“La comedia también cuenta historias crudas: no somos sólo entretenimiento”
Con estas palabras, el director Txema Uribarri y el actor Guillermo Ríos resumen el espíritu de Payaso, una obra que se estrena en Ceuta este mayo para cuestionar, emocionar y provocar risa... aunque duela
El Teatro Auditorio del Revellín abrirá su telón el próximo 3 de mayo para recibir una propuesta escénica que desafía los límites de la comedia tradicional: Payaso. Bajo la dirección del dramaturgo Txema Uribarri y con un reparto encabezado por el actor ceutí Guillermo Ríos, la obra promete ser mucho más que un espectáculo para reír. Es una reivindicación del humor como herramienta de resistencia, una llamada de atención al papel del arte en tiempos de censura y una celebración del regreso de un talento local a su ciudad natal.
Una revolución desde el escenario
Payaso plantea una distopía tan absurda como inquietantemente cercana: un país donde la comedia ha sido prohibida. En ese contexto, dos artistas callejeros, últimos integrantes de un colectivo llamado "Revolución Payasa", deciden secuestrar un teatro como acto de resistencia. A través de esta acción desesperada, se desarrolla una historia cargada de humor, ternura y crítica social.
Hay otro tema que me preocupaba: el escaso respeto que se tiene dentro de la industria hacia la comedia
"La obra trata sobre una especie de utopía en la que se ha prohibido la comedia en todo el país", explica su director, Txema Uribarri, dramaturgo y fundador de la compañía Barbarie Teatro. "Pero más allá de eso, lo que me interesaba era reivindicar que la comedia también puede contar historias muy serias. A menudo se nos toma como entretenimiento, pero quienes hacemos comedia también somos actores que narramos realidades crudas".
Uribarri incide en que la censura puede adoptar formas sutiles, no siempre legislativas: "Podemos decir lo que queramos, pero luego pueden venir las represalias. Eso también es censura. Y hay otro tema que me preocupaba: el escaso respeto que se tiene dentro de la industria hacia la comedia. Parece que sólo sirve para hacer reír, pero tiene potencial para hablar de cosas muy duras".
El director remarca que durante la pandemia la sociedad pareció redescubrir el valor del arte, pero esa conciencia se ha diluido: "Sentimos que estamos siempre como en Segunda División. La risa es importante. Es, de hecho, una cosa muy seria".
Payaso navega entre lo absurdo y lo emotivo, y lograr ese equilibrio ha sido parte del reto: "Jugamos con flashbacks que ayudan a entender a los personajes. Tratamos temas como el abuso infantil, el maltrato, y lo hacemos desde un lugar natural, cercano, porque venimos de barrios y hablamos como la gente de la calle".
Sobre la acogida del público, Uribarri se muestra entusiasmado: "Está sorprendiendo mucho. Muchos entran pensando que verán una comedia ligera y salen impactados por lo que se cuenta. La obra va serpenteando y atrapando al espectador poco a poco".
Esta será su primera vez en Ceuta, y la ilusión es palpable: "Tengo mucha información de la ciudad por Guille, que es de allí, y tengo muchas ganas. La expectativa es alta porque creemos que lo que llevamos puede conectar con cualquier tipo de público".
" El que se quiera dedicar a esto y hacer carrera, desgraciadamente tiene que irse fuera"
En el reparto, Guillermo Ríos no sólo actúa: representa una vuelta a casa cargada de significado. Nacido en Ceuta, formado en la Escuela de Teatro y Doblaje Remiendo, ha trabajado con varias compañías independientes, y ahora se sube al escenario de su ciudad con una obra que, según él mismo, "te exige bastante".
"Lo más difícil ha sido la transición constante entre registros. Hay muchas escenas cambiantes, saltos del humor al drama en cuestión de segundos. Es como una yincana emocional", cuenta. "Detrás del telón, lo llamamos pasaje del terror".
La obra, explica, ha sido un proceso colaborativo: "Llegó con un borrador inicial, pero en los ensayos fue cobrando forma entre todos. Eso hace que te sientas parte de algo que también es tuyo, aunque no lo hayas escrito. Txema nos involucra mucho y eso no siempre pasa. Cuando pasa, lo agradeces".
Actuar en casa tiene un componente emocional poderoso. "Mis padres podrán verme. No es fácil para ellos viajar y esta vez estarán ahí. Además, me hace mucha ilusión que el público ceutí pueda disfrutar de una obra en la que hay talento local", afirma.
Pero también hay espacio para la reflexión: "Quien quiera dedicarse a esto desde Ceuta tiene que irse fuera. No es lo ideal, pero es la realidad. Yo mismo he tenido que buscarme la vida, crear proyectos propios, hacer muchas cosas sin cobrar. Y aún hoy, a veces hay que hacerlo".
Ríos no edulcora el camino: "Es una profesión complicada, muy de fondo. Hay que tener paciencia, autoestima, y saber que no siempre vas a tener trabajo. Y eso no significa que hayas fracasado. Significa que así es. Hay que resistir y creer en uno mismo".
Un teatro para todos los públicos... adultos
Aunque Payaso no está recomendada para menores por la dureza de algunos temas, su alcance emocional es transversal: "Ha venido gente de todas las edades, incluso personas que nunca habían ido al teatro. Eso nos emociona especialmente", dice Uribarri.
El mensaje, tanto para los espectadores como para los creadores emergentes, es claro: "El teatro tiene que formar parte de la vida cotidiana. Ir al teatro debería ser una opción de fin de semana, como ir al cine o a un concierto. Y quienes lo hacemos, debemos ser fieles a lo que sentimos, no a lo que se supone que funcionará".
Payaso llega a Ceuta no sólo como una función teatral. Llega como un manifiesto. Una apuesta por un teatro comprometido, una defensa del humor como lenguaje de resistencia y una bienvenida especial al talento que regresa a casa.