Así se forja la unión entre guías y perros: la vida dentro de la Unidad Canina de la Policía Nacional de Ceuta

Unidad canina, Policía Nacional de Ceuta / E. Arteaga

Once perros, cuatro agentes, un oficial y un subinspector conforman una de las unidades más singulares de la Policía Nacional de Ceuta. Detrás del uniforme, late una relación de confianza y cariño donde el vínculo entre el guía y su compañero canino es la verdadera clave del éxito

La Unidad Canina de la Policía Nacional de Ceuta es, sin duda, una de las más especiales. En ella trabajan once perros, cuatro agentes, un oficial y un subinspector jefe. Cada guía -Alberto, Sara, Lorena, Fernando y Juan- cuenta con dos perros: uno especializado en la detección de drogas y otro en la localización de explosivos. En el caso de Ceuta, incluso el propio subinspector tiene a su cargo un can, a pesar de no estar obligado a ello. Este detalle, aparentemente anecdótico, refleja la dimensión humana de un grupo que se mueve entre la disciplina y la ternura. 

En el día a día, lo que realmente marca la diferencia no es solo el adiestramiento, sino la conexión que existe entre humano y perro. “Es importante que perro y guía tengan un vínculo fuerte para que sea capaz de asimilar todo lo que va a ir aprendiendo”, explica el oficial Alberto Arias, que comparte su trabajo con Kati, experta en explosivos, y Leya, especialista en drogas.

Lorena con Mendy / E. Arteaga

Jugar para aprender, aprender jugando

En esta unidad, el aprendizaje no entiende de rigidez. “El trabajo se lo enseñas realmente jugando”, cuenta Lorena Güeder, guía de Lúa, una perra adoptada de la calle que hoy forma parte del cuerpo en la especialidad de drogas, y de Mendi, su compañera en explosivos. Lúa no procede de un criadero -los centros donde suelen criarse los futuros perros policía-, sino que fue una apuesta personal de su guía, quien vio en ella un potencial que solo requería confianza y afecto para desarrollarse.

“El perro trabaja por satisfacerte, por diversión, por pasar tiempo contigo. Es un juego. Si no tienes vínculo con el perro, es difícil que trabaje a gusto contigo”, explica Lorena, que defiende la idea de que el vínculo emocional es la base sobre la que se construye toda la eficacia operativa. En su caso, el proceso comenzó desde cero, con paciencia y dedicación: “Mi perra es muy intensa”, confiesa entre risas, recordando que antes de iniciar su formación tuvo que canalizar su energía mediante juegos y paseos, hasta que su instinto se transformó en herramienta de trabajo.

Selección, entrenamiento y constancia

No existe una raza predeterminada para ser perro policía. Tampoco todos los ejemplares de una misma raza son "válidos". Lo que se busca es un conjunto de cualidades naturales. "El perro tiene que tener instinto de caza, de presa, de búsqueda”, explica Lorena. Ese instinto es la base sobre la que se construye todo el adiestramiento, un proceso continuo en el que el aprendizaje nunca se detiene.

Una vez asignado, el guía comienza a forjar el vínculo con su perro, y esa unión se refuerza día tras día. La formación es constante, porque el trabajo policial con animales es una práctica diaria que se sostiene en la confianza mutua. Cuando llega el momento de la jubilación -habitualmente tras unos diez años de servicio si el perro ha estado en buenas condiciones de salud-, el vínculo no se rompe: el cuerpo realiza una donación en beneficio del guía, si este así lo desea, que pasa a ser oficialmente el dueño del perro para que ambos puedan seguir juntos.

Toro y Juan Casal durante una práctica de explosivos en el puerto marítimo de Ceuta / E. Arteaga

 

Entre el servicio y la familia

La jornada laboral de estos agentes de cuatro patas incluye desde entrenamientos en instalaciones policiales hasta servicios reales. Durante el reportaje, la unidad realizó varias prácticas en distintos escenarios: el puerto marítimo, la explanada del Chorrillo o el baluarte del puerto deportivo. En una de las simulaciones, Toro, experto en explosivos, y Loa, adiestrada en drogas, detectaron con precisión los materiales ocultos. En otra práctica, Bea, perra del agente Juan Casal, halló no solo un fajo de billetes falsos -usados para entrenamiento-, sino también una pequeña “china” de hachís real, demostrando la potencia de su olfato.

Los perros especializados en explosivos se diferencian de los de drogas, entre otros factores, por su manera de marcar los hallazgos. Mientras estos últimos pueden realizar la denominada “señal lapa”, como cuenta Fernando Cardeña, "posando su trufa sobre el material encontrado", los de explosivos no tocan el punto de detección, evitando así cualquier riesgo. En este sentido, la manera de formar depende de cada guía y así lo explica Cardeña, quien, por ejemplo, ha decidido que Loa señale de la forma que más satisfaga a su instinto, mientras que Toro, de Casal, al ser de explosivos, debe señalizar desde la distancia y quedarse muy quieto. 

La otra cara del uniforme

Toro y Bea, los perros del agente Juan Casal / E. Arteaga

Sin embargo, más allá del trabajo, los agentes caninos también son, en la mayoría de los casos, mascotas queridas en los hogares de sus guías. “Cuando termina la jornada, se tumban en el sofá, buscan una caricia o simplemente descansan cerca”, relata Juan, que nos abrió las puertas de su casa para mostrar ese otro lado del servicio. Allí, el perro vuelve a ser compañero: come, juega, duerme y comparte vida con quien horas antes compartía misión.

Esa convivencia diaria refuerza la idea de que estos animales no son “esclavos”, como algunos sectores erróneamente piensan, sino trabajadores felices que desarrollan su instinto natural de forma positiva, como un juego compartido con sus guías.

Una unidad esencial y socialmente comprometida

La Unidad Canina de Ceuta no solo garantiza la seguridad ciudadana; también cumple una valiosa función social. Participa en exhibiciones, acude a centros escolares, colabora con asociaciones y está siempre disponible para actividades solidarias. Su labor trasciende el ámbito policial y se convierte en una herramienta de concienciación, educación y cercanía con la ciudadanía.

Porque, al final, esta unidad es eso: un ejemplo de compromiso, compañerismo y sensibilidad. Entre ladridos, juegos y jornadas de trabajo, los agentes de la Unidad Canina de Ceuta demuestran cada día que su labor se sustenta en algo más que la obediencia: en la confianza, el respeto y el amor entre especies que trabajan como una sola.