¿De qué hablamos?

¿De qué hablamos?, con el enviado especial de la SER en la crisis del Tarajal, Nicolás Castellano

"Sería muy bueno para convivir que dejáramos en paz a gente vulnerable y migrantes en la batalla electoral"

Recuerda que nunca antes, a la frontera sur española, "había llegado tanta gente en 24 horas en más de 30 años de cruces irregulares".  

 

 

 

Nicolás Castellano ha vuelto a Ceuta para contar a los oyentes de la SER lo que está pasando en el Tarajal y qué les espera a los migrantes que han bordeado el ya popular espigón de la frontera con Marruecos, en busca de una vida mejor. El periodista canario, especializado en asuntos de inmigración. cooperación y desarrollo, también escritor y autor de Me llamo Adou (el niño de la maleta), es el invitado en ¿De qué hablamos?, esta semana. 

Opina que "vivimos de nuevo en Ceuta, una ciudad fronteriza, la significación de una relación bilateral difícil y lo peor es que una crisis política ha tenido como pieza del juego a personas, a mujeres, niños, etc...". Tiene claro que se han puesto en riesgo muchas vidas en una situación que califica de "histórica" porque "nunca antes a la frontera sur española había llegado tanta gente en 24 horas en más de 30 años de cruces irregulares". 

Para Nicolás Castellano "asistimos a una escalada de tensión en las relaciones bilaterales, en la que se está jugando con los derechos de las personas". Al enviado especial de la SER a Ceuta le es complicado y "delicado" hacer comparaciones con otros fenómenos vividos anteriormente, pero "en las primeras escenas, tantas personas llegando a nado, tantos periodistas filmándolas en la orilla, me recordó a Lesbos en el año 2015, al caudal de refugiados sirios que llegaban desde Turquía a las islas griegas, o un poco a lo que veía también en determinados momentos en la crisis de Libia e Italia en 2018 donde se batió el record de 180.000 llegadas a las costas italianas". Pero como bien dice, "cada situación es diferente".

Castellano habla en este caso de "jornada de puertas abiertas" por lo que ha escuchado de los chicos a quienes los marroquíes les decían que estaban abiertas las fronteras". Reconoce que las dimensiones del suceso en Ceuta, "seis o siete mil personas, en estas circunstancias, a plena luz del día no lo había visto nunca ni en la frontera sur española, ni exactamente así tampoco ni en Italia ni en Grecia". 

El periodista afirma que esta es una crisis política bilateral que "desencadena consecuencias como estas"; en segundo lugar, subraya que es una crisis política "no sólo con Marruecos sino de política de extranjería, de frontera, de respeto a los derechos humanos" y, en tercer lugar, es "una crisis de derechos, porque aquí hemos visto devoluciones en caliente de niños a centenares cuando no a miles, devoluciones de chicos subsaharianos que podían ser potenciales solicitantes de asilo y no se les ha escuchado". Y además, hay una crisis de infancia sobre todo. 

Reconoce que es difícil de gestionar una entrada así, de este grupo de personas, aunque "España tiene un reto a la hora de gestionar esta situación y Marruecos la responsabilidad de haber permitido que mujeres y niños se jueguen la vida en este espigón; pero España,  y es lo que reclaman distintas organizaciones, tiene que cumplir con las garantías legales que hemos firmado y los convenios internacionales en materia de derechos de la infancia y asilo".

Los perfiles de las personas que han entrado son muy diversos y no es una crisis migratoria típica, asegura Nicolás Castellano, que ha visto a niños muy pequeños, trabajadores transfronterizos y empleadas del hogar que no pueden pagar los estudios ni la comida de sus hijos desde el cierre de la frontera por el coronavirus, jóvenes de más de veinte y treinta años que dicen que la economía de Marruecos está arruinada, así como otros niños que han venido a buscar amigos y familiares y que al no encontrarlos, se han vuelto.  

Sobre la descripción que ha hecho Abascal de los migrantes jóvenes que han llegado a Ceuta, Castellano cree que "usar a las personas vulnerables en la batalla partidista o electoralista, mujeres, niños e incluso adultos... me parece que la clase política debería de dejar de usar a los inmigrantes en sus batallas y preocuparse más por los derechos de la gente de Ceuta o la ciudad fronteriza. Que dejaran de hacer eslóganes electoralistas porque algunos visitantes de los últimos días hacían declaraciones por aquí mientras había niños nadando a su espalda, sin mirar cómo llegaban esos niños o cómo les rescataban los guardias civiles y los militares que los llevaban a la frontera". Insiste en que sería muy bueno para todos y para la "convivencia de la sociedad que dejáramos en paz a las personas vulnerables y a los migrantes en la batalla electoral". 

El periodista no quiere hacer responsable de lo sucedido a todo el país de Marruecos: una cosa es el Gobierno, el rey, y otros son aquellos que "intentan cambiar el país". Marruecos ha vuelto a quedar mal en esta crisis porque no traslada imagen de modernidad y de mejora en las relaciones internacionales sino la de "un viejo país que puede dominar las relaciones bilaterales con decisiones tan taxativas como esta". Marruecos ha visto muy dañada su imagen con las decisiones del Rey, del Gobierno o de quien haya tomado la decisión. Castellano opina que "el desafío ha sido a España, pero también a Europa entera. Las relaciones bilaterales de España y Marruecos van a quedar bastante dañadas por un buen tiempo. España es una llave para Marruecos en sus relaciones con la UE", añade.   

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