Decepción en Príncipe Alfonso: un mercado rehabilitado que nunca abrió sus puertas
Abdelkamil Mohamed, presidente de la asociación de vecinos de la barriada, observa con tristeza cómo el mercado de la zona sigue cerrado y deteriorado, pese a una inversión millonaria. Las promesas de un espacio para la comunidad quedaron en el aire, dejando a vecinos y jóvenes sin alternativas en un barrio que lucha por salir adelante
Abdelkamil Mohamed, presidente de la Asociación de Vecinos de Príncipe Alfonso, observa cómo el mercado de la zona permanece cerrado, deteriorándose. Casi una década después de la rehabilitación integral de este emblemático espacio, Kamal mira con resignación un lugar que nunca volvió a abrir sus puertas.
“Llevo 15 años como presidente, luchando por intentar recuperar esta zona”. Siente una profunda “desesperación” tras innumerables promesas sobre el futuro del mercado, el cual iba a transformarse en un centro polifuncional con talleres y actividades para mayores, mujeres y jóvenes, según la promesa de la entonces consejera de Asuntos Sociales e Igualdad, Rabea Mohamed. Pero, pese a una inversión cercana al millón de euros, el sistema de climatización nunca llegó a ponerse en marcha, ni se instalaron salidas de emergencia. Para darle uso ahora, habría que reformarlo de nuevo, ya que “no cumple la normativa”, apunta Kamal con resignación.
En los alrededores, muchas tiendas cerradas, como si se hubiera abandonado al barrio. “Ese es el sentimiento”. Muchos vecinos han dejado el Príncipe, mientras la administración parece haberle dado la espalda por completo a esta histórica barriada, una de las más antiguas de Ceuta. “Es una pena que una zona con tantos habitantes esté tan olvidada”, señala Kamal, quien lucha por alejar a los jóvenes de su barrio de la delincuencia, un estigma que pesa sobre la barriada.
“La juventud es nuestro bien más preciado”, insiste el presidente, pero “si no se forma, no estudia”, seguirán los “altos niveles de fracaso escolar”. Sin espacios donde, por ejemplo, puedan recibir clases de apoyo, el futuro se vislumbra sombrío. “Un espacio como este, que podría utilizarse para actividades de formación para los jóvenes, aquí, en el corazón del Príncipe, en una zona estratégica… que esté olvidado de esta forma es una pena total”. La decepción se hace evidente en el rostro de Abdelkamil Mohamed, quien no cesa de reclamar el fin de los actos vandálicos.
Las recientes denuncias de faltas de respeto a conductores y usuarios del transporte público a la salida de los institutos no le traen gratos recuerdos. “Es como un déjà vu para mí”, dice Kamal, porque estas actitudes suelen derivar en el abandono escolar. “Otra vez tendremos otra generación perdida”, añade, recordando los incidentes de apedreamiento de autobuses y el progresivo abandono de los estudios, que terminan alimentando una espiral de violencia y “otra vez nos caemos en las desgracias y los tiroteos”. Sus palabras reflejan una impotencia palpable. “Nosotros, como asociación de vecinos, no tenemos medios”, aunque emplean todos sus recursos y esfuerzos. “Llegamos hasta un límite y, sin el apoyo del Gobierno de la ciudad, poco podemos hacer”.
¿Sería el mercado ese punto de inflexión para revertir la situación, un espacio donde mayores y jóvenes puedan tener, en el centro de la barriada, una zona de estudio y encuentro? Kamal cree que sería “un paso importante” para cambiar el rumbo de la barriada del Príncipe y el futuro de sus jóvenes.