La Ciudad

ingresada en el hospital universitario

Wisam, la historia de una joven guerrera con parálisis cerebral

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photo_camera La madre de Wisam, junto a su padastro y su bisabuela en el Hospital / ANTONIO SEMPERE

En una habitación decorada con imágenes de la guerrera china Mulán, Wisam lucha contra una infección de las vías respiratorias mientras su madre hace un llamamiento para renovar el carro con el que se mueve su hija y que es el mismo desde los 3 años. También necesitarían varios aparatos para hacer más cómoda la vida de esta niña en su casa nueva de Loma Colmenar.

Wisam es una niña de 10 años con parálisis cerebral que lleva una semana ingresada en el Hospital Universitario. Ocupa la habitación 14, decorada con Mulán, una guerrera china que lucha contra la invasión de los hunos. Precisamente esa lucha es la que libra Wisam para seguir adelante a pesar de que la vida no se lo ha puesto fácil. Una infección en las vías respiratorias ha obligado a ingresarla ya que, como ha explicado su madre a Ceuta Actualidad, “no es capaz de expulsar el moco y se ahoga”. Pocas cosas puede hacer esta luchadora por sí misma “pero para eso estoy yo aquí”, comenta su madre orgullosa y cansada porque tiene más hijas, la más pequeña de solo 5 meses. “No estoy sola. Afortunadamente mi marido me ayuda muchísimo. Es mi gran apoyo a pesar de que no es el padre biológico de la niña. Su padre no se encarga de ella, ni me pasa la pensión”, matiza. Precisamente la pensión de minusvalía brilla por su ausencia. “No tiene derecho a percibirla hasta los 18 años y eso que tiene una discapacidad del 100%. El único dinero que entra en casa son los 300 euros de la Ley de Dependencia que me dan por cuidarla. Ni mi marido, ni yo trabajamos. Vivimos de las ayudas de Cruz Roja, Cruz Blanca, Cáritas, Asuntos Sociales… pero con ello no llegamos”.

Esta niña toma todo triturado. Papillas, purés, agua gelificada… un gasto muy elevado para una familia sin ingresos, a pesar de que el marido de Karima se busca la vida como puede, al que hay que sumar los gastos en medicamentos. Desde hace una semana ni ellos, ni la bisabuela se separan de la cama de Wisam, una niña de profundos ojos negros, a la que le gusta que le susurren y acaricien la piel que minutos antes de su padre había masajeado con crema. A pesar de que no fija la mirada, ha perdido audición de un oído, tiene obstruidos los nervios respiratorios, no puede tragar y no tolera los enemas por lo que son sus padres quienes tienen que sacarle las heces, Wisam lucha a diario y acude a San Antonio donde trabajan su pérdida paulatina de movilidad.

Wisam ya ha escrito su carta a los Reyes Magos: un carro que se adecúe a sus necesidades, una perilla especial para poder estar cómoda en casa y una trona donde poder comer. El carro que usa es el mismo desde los 3 años. Ahora tiene 10 años, ha crecido y ya no cubre sus necesidades. “Hay posturas que no puede tener en el carro y tampoco puede estar todo el día en la misma postura porque se le está deformado la espalda”, explica Karima mientras la pequeña no deja de toser. El carro que necesitan cuesta 4.000 euros, que son abonados por la Seguridad Social y el Imserso. El resto de los aparatos no son sufragados por la Administración y es ahí donde la familia hace un llamamiento a la solidaridad caballa.

Karima espera que la Administración escuche sus demandas. “No pido limosna sino los derechos de mi hija como minusválida para poder llevar una vida digna”.