Isabel Gutiérrez hace del pregón una plegaria de fe, llena de costumbrismo de Semana Santa Caballa

Isabel Gutiérrez durante su pregón de esta Semana Santa 2025.

La pregonera de este año ha brindado en su apasionado pregón un recuerdo inspirado por la fe y las escenas vividas en cada procesión desde su más tierna infancia

La Semana Santa de Ceuta 2025 ya ha sido pregonada. Isabel María Gutiérrez Sánchez ha cumplido con el encargo que le hizo el Consejo de Hermandades y Cofradías de Ceuta el pasado enero cuando la eligió como su pregonera, según su predecesor en el honor, Juan José Martín López, por méritos propios y por su rezuman “cristiandad” y no por “la absurda idea de la paridad”. Y Gutiérrez, a quien la fe y la devoción le sale por los poros, ha optado por convertir su pregón en una plegaria, con mención expresa a todas las hermandades de la Ciudad, también las que no son de pasión, y llenando su discurso de escenas que recogían de forma bella el costumbrismo que regala la salida a la calle de los titulares de cada cofradía.

Nada más terminar con los saludos se ha encomendado a Dios: “Colma de alegría mi corazón, porque voy a anunciar tu nombre”. Acto seguido ha citado a Santa Teresa de Calcuta para dejar claro su enfoque "la plegaria perfecto no consiste en una palabrería, sino en el fervor del deseo que eleva los corazones hasta Jesús”. Y en otro acto cristiano ha pedido perdón por sus futuros errores durante el pregón que estaba a punto de interpretar con pasión para pedir a los presentes en el Teatro Auditorio del Revellín que mejor pusieran los ojos en “lo que Dios a través de estas humildes palabras os quiere decir, y vuestros corazones sean elevados hacia Él”.

Ella se ha confesado “la mujer más feliz del mundo” en ese instante por poder pregonar la Semana Santa de su tierra, dejando claro que a pesar de lo fortuito de su nacimiento en Alemania es caballa por los cuatro costados. “Hacemos planes, trazamos metas y ponemos piedras de un edificio del cual el único arquitecto parecemos ser nosotros mismos”, pero que en realidad siempre están los planes de Dios detrás: “Dios nos da la paz, pero no nos deja en paz”.

Como ha dejado claro en su pregón, la vida la entiende desde los valores cristianos, desde la fe para soportar las curvas demasiado torcidas que van arrojando ante cualquiera los días. Una metáfora de lo que representan los pasos con sus costaleros, “que sienten el peso y las bajadas del paso, pero saben que tienen que llegar al final con dignidad y por amor a sus titulares, sacan todas sus fuerzas y levantando ¡Cómo levantan! ¡Con más poderío, con más fuerzas renovadas!”.

“Mi deseo al igual que el vuestro es que no existan en nuestra Semana Santa nubes tormentosas cubriendo el cielo”, ha deseado al final de su introducción para pasar a rendir homenaje a la fe y la devoción que le inspira cada hermandad de penitencia de la ciudad.

Un recuerdo que ha ido llenando de costumbrismo, de las escenas que deja cada día y cada salida durante la Semana Santa. “Todo el pueblo caballa expectante a su salida, una plaza abarrotada… Todo es alegría”, ha comenzado por la Pollinica.

Y entre medias llamadas constantes a los ceutíes a acompañar sus pasos y vivir la fe en la calle durante esta semana: “Desde aquí lanzo una invitación, salid de vuestras casas, acompañad al Señor, que vuestros oídos estén abiertos y vuestros corazones despiertos a la llamada de Dios”.

“Levanto miso ojos al cielo y en oración de todo gracias, pues con tu muerte nos diste vida y una gran esperanza. En tu cruz, Señor sólo hay dos palos, el que apunta como una flecha al cielo y el que acuesta tus brazos”, ha dicho para referirse al Cristo de la Vera Cruz.

