De Alicante al Hacho: La historia silenciada del exilio republicano

Estrella de resistencia: una lápida comunista desafió la dictadura franquista

El Aula Magna de la Universidad de Alicante será el escenario de la IV Jornada Internacional dedicada a explorar la memoria de los republicanos que lucharon contra el franquismo en el exilio del norte de África

El próximo miércoles 26 de marzo, la Universidad de Alicante acogerá en su Aula Magna la IV Jornada Internacional dedicada al exilio republicano en el norte de África. Bajo el título "Desde el Stanbrook (Alicante) a la fosa de Ceuta en 1944" el evento promete arrojar luz sobre una de las etapas más oscuras de la historia reciente española, marcada por el destierro, la resistencia y el sacrificio de miles de ciudadanos que se negaron a someterse al régimen franquista.

Un viaje marcado por el sufrimiento y la lucha

El puerto de Alicante se convirtió el 28 de marzo de 1939 en el escenario de desesperación y esperanza para miles de españoles que huían de la represión franquista. Jóvenes como Antonio Reinares Metola, José Congost Plá, Ramón Valls Figuerola y Adelo Aguado lograron embarcarse en el Stanbrook hacia Orán, Argelia, iniciando un arduo exilio que los llevaría a Casablanca y, finalmente, de regreso a Ceuta, donde encontraron un trágico desenlace.

En Casablanca, los refugiados dieron forma a la Unión Nacional Antifascista (UNA), liderando esfuerzos de resistencia desde Marruecos contra el régimen franquista. El boletín clandestino "Liberación de España" se convirtió en su arma principal para combatir la opresión, circulando entre Tánger y Ceuta.

El precio de la resistencia

Adelo Aguado, uno de los destacados miembros, enfrentó la brutal represión del franquismo en Madrid en 1942, siendo ejecutado a garrote vil tras un consejo de guerra. Su muerte marcó el inicio de una ola de arrestos que culminó en Ceuta en 1944, donde noventa y un detenidos, entre ellos tres alicantinos, fueron juzgados y condenados en un consejo sumarísimo.

El 18 de agosto de 1944, Congost, Reinares y Valls fueron fusilados en los muros del Monte Hacho. Sus restos, inicialmente enterrados en una fosa común, fueron trasladados en 1949 a un nicho gracias al compromiso de José Guerrero Garrido. Como detalle significativo, en la lápida donde se tallaron sus nombres, se dibujó en grande y justo encima una gran estrella de cinco puntas, símbolo del partido. Tras consultar el archivo del cementerio, los encargados aseguraron que esa lápida fue la que se ubicó en aquellos años cuarenta, ¿Cómo pudieron esquivar a la dictadura y lograr que no se dieran cuenta en pleno franquismo que esa estrella era un símbolo comunista? Una pregunta tal vez sin respuesta. El nicho actualmente se puede visitar en el cementerio de Ceuta.