TAL DÍA COMO HOY

26 de abril: de Guernica a Chernóbil, heridas que no cierran

Guernica
Tal día como hoy, 26 de abril, la historia dejó su huella a fuego. De Guernica a Chernóbil, repasamos dos momentos que marcaron un antes y un después.

El 26 de abril es una fecha grabada en la memoria de España y del mundo: bombardeos que arrasan ciudades y explosiones nucleares que cruzan fronteras. Hoy recordamos los ecos de un día que sacudió al mundo.

1937: El horror cae sobre Guernica

El Guernica de Picasso

El 26 de abril de 1937, en plena Guerra Civil, la localidad vasca de Guernica quedó arrasada bajo el fuego de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, aliadas del bando franquista. Durante más de tres horas, las bombas incendiarias y explosivas redujeron el núcleo urbano a escombros, dejando tras de sí un paisaje de muerte y devastación. La cifra exacta de víctimas sigue siendo objeto de debate —las estimaciones oscilan entre un centenar y más de 300 muertos—, pero el horror quedó grabado para siempre en la memoria colectiva.

El ataque, lanzado en lunes de mercado, cuando la ciudad recibía a cientos de vecinos de las zonas rurales, fue meticulosamente planeado para sembrar el terror. Entre las 16:30 y las 19:45, las formaciones aéreas bombardearon en oleadas, dejando caer primero bombas explosivas para destruir edificios y, acto seguido, bombas incendiarias que desataron un infierno de llamas. Tras los bombardeos, los cazas ametrallaron a la población civil que huía campo a través, buscando refugio.

La ofensiva fue ordenada como parte de una estrategia de apoyo al avance de las tropas franquistas hacia Bilbao, buscando cortar las líneas de comunicación y desmoralizar a la retaguardia republicana. Sin embargo, la brutalidad del ataque excedió cualquier propósito militar y provocó una inmediata ola de indignación en todo el mundo. Corresponsales extranjeros como George Steer, del The Times de Londres y el New York Times, documentaron la masacre con un nivel de detalle que conmocionó a la opinión pública internacional.

Pablo Picasso, impresionado por los relatos y las fotografías llegadas a París, transformó el dolor de Guernica en su lienzo más universal. Su Guernica, con sus figuras distorsionadas y su blanco y negro desgarrador, se expuso por primera vez en el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937, y desde entonces se ha convertido en un símbolo intemporal contra la barbarie de la guerra.

Décadas después, Guernica sigue siendo un nombre que evoca la tragedia civil en tiempos de conflicto, un recordatorio de hasta dónde puede llegar la violencia cuando se pierde la humanidad.

1986: Chernóbil sacude al mundo

Miles de kilómetros separaban España de Chernóbil, pero el desastre nuclear del 26 de abril de 1986 también dejó su huella aquí. La explosión del reactor número 4 de la central Vladimir Ilich Lenin, situada cerca de Prípiat, en la actual Ucrania, liberó a la atmósfera alrededor de ocho toneladas de material radiactivo, contaminando vastas zonas de Europa del Este y llegando incluso a Escandinavia y el Mediterráneo.

La explosión, causada por un fallo en una prueba de seguridad mal ejecutada y agravada por deficiencias en el diseño del reactor RBMK, provocó uno de los peores desastres industriales de la historia. Dos trabajadores murieron en el acto y otros 29 fallecieron en las semanas siguientes debido al síndrome de irradiación aguda. Decenas de miles de personas fueron evacuadas en las horas y días posteriores, aunque muchas lo hicieron demasiado tarde para evitar la exposición.

En España, la catástrofe reactivó un debate latente. Las autoridades monitorizaron la radiactividad en el aire, los alimentos y el agua potable, y aunque se aseguraba que los niveles eran bajos, la inquietud pública creció. La construcción de nuevas centrales se vio frenada, y las protestas ciudadanas tomaron fuerza en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia. El llamado "efecto Chernóbil" impulsó el movimiento ecologista, sensibilizó a la opinión pública sobre los riesgos de la tecnología nuclear y marcó un antes y un después en la percepción social de la energía atómica. Campañas como “Nuclear, no gracias” ganaron visibilidad, y el temor a un accidente similar alimentó un cambio en las políticas energéticas, promoviendo alternativas más seguras y sostenibles.

A día de hoy, la zona de exclusión de 30 kilómetros en torno a Chernóbil sigue deshabitada, convertida en un desolador testimonio de la tragedia. Las consecuencias sanitarias, ecológicas y sociales del accidente continúan siendo objeto de estudio, y la central, definitivamente clausurada en el año 2000, permanece como un recordatorio imborrable de los peligros de la energía nuclear mal gestionada.