 24 de agosto en la cárcel de Ceuta no fue un accidente “menor”, como aseguró la dirección del Centro Penitenciario de Fuerte Mendizábal. Desde entonces, la prisión opera bajo mínimos: las cámaras del perímetro exterior no graban, buena parte de las alarmas internas no responden y la torre de control apenas puede coordinar. Guardia Civil y vigilantes privados patrullan sin el apoyo tecnológico más básico.
“Están trabajando a ciegas. Si pasa algo grave, lo sabremos demasiado tarde”, resume una de las fuentes consultadas por este medio.
La chispa y la negligencia
La causa del fuego está clara. Un sistema de alimentación de emergencia con 60 baterías, instalado en un cuarto sin ventilación y con el aire acondicionado averiado, se sobrecalentó y ardió. El humo se filtró en áreas clave de seguridad.
El problema llegó con lo que vino después. La infraestructura está bajo contrato de mantenimiento desde principios de verano. El pliego de prescripciones técnicas incluye un ingeniero encargado de supervisar instalaciones, coordinar reparaciones y garantizar los protocolos técnicos. Debe estar físicamente en el centro en horario laboral, con disponibilidad para emergencias.
Sin embargo, según las fuentes consultadas, ese ingeniero no pisa la cárcel: imparte clases en uno de los institutos de la ciudad.
Chapuzas en lugar de soluciones
Sin técnico en la prisión, el remedio ha sido desmantelar módulos vacíos para reutilizar piezas. No hay supervisión ni seguimiento de incidencias. Cada semana, la dirección debería recibir informes de las empresas de mantenimiento con los fallos y riesgos detectados. Cada semana, los problemas se acumulan sin respuesta, ante la inacción de la directora de la cárcel, Nonia Velázquez.
“Una prisión que no le funcione la sala, que no tiene ojos, en el perímetro, es un riesgo para la seguridad de la prisión y de las personas que trabajan allí, de los internos”, apunta otra voz interna.
Mirar hacia otro lado
La dirección del Centro señaló que mantiene que “la situación está bajo control” y que el incidente no ha comprometido la seguridad del centro. Sobre el papel, todo parece en orden. En la práctica, Fuerte Mendizábal es un agujero negro: sin cámaras, sin alarmas y sin control.
Lo ocurrido en agosto no fue un hecho aislado, sino la consecuencia de una cadena de negligencias: contratos incumplidos, falta de supervisión y una dirección que ha preferido no actuar.
Una prisión sin ojos ni oídos es una prisión vulnerable. Y hoy, la de Ceuta lo es por completo.