Editorial

V., el vampiro de Ainara

El diputado de Vox, Juan Sergio Redondo, junto a Mabel Deu y  Juan Vivas (C.A./ARCHIVO)
photo_cameraEl diputado de Vox, Juan Sergio Redondo, junto a Mabel Deu y Juan Vivas (C.A./ARCHIVO)

Vox mantiene las constantes vitales de un Gobierno exangüe, como un vampiro comprometido a no acabar con la vida de su víctima moribunda a cambio de su dosis, cada vez mayor, de hemoglobina.

Algunos dirigentes públicos no parecen ser conscientes de la inquietud que pueden llegar a generar sus declaraciones. La vicepresidenta primera de la Ciudad, Mabel Deu, parece ser una de ellos.

Deu anunciaba ayer que el Gobierno de Juan Vivas estaba dispuesto a dejar de abonar las 400.000 mascarillas quirúrgicas que la Ciudad adquirió, en una operación sembrada de sombras, si se constata, finalmente, que se pagó de más por la mercancía. Según la investigación conjunta de Ceuta Actualidad, Ceuta al Día y Ceuta TV, el Gobierno municipal aceptó un sobrecoste de, como poco, 196.000 euros por la compra de un lote de artículos higiénico-sanitarios entre los que se incluían las mascarillas a las que Deu hacía referencia este viernes.

 El compromiso asumido por la vicepresidenta llega después de que el MDyC de Fátima Hamed y las pesquisas de los periodistas hayan puesto en tela de juicio la compra del material, adquirido, para mayor pasmo, a una empresa dedicada a la venta de coches. Cabe pensar que sin la labor de la oposición y de los medios, Deu jamás habría hablado de reconsiderar la operación de compra. Llama la atención, en realidad, que la dirigente popular adopte a posteriori una prevención que tenía que haberse tomad antes de cerrar cualquier contrato de compra. Ha de suponerse que una administración no da el visto bueno a un contrato hasta que comprueba que el bien que adquiere se está pagando a un precio razonable acorde al mercado. Estas cosas se hacen antes, no después.

Hace tiempo que el Gobierno de la Ciudad camina desorientado, sujeto de las riendas por un socio cuyo carácter impredecible y voluble no solo está socavando los principios de la convivencia en la sociedad ceutí sino que está ejerciendo, además, un efecto deletéreo en Ainara, sede del Partido Popular.

El caso de las mascarillas no es sino un síntoma. Hace tiempo que el Gobierno de la Ciudad camina desorientado, sujeto de las riendas por un socio cuyo carácter impredecible y voluble no solo está socavando los principios de la convivencia en la sociedad ceutí sino que está ejerciendo, además, un efecto deletéreo en Ainara, sede del Partido Popular. Vox mantiene las constantes vitales de un Gobierno exangüe, como un vampiro comprometido a no acabar con la vida de su víctima moribunda a cambio de su dosis, cada vez mayor, de hemoglobina.

La estrategia de Vox se antoja irreprochable. La extrema derecha ha encontrado en su asociación con el PP un modo de estar presente ante la opinión pública que le permite sacar partido de su influencia sobre el Gobierno sin asumir el desgaste que le procuraría aceptar un compromiso mayor con las políticas de Vivas. Y al tiempo que juega estas bazas -de las que, si las cosas no cambian, habrá de obtener pingües réditos electorales- debilita a su principal adversario en las urnas.

Los reproches de los dirigentes de Vox hacia la secretaria general del PP, Yolanda Bel, no son inocentes. Bel, a quien no entusiasma este amancebamiento de su partido con la extrema derecha, es objetivo de Vox. La provocación es un arma que ha dado bueno resultados a los de Juan Sergio Redondo. Excitar las diferencias en el seno del partido de Vivas alimenta a la ultraderecha a costa de la salud del PP. Y los populares actúan como si no percibieran nada de esto.

La perspicacia, el sentido político y la pericia como estratega, que durante años se han supuesto valores del longevo Vivas, parecen haber abandonado al presidente. Vivas no ve lo que pasa a su alrededor. O, lo que es peor, prefiere no mirar.

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