La Ciudad

una peligrosa corriente de opinión

Menores bajo el estigma

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photo_camera Concentración contra la inseguridad ciudadana celebrada el 17 de diciembre en la Plaza de los Reyes/ C.A.

La revelación de que varios menores extranjeros estaban presuntamente implicados en la muerte violenta de un joven ha resultado suficiente para alentar una corriente de opinión que atribuye a los adolescentes tutelados por la Ciudad la responsabilidad sobre la inseguridad en las calles.

“Sólo nos traen problemas y tengo mucha impotencia, y k encima cada vez entren 500 negros k nos robaran y violaran a chicas, encima le damos dinero, comida y ropa, manda cojones”. El comentario es obra de un miembro del foro de Facebook “Ceuta Insegura” y revela, amén de una evidente incompetencia en el manejo de la sintaxis y la ortografía, una peligrosa corriente de opinión. La “cita” aporta un pedestre análisis sociológico en torno a la presencia de los menores extranjeros en la ciudad trufado de prejuicios contra los migrantes y quejas sobre la proliferación de actos delictivos en las calles.

Esta interpretación de la realidad ceutí, defendida por una parte nada desdeñable de la población, ha encontrado una reafirmación inesperada en la trágica muerte de un joven marroquí el pasado viernes a manos, presuntamente, de tres menores de la misma nacionalidad acogidos en el centro “La Esperanza”. Un ingrediente más para el engrudo en el que algunos han mezclado fenómenos tan diversos como la inmigración, la protección de los menores y la inseguridad ciudadana.

La estigmatización del término “mena” (acrónimo que alude a los menores extranjeros no acompañados) ha colocado en una desairada situación a los dos centenares aproximados de menores que la Ciudad tutela en sus centros. Un fenómeno alentado por algunos representantes de la sociedad civil. “El colectivo de los menas en general, no hablo de casos particulares, hace mucho daño a la ciudad de Ceuta”, aseguraba este mismo lunes en la Cadena Ser el vocal de seguridad de la Federación de Asociaciones de Vecinos, José María Romero.

Vinculándola al asesinato del joven marroquí, la plataforma “Ceuta Insegura”, organizadora de una exitosa concentración el pasado 17 de diciembre en la Plaza de los Reyes, convocaba para el próximo 2 de abril una “cacerolada por la inseguridad”. “No vamos a permitir que seamos un grupo mudo ni ciego, saldremos a la calle por nuestro derecho; no sólo nos verán esta vez, nos escucharan aunque no quieran”, advierten los promotores de la protesta.

La reacción de este movimiento surgido en las redes sociales contrasta con la anodina respuesta de las autoridades. La Delegación de Gobierno y la Ciudad han preferido mantener una actitud discreta que no ha contemplado, ni tan siquiera, un llamamiento a la calma o una advertencia al riesgo que entraña criminalizar a los menores.

Los esfuerzos de las partes implicadas en la custodia y protección de los menores han sido cuestionados reiteradamente por las asociaciones civiles. Marruecos, país de origen de la inmensa mayoría de los niños y adolescentes acogidos en Ceuta, mantiene una actitud indiferente hacia quienes no dejan de ser sus nacionales. Entre 2013 y 2015, por ejemplo, no se produjo ningún retorno de un “mena” marroquí a su país en el ámbito del protocolo marco que obliga a favorecer la reintegración a las familias o el ingreso en centros especializados en el país vecino, siempre y cuando ello redunde en el mayor interés de los menores.

Por otro lado, la proliferación de grupos de menores que vagabundean por las calles ajenos a la disciplina de los centros de acogimiento revela una falla del sistema. Los sindicatos, además, no dudan en denunciar la falta de recursos disponibles para el desempeño de las competencias de tutela y protección que la Ciudad recibió en 1999.

Recientemente, CCOO advertía de la situación en el centro de menores La Esperanza, del que llegaba a decir “se encuentra al borde del colapso”.

El sindicato alertaba de una sobreocupación que en momentos concretos supera los 200 menores y con una plantilla de personal inferior a aquélla de la que disponía cuando fue inaugurado hace 17 años.