“Aunque todo lo veamos perdido, aunque no veamos la luz ni el sentido, apoyémonos en Ella (la Virgen del Desamparo), no andemos inseguros ni desamparados, que nuestra espera se convierta en acción para sembrar la paz en este mundo, recordando que el amor y la unidad son el camino hacia un mundo sin sentido”, ha proseguido.

Señor de Ceuta y Encuentro

“¡Es noche de Lunes Santo, evocadora y solemne!, tibia y azul, se enjoya el cielo, parece que la luna y las estrellas brillan más resplandecientes. Ya llega el Medinaceli, pasa por nuestras calles, rodeados del fervor de sus cofrades, con una bien formada cuadrilla costalera ¡Ánimo capataces no desfallezcáis en tan ardua tarea!”, ha plasmado la escena de la procesión del Medinaceli así.

Un Señor de Ceuta al que le tiene gran devoción “porque levanté a su imagen altar en mi corazón”.

Si la Semana Santa Caballa tiene una fecha marcada como especial es la del Martes Santo del Encuentro. “¡Tu Madre y tus Hermanos vienen a tu encuentro!, es este pueblo caballa que se coloca para ver tan bella estampa. Emoción, turbación, sentimiento, pasión, no todos pueden llegar a ti, entre tanto gentío, pero saben que estás ahí, oyen el himno de la legión, sones de Semana Santa del Tercio Duque de Alba de la Legión, sin duda uno de los momentos más esperado de nuestra querida Semana Mayor. El legionario sereno, bravo, altivo, noble y leal, sabe morir, pensando en la Muerte del divino Nazareno (…) “¡Madre! Plánchame bien la túnica que acompaño a la Esperanza, con su. Manos y palio, verdes, como un sol de maravilla resplandece, quiero venir de nuevo… el olor d ella cera quemada… sintiendo mi alma abrazada; perfumada de fragancia con incienso…, mi alma traspasada y con flores engalanada… mi alma adornada”.

Pero ese costumbrismo que en ocasiones opaca a todo lo demás acaba siendo el reflejo de la fe vivida con pasión durante estos días, Gutiérrez no lo ha perdido de vista: “Por eso hermanos, a pesar del caos que nos rodea, a pesar de las noches que atravesamos, a pesar del cansancio de nuestros días, no nos olvidemos del auténtico encuentro, ese que tenemos en la Eucaristía, encuentro con un Dios vivo, con su Palabra llena de amor y el alimento que nos salva, con ese que venció toda desesperanza”.

Y de nuevo ha vuelto a llamar a salir a la calle y a acompañar a los pasos: “No nos quedemos a medias, empapémonos entero, vamos a Velarde a verlo de nuevo…”.

Flagelación

Y lo mismo casi con cada hermandad ha mezclado plegarias de fe inspiradas en los pasos:

“Pasas entre la gente sin reprocharles nada, y miras silencioso que el camino se alarga, escoltado por hermanos con túnicas blancas cual armiño, no hay palmas ni laureles, sino injurias y vilipendios a Jesús nuestro Redentor y Maestro”.

Con las escenas que ha vivido toda su vida ante las procesiones de las distintas hermandades:

“Apiñados en esa calle Teniente Pacheco esperamos bastante tiempo, pues todos queremos tener un hueco para ver tan magnífico misterio. Ministras tanto no paramos de escuchar la voz de esa persona a la que estamos acostumbrados en nuestra ciudad: ¡Vendo pirulí!¡A la rica garrapiña!…”.

“Encrucijadas… nuestra vida está llena de ellas (fracasos, sufrimientos, debilidades, tentaciones, penas y dolores), momentos en los que debemos escoger un camino, tomar decisiones… recordad: no estamos solos, Jesús está ahí, muy cerca, para mostrarnos la verdadera calzada en esa encrucijada”, ha recordado al repasar la procesión de la Encrucijada.

