Sin Rodeos, con S. Iñesta

Ceuta se limpia... pero ¿para la foto?

La empresa municipal de limpieza Servilimpce crece en plantilla pero no en eficacia, según se presume por la quejas vecinales. Las calles siguen acumulando suciedad mientras la empresa presume de eficacia de cara a la galería

Servilimpce se ha convertido en la nueva promesa de limpieza de Ceuta, pero la realidad en los barrios es muy distinta. Vecinos denuncian que las aceras siguen sucias, los contenedores rotos o inexistentes y los bancos destrozados. Mientras tanto, la empresa pública suma contratos y baldea solo donde hay cámaras. Ceuta no necesita una foto limpia. Necesita una ciudad limpia.

Un vecino del Tejar de Ingenieros me lo decía casi con resignación, pero también con rabia: “A las nueve de la mañana salí de casa y vi camiones baldeando, operarios por la zona de la plazoleta, todo parecía relucir... pero al volver a mediodía, mi calle estaba exactamente igual. Eso sí: los de la foto oficial, justo al lado de la parada del bus, bien que relucían”.

Suciedad junto a la acera cuando han ido a baldear al otro lado de la calle

Esto no es una anécdota aislada. Es el reflejo de cómo se está gestionando —o mejor, maquillando— el trabajo de Servilimpce, la flamante empresa municipal de limpieza que, con un año de vida, parece tener más interés en engordar su plantilla que en limpiar la ciudad. La Consejería se esfuerza. Manda limpiar tras cada queja, pero la empresa tiene gestores —tal vez, demasiados— que no deberían tener que recibir las órdenes desde la Ciudad.

Se suman más contratos. Más uniformes. Pero las quejas de los vecinos siguen acumulándose como las bolsas de basura fuera de los contenedores. “Limpian cinco pasos, baldean otros cinco, y veinte sin miramiento”. Esa frase, que suelta el vecino de forma casi poética, debería estar colgada en la entrada de Servilimpce como advertencia.

Porque lo que estamos viendo es una ciudad segmentada por criterios que no tienen nada que ver con la higiene, y sí mucho con la propaganda. Calles que se limpian a conciencia porque hay una cámara cerca. Zonas olvidadas donde la dejadez se mezcla con bancos rotos, contenedores sin renovar y parques que parecen solares urbanos.

Y no es solo la suciedad. Es la sensación de tomadura de pelo, de que hay una Ceuta oficial, bien enfocada, y otra Ceuta real, a la que se le tapa la vista con notas de prensa y sonrisas vacías.

¿De verdad es tan difícil organizar una empresa pública para que funcione con eficiencia? ¿Para que no haga falta que un ciudadano tenga que grabar vídeos, sacar fotos y rogar en redes sociales para que se le barra una acera o se repongan unos bancos destrozados?

Ceuta no necesita más trabajadores, necesita más dirección, más rigor y más respeto por quienes pagan sus impuestos, por quienes conviven cada día con la basura, los olores y el deterioro.

La crítica ciudadana no es un ataque. Es un grito de hartazgo. Y lo peor que puede hacer una administración es taparse los oídos con aplausos interesados.

Algunos creen que callar es lo más cómodo. Yo creo que callar es complicidad. Y no estamos aquí para eso.

Porque Ceuta merece estar limpia, sí. Pero limpia de verdad, no sólo para la foto

Decir la verdad incomoda. No decirla, a la larga, sale mucho más caro.

Sin rodeos: prefiero perder un clic que perder el respeto.

S. Iñesta