El Comité castiga con un partido a Marcos Fernández tras la polémica expulsión en El Alcoraz
La expulsión de Marcos Fernández ya tiene castigo: un partido. El Ceuta no comparte el criterio del Comité y valora recurrir pese a las escasas opciones de éxito
La resaca del domingo en El Alcoraz no se ha ido. Ni de lejos. La expulsión de Marcos Fernández, que dejó al Ceuta con uno menos durante más de una hora, ha terminado convertida en un pequeño incendio que el club intenta apagar mientras mira de reojo al Comité de Disciplina… y al Granada, que llega el viernes al Murube.
El Comité ha decidido que la roja al delantero se traduzca en un partido de sanción. Uno. Podrían haber sido dos, porque el árbitro, Saúl Ais Reig, dejó por escrito que hubo “uso de fuerza excesiva”. En el Ceuta respiran a medias: alivio por no perderlo más tiempo, frustración porque consideran que la jugada no daba para tanto. Aun así, el club se plantea recurrir, aunque saben que las posibilidades son mínimas cuando el acta arbitral va tan cerrada.
Un choque, una roja y un partido torcido
La acción que lo desencadenó todo llegó a la media hora: un balón largo, Marcos que llega forzado y un choque con el portero Dani Jiménez. Ais Reig no dudó pero ni fue a verla al VAR. Roja directa. José Juan Romero se quedó helado y lo dijo sin rodeos tras el 2-0: “El resultado ha quedado adulterado”.
La expulsión no solo condicionó el partido. También encendió al propio jugador, que se marchó entre reproches de la grada y terminó golpeando la estructura de la bocana de vestuarios, dañando parte de la iluminación led. El Huesca ya ha avisado: pasará la factura. El Ceuta decidirá si la asume o si la deriva al futbolista.
Por el camino, Jorge Pulido, capitán del Huesca, tuvo que hacer de mediador improvisado para evitar que la tensión con la afición local fuera a más.
El abrazo que no gustó nada
Pero si algo ha terminado de crispar al club caballa es lo que ocurrió después del pitido final. Según fuentes del Ceuta, en el túnel de vestuarios se produjo una escena que no sentó nada bien: un saludo demasiado cercano entre Ais Reig y el técnico del Huesca, Jon Pérez Bolo. Un gesto amistoso, incluso con un toque en la cara, que presenció el director deportivo Edu Villegas, que no tardó en recriminarlo.
El árbitro se justificó diciendo que les une una amistad de más de diez años. Villegas le respondió que ese no era ni el momento ni el lugar. Y en el Ceuta, que ya venía caliente, la escena cayó como gasolina.
Un malestar que no es solo del Ceuta
La sensación de hartazgo con los arbitrajes no es exclusiva del club ceutí. En los últimos días, varios equipos han levantado la voz, algunos en público y otros en privado. Pero en Ceuta, después de lo vivido en Huesca, la herida está especialmente abierta.
Mientras tanto, el club sigue moviendo papeles para intentar que Marcos Fernández pueda estar el viernes ante el Granada. Saben que es difícil, pero también que no intentarlo sería asumir sin más una decisión que consideran injusta. El fútbol vuelve en dos días. El enfado, ese tardará un poco más en irse.