Política

Las relaciones envenenadas entre PSOE, MDyC y Caballas

La oposición antropófaga

Salón de plenos de la Asamblea (C.A.)
photo_cameraSalón de plenos de la Asamblea (C.A.)

Las relaciones entre PSOE, MDyC y Caballas se han enturbiado en los últimos meses. Los mismos partidos localistas que pidieron el voto para los socialistas en las generales de abril se niegan ahora a mantener ningún tipo de colaboración con el partido de Hernández de cara al 10-N.

La naturaleza de las relaciones humanas viene determinada por el contexto en el que se establecen. Una bellísima persona, diligente padre y dilecto esposo, compañero insustituible y fidelísimo amigo puede acabar comiéndose a cualquier congénere –desde un uñero en el dedo gordo del pie derecho hasta la mismísima rabadilla- si ambos son víctimas de un pavoroso accidente aéreo que les confina en una cima inaccesible de Los Andes a 25 grados bajo cero y sin acceso a alimento alguno. Nuestra especie es así de voluble.

Aunque no se han advertido indicios de conductas antropófagas entre los miembros de la oposición municipal, lo cierto es que las relaciones entre los representantes de los distintos partidos han cambiado desde la última campaña electoral. El contexto cambia y, con él, los apetitos.

No han transcurrido tan siquiera seis meses desde que Caballas y MDyC solicitasen abiertamente el voto en las pasadas elecciones generales del 28 de abril para los candidatos socialistas. Aquella disposición de las formaciones localistas favoreció las aspiraciones del PSOE que, finalmente, y tras décadas de sucesivos fracasos, conseguía hacerse con los escaños del Congreso y el Senado en litigio.

Los tiempos han cambiado. Los pésimos resultados de Caballas y MDyC en las municipales junto al crecimiento paralelo del PSOE y su inclinación, cada vez más notoria, hacia la formalización de acuerdos con el PP están en el fondo de la guerra declarada en las filas de la oposición.

Ni Mohamed Alí, coordinador de Caballas, ni Fátima Hamed, presidenta de MDyC, desean prestar la más mínima ayuda a los socialistas en el reto que les plantea la próxima cita electoral del 10 de noviembre. Alí se encargó de teatralizar un acercamiento con Hamed para acordar una coalición que les permitiera concurrir conjuntamente a las elecciones. Una candidatura de este carácter habría sido un torpedo en la línea de flotación de los intereses del PSOE.

La negociación, poco creíble dada la premura con la que se planteó y el escaso entusiasmo que parecía advertirse entre sus promotores, resultó, como cabía de prever, un fracaso. Caballas intentó invitar a este “pas de deux” a Unidas Podemos, que prefirió abstenerse de participar.

Las diferencias entre Caballas y PSOE palidecen, sin embargo, si se comparan con la beligerancia que han adquirido los intercambios de pareceres entre los socialistas y el partido de Fátima Hamed.

La guerra abierta entre MDyC y PSOE se está sustanciando a través de comunicados de prensa y declaraciones a pie de calle ante los periodistas. Las críticas al Gobierno municipal de Hamed se extienden ahora al “bipartito”, fórmula con la que los localistas incluyen a los socialistas en el mismo paquete de intereses que el PP. El PSOE, a su vez, se defiende y acusa a MDyC de haber pergeñado “una campaña de ataques” contra los dirigentes socialistas que, según lamentan, recurre a calumnias e injurias.

Mientras, el PSOE se debate en sus propias contradicciones. Su acercamiento al PP –evidente si se atiende a la lista de los socialistas que ya ocupan cargos de confianza en la administración local o al voto del grupo parlamentario en el pleno de la Asamblea y los consejos de administración de las sociedades municipales- ha generado no poco malestar interno. Con todo, Manuel Hernández y Juan Gutiérrez, el tándem que dirige la máquina socialista ceutí, sigue ostentando una mayoría en los órganos del gobierno de la formación que les permitirá mantener el rumbo seguido hasta ahora.

En la oposición, el partido que con más deleite observa la deriva de las relaciones entre PSOE, Caballas y MDyC es Vox. Los diputados de la formación de Santiago Abascal mantienen un tono funcionarial, nada estridente, crítico con el acercamiento del PP a los socialistas, con el que parecen perseguir una imagen de moderación que, sin embargo, resulta difícil de mantener con unos dirigentes nacionales obsesionados con los muros, la oposición a la exhumación de Franco o las leyes de violencia de género, entre otros mantras.

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