La Ciudad

El lugar de Ceuta tras el fin de la crisis hispano-marroquí

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La recomposición de las relaciones entre España y Marruecos -y las vías que se utilicen para ello- será un proceso que habrá de seguirse desde Ceuta con vigilante atención.

El comunicado con el que el Ministerio de la Presidencia detallaba este miércoles los resultados de la reunión mantenida entre Pedro Sánchez y Juan Vivas a propósito de la situación de los menores no acompañados en Ceuta incluía un matiz relevante. El texto precisaba en una de sus líneas que la crisis diplomática abierta entre España y Marruecos, que motivó la llegada de centenares de niños y adolescentes procedentes del país vecino, es una cuestión “ya resuelta”.

Madrid y Rabat se empeñan en hacer evidente el final de la que probablemente haya sido la desavenencia más grave registrada en las últimas décadas entre los dos países. Hace poco más de una semana, el rey Mohamed VI, tras aplicar durante meses una estrategia de inflexible presión sobre España, anunciaba su deseo de abrir una nueva etapa de diálogo con su vecino europeo basada en “la confianza, la transparencia y el diálogo”. La respuesta del presidente español no se hizo esperar. Pedro Sánchez se refería a Marruecos como país “aliado, vecino y hermano”.

En lenguaje diplomático, la crisis quedaba cerrada.

La recomposición de las relaciones entre ambos países -y las vías que se utilicen para ello- será un proceso que se habrá de seguir desde Ceuta con vigilante atención.

Concluida la crisis diplomática, la salida de Ceuta de los menores marroquíes que permanecen todavía en la ciudad ha sido objeto de acuerdo entre los dos países, un entendimiento abortado por los tribunales de justicia españoles. El procedimiento ha sido impugnado por sus defectos legales, lo que ha interrumpido la pretendida devolución de más de 700 menores. Sin embargo, Rabat, menos exquisito con la observancia de los derechos humanos, ya da por cumplida su parte.

Ceuta seguirá siendo un factor de disenso en las relaciones hispano-marroquíes. Queda por ver cuáles son las propuestas y las exigencias de Rabat respecto al modelo fronterizo que desea mantener con la ciudad una vez finiquitado el sistema del porteo.

Más allá de esto, el lugar que ocupe la tradicional reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla definirá las nuevas relaciones que se abrirán tras la crisis y medirá el nivel de recelo con el que se recibirá esta nueva etapa de entendimiento.

El catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales y colaborador del Instituto Elcano, Alejandro del Valle, apuntaba en un reciente artículo algunas reflexiones sobre las estrategias que los gobiernos de España pueden seguir en un futuro en relación a las reivindicaciones de Marruecos. Del Valle concluía su análisis proponiendo la involucración decisiva de las organizaciones internacionales, en concreto de la Unión Europea, en la confirmación de las fronteras españolas. “La implicación de la UE en las ciudades, islas y peñones españoles en el norte de África reforzaría la posición española y permitiría también escenarios variados (…) confirmando las fronteras y la integridad territorial de España y rechazando la acción de Marruecos”, sugería el catedrático en su artículo.

De hecho, durante la reciente crisis hispano-marroquí, Rabat abominó de la intervención de las instituciones europeas, alineadas con las tesis de su socio español, en el conflicto. Marruecos insistió una y otra vez en el carácter bilateral de la crisis generada entre ambos países.

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