“Uno de cada cinco menores sufrirá violencia sexual”: la prevención está en las aulas con ‘Mi cuerpo es un tesoro’

Pilar y Wasima, Fundación Márgenes y vínculos

La Fundación Márgenes y Vínculos presenta una nueva edición del programa que, desde 2018, forma al alumnado ceutí para identificar y evitar situaciones de abuso. Con casi 13.000 personas atendidas, la entidad subraya la urgencia de actuar ante un fenómeno que, en la mayoría de los casos, se produce en entornos de confianza

Este martes, la Biblioteca Pública del Estado ‘Adolfo Suárez’ ha acogido la presentación del programa ‘Mi cuerpo es un tesoro’, una iniciativa impulsada por la Fundación Márgenes y Vínculos para prevenir la violencia sexual infantil en Ceuta. La cita ha contado con la participación de Pilar Castro, responsable de prevención, y Wasima Bourhanbour, técnica educativa de la entidad, quienes han desgranado los pilares del proyecto y la preocupante realidad que lo sustenta.

Una labor con gran recorrido

El programa, que arrancó en Ceuta en 2018, ha atendido ya a más de 12.600 personas —entre menores, familias y docentes— y este año alcanza a 23 centros educativos. El objetivo: dotar al alumnado de herramientas para identificar conductas inapropiadas y protegerse, incluso en ausencia de adultos. “Uno de cada cinco menores sufrirá algún tipo de violencia sexual antes de cumplir los 18 años”, advirtió Castro, citando datos del Consejo de Europa. Un fenómeno difícil de detectar, subrayó, por su secretismo y porque, en la mayoría de los casos, el agresor forma parte del entorno cercano.

Victimizaciones por delitos contra la libertad e indemnidad a menores de edad en la ciudad autónoma de Ceuta 2013-2023

En Ceuta, las estadísticas reflejan una realidad alarmante. En 2023, 29 menores fueron víctimas de delitos contra la libertad sexual, lo que representa más del 59% del total de casos registrados en la ciudad. El impacto del confinamiento durante la pandemia ha sido clave en el repunte de estas cifras: muchos menores quedaron expuestos a sus agresores dentro del hogar y pasaron más tiempo conectados a Internet, una vía cada vez más utilizada para la captación y el abuso.

Prevenir, formar y sensibilizar

El programa se basa en tres ejes: sensibilización, formación y prevención. A través de talleres dinámicos, teatrales y adaptados a la edad, los menores aprenden a conocer su cuerpo, a diferenciar entre conductas afectivas y sexualizadas, a decir “no” sin culpa y a identificar adultos de confianza tanto en casa como en la escuela. Se insiste, además, en la importancia de contar cualquier situación incómoda “hasta que me escuchen”.

Wasima Bourhanbour explicó cómo, con una metodología basada en juegos y teatro, los niños comprenden conceptos clave como el consentimiento, el respeto al propio cuerpo y la detección de secretos dañinos. También se trabaja con menores con diversidad funcional y se imparten charlas a las familias y al profesorado, para crear una red de apoyo sólida y eficaz.

No es solo cuestión de leyes

En paralelo, las responsables del programa destacaron la evolución del marco normativo, que hoy respalda legalmente este tipo de intervenciones. Leyes como la LOMLOE, la LOPIVI y la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual recogen la obligación de abordar la educación afectivo-sexual en los centros y establecer mecanismos de detección y actuación ante el abuso. Además, se avanza en nuevas propuestas como el “alejamiento digital” o la restricción del acceso a contenidos pornográficos mediante control parental de fábrica.

“Educar en la prevención es la única forma de frenar la violencia sexual”, insistió Castro, quien subrayó que este tipo de programas son esenciales para que las víctimas puedan identificar lo que les ocurre, y se atrevan a contarlo. “Hay que hablar, aunque sea uno solo contra toda la clase. Hay que ser valiente”, concluyó.