Frontera

La presión sobre Ceuta parece esconder la pretensión de Rabat de arrancar mayores beneficios de sus relaciones con España y la Unión Europea

Marruecos engrosa su relación de agravios

Bandera de Ceuta en un barco atracado en el puerto deportivo (C.A./ARCHIVO)
photo_cameraBandera de Ceuta en un barco atracado en el puerto deportivo (C.A./ARCHIVO)

El veto a la entrada de pescado procedente del país vecino en Ceuta es solo el último de una lista de agravios que Marruecos viene infligiendo a la ciudad. Rabat parece haber urdido una estrategia para presionar a España usando la ciudad como campo de batalla.

La “actitud hostil” –expresión acuñada por el presidente de la Ciudad, Juan Vivas- que Marruecos mantiene desde hace poco menos de medio año hacia Ceuta acumula ya una relación de agravios a la que el pasado lunes se unía el del veto a la entrada de pescado procedente del país vecino.

Rabat no ha llegado a explicar de manera pública y explícita las razones que le han movido a modificar el statu quo de la frontera, sacrificando con ello el modelo informal de convivencia que hasta ahora, con mayor o menor fortuna, se mantenía entre los residentes de ambos territorios.

Tras la declaración de intenciones que supuso la suspensión unilateral impuesta por Marruecos al tránsito de mercancías a través de El Tarajal el pasado 9 de octubre, las autoridades marroquíes han ido perturbando las relaciones entre los vecinos de ambos lados de la frontera. Formalmente, la nueva política de Rabat parece obedecer a un cambio de criterio sobre la estrategia económica que tradicionalmente ha seguido el Gobierno en el norte del país. Sin embargo, nadie descarta que las medidas contengan un trasfondo político animado por las apetencias marroquíes de obtener mayores beneficios de sus relaciones con España y la Unión Europea. Y todo ello con Ceuta como víctima propiciatoria.

Las autoridades municipales han descrito el que es, a su juicio, el objetivo último de esta cadena de decisiones: la “asfixia” de la ciudad. Marruecos llegó a cifrar el año pasado el valor de las exportaciones desde Ceuta entre los 500 y los 700 millones de euros, un flujo económico ahora en peligro.

Las instrucciones impartidas por el Gobierno marroquí a sus funcionarios para que no pisen suelo ceutí avalaría, sin embargo, la tesis de que la nueva actitud de Marruecos hacia Ceuta obedece a otras pulsiones distintas a las meramente económicas. Y es que las autoridades marroquíes parecen empecinadas en convertir el tránsito a través de la frontera española, tanto de personas como de mercancías, en una pesadilla. Solo así se entiende su decisión, adoptada a comienzos de este mes, de exigir a los transeúntes el sellado de los pasaportes.

El punto de mira ha sido puesto ahora sobre el sector de la comercialización del pescado, un producto del que Ceuta se abastece casi exclusivamente en Marruecos. La tolerancia de las autoridades con la entrada de pescado en la ciudad fue, de hecho, una de las causas del hundimiento del sector pesquero ceutí, hoy desmantelado.

El desabastecimiento de pescado, además de sus deletéreos efectos económicos, adquiere una componente simbólica que no se debe desestimar. Los ceutíes han convivido durante años con la certeza de que sus mercados dispensan una oferta de productos del mar de gran calidad, enorme diversidad y bajo precio. Algo que ahora podría acabarse definitivamente.

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