Medio Ambiente

TRAS EL SELLADO DEL VERTEDERO DE SANTA CATALINA

Un grupo de trabajo estudiará como reducir el número de gaviotas en las calles

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photo_camera Las pavanas campan a sus anchas por la ciudad / ANTONIO SEMPERE

El sellado del vertedero de Santa Catalina ha ocasionado que las pavanas emigren a las calles de la ciudad y se muevan a sus anchas ocasionando problemas de suciedad y ruido, tanto que hay vecinos que no pueden pegar ojo por las noches. El Gobierno anunció hace varias semanas  reunirse con los ecologistas para buscar una solución a esta "colonización".

En Ceuta existen más de 5.000 gaviotas y 500 parejas reproductoras, y un sinfín de palomas, algo en lo que hasta ahora parece que no había reparado nadie. Pero desde que se llevó a cabo el sellado del vertedero de Santa Catalina, las pavanas se han visto obligadas a cambiar su hábitat y volverse urbanitas. Así desde diferentes organizaciones ecologistas alertan de la "colonización" del casco urbano. A tal punto ha llegado la presencia de estos animales que el Gobierno de la ciudad tiene intención de reunirse con los ecologistas para abordar esta problemática.

La población de palomas y gaviotas no ha crecido de forma significativa en los últimos meses, pero sí se ha producido una mayor presencia de estos últimos en el centro. Las gaviotas se han desplazado desde el Monte Hacho y los alrededores del cementerio de Santa Catalina hasta las calles de la ciudad donde campan a sus anchas como un peatón más pero está situación ha dejado de ser anecdótica para convertirse en problemática y hasta peligrosa.

Problemática en tanto en cuanto los vecinos no pueden descansar por las noches por sus graznidos. Vecinos como los de Bermudo Soriano o Virgen de La Palma han denunciado el ruido que generan estos animales tanto de día como de noche. Junto a los ruidos, está la suciedad, a la que también contribuyen las palomas. “Manchan la ropa tendida con sus excrementos e incluso han atacado a personas para quitarles la comida de la mano”, denuncian los vecinos de cada rincón de la ciudad. Un vecino del centro, con un dúplex, no puede utilizar la terraza superior porque “ha sido tomado por las gaviotas”.

Y si manchan las coladas y las calles, también lo hacen en los edificios más emblemáticos de la ciudad aunque la mayoría de ellos están protegidos precisamente para evitar que se posen o aniden en ellos. Sus excrementos de ambas aves son muy corrosivos y degradan de forma acelerada cualquier elemento constructivo hasta llegar a producir desprendimientos de cornisas o elementos escultóricos de piedra, así como la descolocación de tejas, con la consiguiente aparición de filtraciones de agua y goteras; atascos en desagües y bajantes de agua; obstrucciones de salidas de ventilación y malos olores por acumulación de heces.

Las palomas, por su parte, traen por la calle de la amargura a los establecimientos con terraza. "Es levantarse un cliente de la mesa y aparecen las palomas para comérselo todo, rompiendo vasos y llenando la mesa de excrementos", explica la camarera de un bar del centro.

A finales de 2014 Obimasa ya emitió un informe en el que dejó patente el "paulatino y marcado incremento en el uso y nidificación en el núcleo urbano de la subpoblación regional de gaviota patiamarilla”, con los consiguientes problemas y molestias que genera esta situación a la ciudadanía.

En 2008 se estimó en unas 45 el número de parejas reproductoras de gaviotas en el núcleo urbano de la ciudad autónoma. Sin embargo, en 2013 y 2014 el número de nidos retirados a demanda ciudadana se elevó a 105, estimándose en un mínimo de 250 las parejas reproductoras en el caso urbano. En seis años se habría quintuplicado su número en el casco urbano.

 

Creación de un grupo de trabajo

Ayer este asunto fue abordado en el pleno de la Asamblea a propuesta del PSOE. Los socialistas abogaban por crear un grupo de trabajo permanente con técnicos de Obimasa y las asociaciones ecologistas para estudiar la reducción de los ejemplares, realizar campañas de concienciación y sensibilización y crear un comedero en la zona de Santa Catalina "para ver si vuelven allí aunque lógicamente no hay un método eficaz al 100%", alegó Nuria Miaja. Por su parte, el consejero de Medio Ambiente, Emilio Carreira, explicó que un biólogo consultado ha desaconsejado "poner un comedero porque puede incrementar el número de ejemplares al haber más oferta de alimentos. No así la campaña de concienciación, que no tiene porque hacerse en los medios de comunicación. Se debe trabajar en dejar las playas más limpias y no dejar los contenedores y las bolsas de basura abiertas". En este sentido, el Gobierno está llevando a cabo desde hace semanas una campaña de vigilancia en colaboración con la Policía Local para controlar el cumplimiento de las ordenanzas municipales, sobre todo en cuanto a recogida de excrementos y horario de basuras se refiere y multar de forma simbólica. MDyC apostó por llevar a cabo también estas campañas de concienciación en la guía educativa "Ceuta te enseña".

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