El Ceuta resiste en El Plantío ante el Burgos y firma un empate que alimenta el sueño del playoff

Burgos AD Ceuta / Liga Hypermotion

El conjunto de José Juan Romero sumó un punto de peso ante un Burgos insistente y dejó una nueva muestra de madurez competitiva en uno de los campos más exigentes de la categoría

El Burgos CF y la AD Ceuta FC se citaron en El Plantío con algo más que tres puntos en juego. No era una noche cualquiera: era uno de esos partidos que sirven para medir hasta dónde puede llegar un equipo cuando la temporada entra en su tramo decisivo. Y el Ceuta, sin hacer ruido, volvió a dejar claro que lo suyo no es casualidad.

Un golpe de realidad… y de ilusión

El contexto invitaba a soñar. El Burgos, instalado en playoff, se asomaba a la historia reciente con la ambición de quien ya no quiere despertar. El Ceuta, con la permanencia virtual en el bolsillo, viajaba sin complejos, aunque con esa prudencia que marca la experiencia… y las estadísticas lejos del Murube.

El guion inicial fue el esperado: empuje local, ritmo alto y primeras llegadas del Burgos. Víctor Mollejo avisó dos veces en apenas tres minutos, pero el balón no quiso entrar. Y entonces, cuando el partido parecía inclinarse, apareció el Ceuta.

En su primera llegada, el equipo de José Juan Romero dibujó una jugada de las que explican por qué este grupo ha superado todas las previsiones. Koné, incisivo y valiente, desarmó a la defensa con dos regates y sirvió atrás para que Aboubacar Bassinga firmara el 0-1. Primer gol del costamarfileño en el fútbol profesional. Un detalle que no es menor: el Ceuta también construye historias individuales dentro de su relato colectivo.

El Burgos responde… y el partido se equilibra

El tanto no cambió la hoja de ruta del Burgos, que siguió insistiendo hasta encontrar el premio. Un pase filtrado de Marcelo Expósito rompió líneas y Mario González igualó el encuentro con un remate certero.

El 1-1 reflejaba lo que se veía: un duelo abierto, con alternativas y con dos equipos convencidos de lo que hacen. El Ceuta, eso sí, comenzaba a sufrir físicamente, con Bassinga tocado tras una acción que obligó a detener el juego.

Antes del descanso, el partido se tensó lo justo, con una amarilla a Expósito tras una entrada sobre Koné. Nada que alterara el equilibrio.

Resistencia, cambios… y oficio

La segunda parte fue otra historia. Más cerrada, más física, más de detalles que de ocasiones claras. José Juan Romero movió el banquillo al descanso, dando entrada a Kuki Zalazar —de regreso tras lesión— y Aisar Ahmed. Una declaración de intenciones: piernas frescas para resistir lo que venía.

Y lo que vino fue un Burgos insistente, pero no siempre preciso. Disparos lejanos, centros laterales y un gol anulado por fuera de juego marcaron un tramo en el que el Ceuta tuvo que apretar los dientes.

Guille Vallejo emergió entonces como figura clave. Seguro, atento y decisivo en momentos puntuales, como en esa salida providencial ante David González o en la mano salvadora tras una falta peligrosa. El Ceuta se sostenía desde atrás.

El asedio final y un punto que sabe a más

En el último tramo, el partido se convirtió en un ejercicio de resistencia. El Burgos empujó con todo: cambios ofensivos, centros constantes, disparos desde la frontal. El Ceuta, mientras tanto, se protegía como podía, con orden, sacrificio y alguna concesión inevitable.

Los minutos finales fueron de sufrimiento puro. El Plantío apretaba, el Burgos acumulaba llegadas y el Ceuta defendía cada balón como si fuera el último. La ocasión más clara llegó ya en el añadido, pero el remate se marchó fuera.

Y ahí quedó todo.

Más que un empate

El 1-1 no es solo un resultado. Es una declaración. El Ceuta sumó en uno de los campos más exigentes de la categoría y lo hizo compitiendo, resistiendo y creyendo.

A cinco puntos del playoff, el discurso oficial seguirá siendo prudente —Romero ya dejó claro que no quiere cantos de sirena—, pero el equipo continúa alimentando una idea que ya no suena descabellada.

Porque este Ceuta, incluso cuando sufre, también sabe competir donde otros se desmoronan.

Y eso, a estas alturas, empieza a ser algo más que una buena temporada. Ahora toca ir al campo del mejor equipo local: el Eibar, el domingo a las 14 horas.