Los bancos de la discordia roban el sueño a Huerta Téllez

Este es el punto de reunión que quita el sueño a los vecinos de Huerta Téllez y que piden sl ayuntamiento que se retiren / C.A.

Familias jóvenes con niños pequeños viven en vela cada madrugada por el ruido y la inseguridad. Reclaman dormir en paz, pero el Ayuntamiento sigue sin mover ficha

Los vecinos de Huerta Téllez denuncian noches de gritos, carreras de ciclomotores y peleas bajo sus ventanas mientras el Ayuntamiento ignora su petición de retirar unos bancos convertidos en foco de ruido y conflictos.

En torno a estos bancos se concentran cada noche jóvenes que impiden el descanso a los vecinos de Huerta Téllez

Las noches de verano, que deberían ser sinónimo de tranquilidad y descanso para cientos de familias en Huerta Téllez, se han convertido en una pesadilla que se repite cada madrugada. El motivo: unos bancos que el Ayuntamiento instaló hace años y que, lejos de servir como punto de encuentro vecinal, se han transformado en el escenario de reuniones interminables de jóvenes que toman la barriada como su patio de recreo hasta bien entrada la madrugada.

Gritos, risas a voces, peleas, ciclomotores haciendo caballitos y carreras a toda velocidad. “Un vocabulario poco didáctico y muy ‘rico’”, como ironizan los propios vecinos, que se ven obligados a escuchar toda clase de improperios mientras intentan dormir. Algunos, ni siquiera lo intentan ya: viven pendientes del teléfono para volver a llamar a una Policía Local que, o tarda demasiado o directamente no aparece.

Los afectados, familias jóvenes con niños pequeños, se sienten abandonados. Han puesto por registro dos escritos al Ayuntamiento —en octubre y enero— pidiendo algo tan básico como retirar unos bancos que, por la noche, son sinónimo de insomnio, miedo y tensión. La respuesta institucional, hasta hoy, ha sido el silencio.

Entre tanto, la desesperación crece. Hay vecinos que se medican para poder dormir. Otros, cansados de pedir respeto a quien no entiende de normas mínimas de civismo, temen que cualquier noche la cosa acabe mal. Muy mal. Porque cada madrugada que pasa sin solución es una chispa más para un posible enfrentamiento que nadie desea, pero que muchos ven ya inevitable.

Los vecinos no piden milagros, ni grandes obras, ni promesas vacías. Piden dormir. Piden que el Ayuntamiento actúe y les devuelva la tranquilidad que una decisión mal planteada —y peor gestionada— les quitó hace demasiado tiempo.