Críticas internas a la gestión del entorno penitenciario de Ceuta: entre la mejora estética y el abandono estructural
Críticas desde dentro del centro penitenciario cuestionan la gestión de su directora: instalaciones obsoletas, medios caducados, persecución laboral y una marquesina provisional convertida en símbolo de propaganda
Mientras la dirección presume de mejoras externas, voces internas alertan de un deterioro estructural, falta de mantenimiento y un clima laboral insostenible dentro del Centro Penitenciario de Ceuta.
La reciente noticia sobre las actuaciones de mejora en el entorno del Centro Penitenciario de Ceuta ha generado reacciones intensas en círculos cercanos a la institución, por no decir que ha levando alguna ampolla que otra. Aunque oficialmente se ha destacado la colaboración entre la Consejería de Medio Ambiente y la dirección del centro para acondicionar los alrededores del centro de Fuerte Mendizábal, algunas voces internas cuestionan el fondo de estas intervenciones y el relato ofrecido públicamente.
Según fuentes conocedoras del funcionamiento interno del centro, el mantenimiento del entorno debería ser competencia directa de la institución penitenciaria. La intervención del Ayuntamiento, por parte de la Consejería de Medio Ambiente, Servicios Urbanos y Vivienda, afirman, responde más a una incapacidad de gestión que a una estrategia coordinada. En este sentido, se señala que mientras la actual dirección del Centro Penitenciario de Ceuta se presume del desbroce de la zona y de la instalación de una marquesina provisional en el exterior —aún sin cristales y pendiente de finalización—, en el interior del recinto no existen estructuras similares que protejan a familiares e internos durante los desplazamientos para comunicaciones, ni a los funcionarios en los módulos.
Estas mismas fuentes critican que se utilicen elementos como la marquesina o la parada de autobús como logros institucionales, cuando en realidad se trataría de soluciones temporales impulsadas desde otras instancias. La parada, por ejemplo, habría sido una demanda realizada años atrás por gestiones personales ajenas a la actual dirección, según ha podido saber este medio, y la marquesina habría sido incluida en proyectos previos y no por una gestión de la actual directora Nonia Velázquez.
Más allá de lo estético, lo que preocupa dentro de los muros de la cárcel es el estado general del centro. Se habla de mobiliario obsoleto, deficiencias en climatización, plagas sin control, fallos en sistemas de seguridad como cámaras y puertas eléctricas, y una falta de mantenimiento que habría provocado incluso incidentes graves. A esto se suma una gestión de personal que algunos califican de arbitraria, con expedientes, permisos denegados sistemáticamente, y una planificación que estaría provocando una reducción de efectivos en módulos interiores mientras aumentan los internos.
El malestar se extiende también al clima laboral, donde se denuncian malos modos, trato desigual entre funcionarios, y decisiones que habrían generado temor y desmotivación en parte de la plantilla. A pesar de todo, se reconoce que el centro sigue funcionando gracias al compromiso profesional de sus trabajadores, aunque se advierte que la situación podría volverse insostenible si no se toman medidas estructurales.
La polémica no parece centrarse únicamente en las condiciones materiales, sino también en la narrativa pública. Algunas fuentes consideran que el protagonismo mediático de la actual dirección busca contrarrestar críticas previas. En este contexto, se cuestiona la legitimidad de presumir de actuaciones que, según afirman, no responden a méritos propios sino a gestiones ajenas o decisiones políticas externas.