““Dos cosas hay en el mundo que no se pueden contar las lágrimas de la Virgen y la arena del mar”, ha comenzado su loa a María Santísima de las Lágrimas. Llanto por la pérdida de un hijo que ha interpretado como otra lección de la fe para la vida:

“Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”, fueron palabras escuchadas por el camino, palabras que hoy trasladamos a esas madres que abortan y niegan la vida a sus hijos, hermanos defendamos la vida en todos los sentidos”, ha rematado.

Silencio y El Valle

“Momento sobrecogedor que enturbian mis ojos, el único sonido… el del muñidor… el martillo… el cacheo…, majestuoso, anuncia su paso por las calles de mi ciudad hast ala spimeras horas de la madrugá, gran cortejo respetuoso y serio… Silencio… Silencio”, ha comenzado a narrar la procesión de la madrugada del Jueves al Viernes Santo.

Un Viernes Santo de especial relevancia para ella que ha sido durante 4 años hermana Mayor del Valle:

“Cuando el Valle sale a la calle… Tarde de Viernes Santo, va cayendo el día, se concentra el genio… la gente espera, algo va a suceder, el gran portón se abre, se ve el paso con destellos plateados, la salida no es fácil, pero ahí está el capaz, contribuías y costaleros, en silencio y paz salen a la ciudad. Viajamos en el tiempo, se anuncia la muerte del Santísimo Cristo de la Paz en los brazos de su Madre, María Santísima de la Piedad, a su lado San José de Ariamtea y Nicodemo y Asus pies San Juan, María la de Celofán, Salomé y María Magdalena, acompañados también de tan sigunlar grupo de nazarenos, respetuosos, silenciosos y serenos, y donde digo nazarenos, y paveras, ciriales y perdiguero, o cualquier otro puesto que permita acompañarlos en su largo, pausado, acompasado y majestuoso trayecto…”.

Una procesión en la que ha reconocido llorar a la hora de su recogida: “Debajo de mi antifaz por mis mejillas ruedan lágrimas amargas que giraban silenciosas desde el fondo de mi alma: Cuida a los niños sobre todo a esos inocentes que otros matan, a nuestros mayores y a la soledad de sus almas, sana al enfermo y dale fortaleza a quien los cuida, al pobre que no tiene nada para llevar a casa …”.

Virgen de África

Tras acabar el repaso a las Hermandades de Penitencia, sobre el escenario por petición propia ha aparecido, a la espalda de la pregonera, la Banda de La Amargura, para ensalzar más su pregón. Y a partir de ese momento ha ido reparando en otras procesiones, en otras devociones, en otros momentos de pasión y fe compartida en lo colectivo, empezando por la Virgen de África

“Mes de agosto, Ceuta se engalana, Patrona y Madre, nombres escritos que viven en nuestras almas, celebramos con alegría las fiestas en su honor, qué festejos y cultores más hermosos, solemne y esplendorosa procesión, bellas escenas de metaladas a nuestra virgen amada”.

Y de la Patrona ha viajado en el tiempo hasta el Patrón, San Daniel:

“Su voz fue acallada hace muchísimo tiempo. Por predicar la Verdad en ese momento, la Verdad, el Camino y la Vida que son Jesucristo. Siéntete orgulloso, cristiano, por esa su sangre derramada en este pueblo caballa”.

Recuerdo emocionado para San Antonio, a cuya romería está vinculada por familia desde la más tierna infancia. A la Virgen de los Remedios y la del Rocío para acabar, como acaba la Semana Santa, con el Resucitado:

“Proclamo la causa de nuestra alegría y Esperanza. Esta fue la gran noticia: ¡La tumba de Cristo está vacía!¡Cristo venció la muerte!¡Cristo resucitó! Ahora sabemos que la muerte sólo es transición (…) ¡Ha llegado la plenitud de nuestra Semana Santa! (…) Estamos revestidos de alegría y buen ánimo, y una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y agrada a Cristo Resucitado”.

Tras el pregón, toca ahora que las calles se llenen al paso de las Hermandades de fe y pasión.