El punto violeta del IES Abyla enseña a detectar la violencia sexual entre los jóvenes
El punto violeta llega al IES Abyla con dinámicas que desmontan mitos, sensibilizan y enseñan a detectar agresiones sexuales en entornos cotidianos. La clave: entender el consentimiento más allá de las palabras
La consejera Nabila Benzina visita el IES Abyla para activar un punto violeta que transforma la forma en que los jóvenes entienden el consentimiento, la violencia sexual y sus propias relaciones.
La consejera de Sanidad, Nabila Benzina, visitó este viernes el punto violeta instalado en el IES Abyla, un espacio que no solo informa, sino que interpela, escucha y transforma. La iniciativa, que se extiende este año a todos los lugares donde se mueve la juventud —universidades, institutos, bibliotecas, Casa de la Juventud— busca prevenir agresiones sexuales en entornos de ocio y cotidianos. Pero va más allá: quiere cambiar la forma en que nos relacionamos.
Sensibilizar para prevenir
“Queremos abarcarlo todo”, afirmó Benzina. Y ese “todo” incluye no solo la presencia física de los puntos violetas, sino una estrategia emocional y educativa que se adapta a cada colectivo. En secundaria, por ejemplo, se trabaja con dinámicas grupales que permiten a los jóvenes identificar conductas normalizadas que pueden derivar en violencia sexual. Se habla de protocolos, de recursos, de cómo actuar si sufrimos o presenciamos una agresión. Pero también se habla de respeto, de consentimiento, de cómo construir relaciones sanas.
Romper mitos, sembrar conciencia
Alba Lorite, educadora social y experta en violencia sexual, lo tiene claro: “Lo que más les impacta son los datos”. El 90% de las agresiones sexuales no se denuncian, y ese dato, cuando se presenta con fuentes fiables, genera un punto de inflexión. “Empiezan a entender que la violencia sexual no ocurre solo en callejones oscuros, sino en entornos conocidos, en dinámicas que han aceptado por miedo, vergüenza o presión social”.
Lorite insiste en que el punto violeta no es solo un lugar de emergencia. Es un espacio de escucha, de acompañamiento, de pedagogía. Y para que el mensaje cale, hay que hablar su idioma. Por eso, en el IES Abyla, se utiliza un crucigrama como herramienta didáctica: cada palabra está relacionada con la violencia sexual o su prevención, cada pista abre una conversación, cada dato desmonta un prejuicio.
Consentimiento: el motor del cambio
“Consentir no es solo decir que sí”, explica Lorite. “Es decir que sí porque me apetece, porque me hace sentir bien”. En edades adolescentes, muchas veces se aceptan dinámicas que no se desean por miedo a no pertenecer, a no encajar, a decepcionar. Por eso, entender el consentimiento —verbal y no verbal— se convierte en el eje de toda la intervención. Saber leer el gesto, la desconexión, la incomodidad. Saber preguntar, saber parar.
Cambiar mentalidades, cambiar realidades
La consejera Benzina lo confirma: “Cada año notamos un cambio”. Las personas que antes tenían una mentalidad, ahora la están transformando. Y ese cambio no se mide solo en cifras, sino en actitudes, en conversaciones, en silencios que se rompen. “Seguiremos trabajando —añade— porque queremos erradicar esa mentalidad cultural que aún estigmatiza a la víctima y normaliza la agresión”.
El punto violeta en el IES Abyla no es solo una acción institucional. Es una declaración de intenciones. Es el reflejo de una Ceuta que quiere educar desde el respeto, prevenir desde la empatía y transformar desde el consentimiento.