La Ciudad

VIENTO Y LLUVIA EN EL DESFILE

Los Reyes Magos eligen sus más abrigados armiños para no acabar helados durante el recorrido de la Cabalgata

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photo_camera Un grupo de pequeñas participantes en la Cabalgata/ ANTONIO SEMPERE

El frío, el viento y la amenaza constante de lluvia han sido los protagonistas de la Cabalgata de Reyes Magos que este martes ha recorrido las principales calles de la ciudad. Sus Majestades han repartido más de 1.700 kilos de caramelos entre los asistentes al desfile. 

“A pesar del temporal, no han necesitado tomar Biodramina”. La confidencia ha partido esta mañana del mismísimo presidente de la Ciudad, Juan Vivas, quien compartía el secreto con los periodistas al término de la recepción ofrecida a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente en el Palacio de la Asamblea. Era el comienzo de la apretada agenda de Melchor, Gaspar y Baltasar, quienes, pocas horas más tarde, recorrían desde la atalaya de sus carrozas las calles de la ciudad.

cabalgata-reyes-hadú 2015La carroza de Melchor, durante su tránsito por las calles de Hadú/ ANTONIO SEMPERE

Los reyes han hecho gala durante toda su estancia en Ceuta de su bonhomía y extrovertido continente, aun cuando fuentes cercanas a la corte revelaban a esta redacción el estado de decaimiento que apesadumbraba a Baltasar. La desazón que había cundido en el ánimo de Su Majestad obedece, según afirman las mismas fuentes, a su pesar por la muerte el pasado lunes de tres de sus hermanos de raza cuando intentaban franquear la valla fronteriza en su tramo por Benzú. Por tacto u olvido, más probablemente por esto último, ninguna de las autoridades locales sacó a colación el incidente.

 

Por las calles de la ciudad

El periplo de los reyes por las calles de la ciudad comenzaba a las cinco y media de la tarde en Hadú. Los organizadores y asistentes no ocultaban a esa hora su preocupación por las previsiones meteorológicas. De hecho, la lluvia hizo acto de presencia en distintos momentos a lo largo del recorrido.

Los nubarrones vigilaban desde lo alto el tono kitsch de la carroza de Baltasar, algo más repuesto de su indisposición. El vehículo de Su Majestad lucía en su frente un tigre rugiente, del tipo de los que se representaban fieros en los tapices que podían adquirirse en los bazares hace cuarenta años. O quizás se tratase de un críptico homenaje al bravo Sandokán y a los “tigres de Mompracem”, emboscados en las junglas malayas.

Pasadas ya las siete y media de la tarde, y en plena calle Real, el rey negro se esforzaba en el tonificante ejercicio de arrojar caramelos al gentío, ansioso de azúcar y pugnaz en la lucha por atrapar una golosina. Melchor y Gaspar colaboraban en la tarea de deshacerse de los 1.760 kilos de caramelos aportados por la organización.

La penosa tarea que les fue encomendada habría resultado intolerable de no ser por el entretenimiento que, entre lanzamiento y lanzamiento, proporcionaba a Sus Majestades las evoluciones de las cuatro academias de baile, las dos bandas de música y los dos grupos animación que se sumaron al desfile.

Unos metros más adelante, abriendo la comitiva, el rey Melchor precedía a un grupo de adolescentes aladas ataviadas con una indumentaria confeccionada en un tejido sutil tintado en ese color indefinible, tan sufrido en los tabiques medianeros de las viviendas de protección oficial, que ha venido en llamarse blanco roto.

Gaspar se arrellanaba en su trono tras un águila de majestuosa estampa que atisbaba, a la cabecera del grupo, un conjunto de gráciles y saltarines ciervos que confiaban su seguridad al inicio de la temporada de veda y, con mayor certeza, a su condición de figuras de cartón piedra.

Y entre tanto trajín, tanta muchachada en mallas, tanto paje y tanta ilusión pueril, un poniente del demonio y un frío glacial. Las madres, previsoras y custodias de su descendencia, arrebujaban a sus vástagos en sus abrigos de paño y sus bufandas excesivas, demasiado largas para cuerpos tan insignificante. Todo es poco para combatir el rigor de las bajas temperaturas, no vaya a ser que acabemos criando una prole condenada al estigma de los procesos reumáticos y las infecciones broncopulmonares.

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