¿De qué hablamos?

¿De qué hablamos?, con los dos policías que salvaron la vida a un joven migrante

Alejandra y Roberto, los agentes que revivieron al migrante suicida: "Lo bajamos sin pulso ni respiración"

"Fue cuestión de segundos, posiblemente", dice Alejandra, y "de no haber estado patrullando por la zona, seguro que el joven migrante no hubiera vivido"

Alejandra y Roberto son componentes de la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana, de la Unidad de Participación Ciudadana. Su trabajo está relacionado con la prevención. Son un enlace entre el ciudadano y la Policía Nacional. Patrullando suelen atender situaciones diversas, desde servicios humanitarios a todo tipo de delitos. 

En la mañana del 21 de mayo, los dos agentes salvaron la vida de un migrante, que había entrado a nado en la ciudad, y que quiso morir colgándose del cuello con un cable metálico en una barandilla del paseo marítimo de la carretera que conduce a la frontera.

Alejandra cuenta que "mientras estaban por la zona, un ciudadano les alertó, en actitud nerviosa, de que algo grave estaba ocurriendo. Nos acercamos y pudimos ver la situación. Es entonces cuando vimos a un hombre colgado, que no presentaba aparentemente vida, a unos cuatro metros de altura desde la barandilla hasta la zona de la playa. Actuamos de inmediato para poder soltarle, le realizamos una exploración y las correspondientes maniobras de reanimación"

Roberto recuerda que ha vivido alguna situación parecida porque "he estado once años en el servicio de radiopatrulla en la calle y me he encontrado con varios intentos de suicidio. En una de ellas pudimos salvarle la vida, hace unos seis o siete años en el Monte Hacho". 

En la situación de este migrante, que llegó en la entrada masiva por el Tarajal, lo primero fue intentar descolgarlo. Roberto accedió rápidamente a la playa, saltando el muro para intentar levantarlo. Alejandra se quedó arriba para desatarlo del cable de telefonía de acero y plástico con el que se ahorcó. Llevaba suspendido unos tres o cuatro minutos cuando los agentes llegaron. Alejandra cuenta que la Policía "tiene una formación continua que la institución de la Policía Nacional nos ofrece cada poco tiempo para que en cualquier situación que nos encontremos de este calibre u otro, tengamos una respuesta inmediata y sepamos actuar sin perder tiempo y en coordinación con el compañero para, en este caso, salvar una vida". 

"Fue cuestión de segundos, posiblemente", dice Alejandra, y que "de no haber estado patrullando por la zona, seguro que el joven migrante no hubiera vivido". Roberto añade que "no tenía ni pulso ni respiración cuando lo bajamos al suelo". Fueron cuatro o cinco minutos intentando reanimarlo aunque, como reconoce el agente, en ese momento es difícil calcular: "se pierde la noción del tiempo". 

El primer gesto de vida que notamos fue "la bocanada de aire que cogió", según relata Roberto. "Respiró, al principio muy débilmente, le costó mucho, la verdad, pero fue cada vez a más. Había estado bastante tiempo sin respirar. La ambulancia lo trasladó luego semiinconsciente al hospital". 

Los agentes han visitado el hospital para saber de él. El médico que le asiste les ha comentado que fue una situación desesperada y que no tiene intención de volver a repetirla. Los dos policías están pendientes de su evolución y tienen intención de conocer al joven "cuando se pueda, porque ahora las visitas están restringidas". 

Aquella noche los policías terminaron su jornada laboral con "buen sabor de boca por haberse sentido útiles", especialmente ese día, y "con el bienestar y la satisfacción personal de pensar que una persona sigue viva". 

 

 

 

 

 

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