La Ciudad

El terror de vivir en el Príncipe empuja al éxodo del barrio: "importa más que muera un perro en el centro”

El PRÍNCIPE 1
photo_camera Imagen de la barriada del Príncipe. (ARCHIVO)

La zona atraviesa los meses “más terroríficos” conocidos, mientras ponen de manifiesto la marginalidad institucional que dicen padecer. “Estamos siendo tiroteados, pero a nadie le importa”, se queja su presidente, Abdelmalik Mohamed Kamal.

El Príncipe ha dado mucho a Ceuta y lo seguirá dando. Pedimos que eviten perderlo, porque el Príncipe es Ceuta y Ceuta es el Príncipe”. Es el ruego compartido de algunos de los vecinos de esta barriada con los que ha conversado Ceuta Actualidad y que piden de forma expresa ocultar sus identidades. No es omertá. “Es miedo, mucho miedo”, repiten. Es un terror que se ha disparado en los dos últimos meses, y que ahora les lleva a recelar hasta del vecino al que conocen “de toda la vida”.

Muchos se preguntarán qué temen. La propia Policía, cuando surgió esta oleada de violencia a inicios de abril, apelaba a la colaboración ciudadana. Pero las represalias existen, afirman, y alguno que otro las ha vivido en sus carnes. “Tememos desde salir de casa y encontrar el coche calcinado, a recibir un disparo”, manifiestan con un tono de voz entre desesperanzado y cargado de ira.

No es Tijuana. Es el barrio de una ciudad española donde el sentimiento común se traduce en una marginalidad institucional que ha llevado a reconocer que “tan solo nosotros podemos resolver nuestros problemas”. Las sensaciones del barrio no son nuevas. Ni si quiera de anteayer. Años que se traducen en más de una década. “Los tiroteos, las reyertas y los altercados se han convertido, por desgracia, en una seña de identidad para el barrio, como mínimo, desde que yo estoy en la presidencia desde 2009”, apunta el cabeza de la asociación vecinal de la barriada, Abdelmalik Mohamed Kamal, quien sí permite que aparezca su nombre “porque alguien tiene que alzar la voz para contar cómo vivimos, para gritar que estamos siendo tiroteados y que a nadie le importa”, una frase cargada de un tono exasperante. “Miran hacia otro lado. El Príncipe no les interesa. El Ayuntamiento, la Delegación… Todos. Se muere un perro en el centro, y todo el mundo se vuelca y lo lamenta. Pero no tuvieron (en alusión a las autoridades) la decencia de condenar el asesinato de Ibrahim”, manifiesta con enfado el presidente de Príncipe Alfonso.

Sin embargo, más allá de esa conflictividad que se repetía con cierta asiduidad- como explica Kamal- los últimos meses, que sus vecinos califican como “terroríficos”, han traspasado las líneas de lo conocido y vivido hasta ahora. “Ya no sabes si acercarte a un niño para llamarle la atención, porque o bien te responde mal, que te saca un cuchillo o una pistola”, reconoce otro vecino.  “Esta situación fuera se normaliza porque a ellos no les afecta. Ni a la clase política ni al resto de la ciudad, pero nosotros vivimos ahogados. Da pavor salir hasta para llevar a los niños al colegio”.

La negativa a abandonar el barrio durante años, confiando en la instauración de un clima pacífico de buena vecindad, ha virado en la necesidad apremiante por salir de él cuanto antes. “Las familias quieren vivir tranquilas. Criar a sus hijos en un clima sin hostilidades, que puedan estudiar y tener un fututo, que aquí cada vez se aleja más”, reconoce Kamal con resignación. Son sus habitantes quienes refrendan las palabras del presidente. “Queremos irnos, pero no todos podemos. El otro día me decía mi vecina que, si le cae algo de dinero, coge las maletas sin mirar atrás”.

El titular de la asociación de vecinos se lamenta de que este caldo de cultivo es el resultado de la ausencia de políticas que durante tantos años han demandado sus habitantes. “De ser tratados como ciudadanos de segunda, de no tener las mismas oportunidades que el resto de vecinos y, en definitiva, de vernos condicionados por el apellido y el código postal”.

Sí hay soluciones

El Príncipe va a peor, repiten en corrillos sus vecinos. “Esto no tiene solución”. Una sensación que prolifera. Sin embargo, su presidente no lo ve del mismo modo. Si bien reconoce que “estamos perdiendo la batalla”, en alusión a la edad media de los grupos que generan la conflictividad, y que muchos habitantes del barrio cifran ya en los 12 y 13 años, Kamal plantea una serie de condicionantes como medidas tractoras para impulsar la renovación del barrio. “Lo importante es que exista una constante presencia policial”. Y con ello no se refiere a una vez al día, y dos minutos, como expresa el vecindario. “Necesitamos que estén aquí. Necesitamos sentirnos seguros para que, además, los que intenten alterar el clima del barrio se lo piensen dos veces”.

La seguridad es una pieza clave para los habitantes del Príncipe, hasta el punto que su presidente propone la instalación de cámaras en diferentes localizaciones del barrio. “Los vecinos quieren sentirse respaldados y protegidos. Así me lo transmiten, y cuando se consiga, esto empezarán a cambiar”.

La salvaguarda del barrio es solo una parte del motor de cambio. Kamal plantea otra, si cabe, más importante: el desarrollo de políticas sociales enfocadas al sector juvenil. El fracaso escolar desborda a la zona, y es punto de origen de las bandas y la delincuencia. “Es el único futuro que muchos encuentran”, apunta el presidente. Por ello, entiende que la formación se posiciona como la clave para que la barriada halle la luz a un futuro diferente. “Ahora mismo el Príncipe está inmerso en el camino hacia las puertas del mal. Tenemos que encontrar entre todos, y con los apoyos que pedimos, el que nos lleven al bien”.

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