La Ciudad

El Gobierno prepara el pliego de condiciones que sentará las bases de la nueva concesión del servicio

El modelo del transporte público, en juego

Usuarios hacen cola en la parada del Mercado Central (C.A./ARCHIVO)
photo_camera Usuarios hacen cola en la parada del Mercado Central (C.A./ARCHIVO)

El modelo de servicio de transporte público se ha convertido en objeto de controversia ante la inminencia del final, el próximo 25 de septiembre, de la histórica concesión de la que se ha beneficiado durante décadas la empresa de autobuses "Hadú-Almadraba".

Ceuta queda lejos de Viena. La capital austriaca es una de las ciudades europeas más activas en la tarea de adecuar su servicio público de transportes a las exigencias de los objetivos del marco de clima y energía para 2030 establecidos por la Unión Europea. La primera medida adoptada por su Ayuntamiento ha sido la de reducir el bono anual del transporte público al precio de un euro al día con el fin de fomentar su uso y reducir la presencia de vehículos privados en sus calles.

El debate en Ceuta en torno al transporte urbano es muy otro. En él, la sostenibilidad medioambiental del servicio parece jugar un papel secundario. El Gobierno local trabaja en la actualidad en la elaboración del pliego de condiciones que regirá el concurso de adjudicación del servicio. Para llegar a este punto han debido transcurrir 50 años. En 1969, la empresa Hadú-Almadraba, con una historia de 70 años de actividad en la ciudad, recibía las concesiones que le han permitido gestionar la prestación del servicio hasta hoy.  El próximo 25 de septiembre acaba su relación contractual con la Ciudad.

La nueva situación ha abierto el debate político en torno a cuál ha de ser el modelo de gestión del servicio. El pleno de la Asamblea fue el escenario donde el pasado 29 de agosto se expusieron dos maneras enfrentadas de concebir el transporte urbano. Una propuesta defendida por Caballas para la municipalización del servicio, que contó con el apoyo de PSOE y MDyC, encontró la firme oposición de PP y VOX.

El portavoz de la coalición, Mohamed Alí, defendió la idoneidad de la prestación municipal del servicio como una manera de garantizar una calidad que, a su juicio, actualmente no se da. “Hay lugares a los que el autobús no llega”, criticó.

En su respuesta, el consejero Francisco Javier Guerrero utilizó la baza laboral para negar cualquier posibilidad de plantear un servicio de transporte de gestión pública. Según Guerrero, la creación de un servicio municipalizado no garantizaría la subrogación de la plantilla que actualmente trabaja para Hadú-Almadraba.

“Vamos a ver los pliegos de condiciones: esperemos que no sean un traje a medida”, replicó Alí para exponer sus dudas acerca del procedimiento ya abierto.

 

Una concesión problemática

Más allá de los debates sobre el modelo, la explotación de las líneas del autobús urbano en Ceuta no resulta sencilla. A los nada infrecuentes actos vandálicos de los que los vehículos de la flota son objeto periódicamente –con el consecuente quebranto económico- se suman unas conflictivas relaciones entre patronal y empresa.

En diciembre del pasado año, la dirección y el comité de empresa suscribían un nuevo convenio colectivo que desactivaba la amenaza de huelga que los trabajadores habían planteado como baza en la negociación. La empresa aceptó subidas salariales del 4,7% para 2018 y del 2% para 2019. Mientras los representantes sindicales calificaban el acuerdo de “el mejor conseguido nunca”, la dirección aseguraba que los términos establecidos en el convenio dejaban en una situación deficitaria a la empresa.

De hecho, los directivos de “Hadú-Almadraba” no han salido hablar con demasiado entusiasmo de la rentabilidad del servicio. En 2017, el gerente de la empresa, Manuel Cuéllar, cifraba en un 2% el beneficio industrial de la compañía. “Algo irrisorio para una empresa que aporta tanto a la ciudad”, se lamentaba entonces.

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