Política

Retrato de Mesa con Vox al fondo

Un momento del pleno de la Asamblea convocada para la renovación de la Mesa Rectora (CEDIDA)
photo_camera Un momento del pleno de la Asamblea convocada para la renovación de la Mesa Rectora (CEDIDA)

La renovación de la Mesa Rectora de la Asamblea simboliza un nuevo periodo en la política local que, con todo, nadie sería capaz ahora de augurar cuánto durará.

Quienes lo ignorasen todo sobre la vida institucional en Ceuta podrían haber recurrido a la historia más reciente de la Mesa Rectora de la Asamblea para ilustrarse. Habría bastado con echar un vistazo a los diputados que la integran para despejar cualquier duda creada en torno a la deriva que en cada momento de la legislatura ha tomado la política local en la última época.

Allá por junio de 2019 la socialista Cristina Pérez fue elegida para ocupar uno de los asientos de la Mesa, el de la Vicepresidencia Primera, lo que, con un Gobierno en minoría, revelaba el acuerdo alcanzado por populares y socialistas para garantizar la viabilidad de la recién comenzada legislatura. En marzo de 2020, el PP cedía un hueco al diputado de Vox, Francisco José Ruiz, señal inequívoca de que los populares habían reemplazado al PSOE por la ultraderecha como socio para los tiempos venideros. Ruiz desaparecía de la fotografía el pasado viernes: los de Juan Vivas, incapaces de soportar el estrés de una alianza con la extrema derecha, volvían a entenderse con el grupo parlamentario liderado por el socialista Manuel Hernández. Vuelta a empezar.

El pleno de la Asamblea celebrado este viernes no se queda solo en la renovación de la Mesa Rectora de la Cámara ceutí sino que simboliza un nuevo tiempo en la política local que, con todo, nadie sería capaz ahora de augurar cuánto durará.

 

Un juego de alianzas

La legislatura abierta en 2019 se ha caracterizado por la volátil configuración de las alianzas establecidas por el popular Juan Vivas. El presidente de la Ciudad siempre ha tenido ante sí el reto de resolver el dilema de mantener la estabilidad de un Gobierno en minoría sin perjudicar su aspiración a conservar incólume su electorado, amenazado por el avance de la ultraderecha.

El PP se encuentra inerme ante el eco que entre una buena parte de los ceutíes no musulmanes han encontrado los mensajes racistas e islamófobos de los dirigentes locales de Vox. Vivas siempre ha condenado este tipo de excesos, lo cual no le impidió forjar un acuerdo de gobernabilidad con los diputados de la extrema derecha ceutí. Una vez que la convivencia con Vox y sus excesos se hizo intolerable, el PP rompió amarras con los de Juan Sergio Redondo para sumirse en la incertidumbre de dos años de legislatura en los que, si nada se tuerce, su compañero de viaje será el PSOE.

 

Frente contra la extrema derecha

El rechazo, aunque tardío, del PP a los mensajes políticos de Vox ha servido para establecer un amplio acuerdo, en este caso tácito, contra el avance de la ultraderecha. Los partidos que en la Asamblea representan casi al 70% de los votantes ceutíes han advertido de manera abierta de los riesgos que supone un triunfo de las tesis excluyentes del partido de Abascal.

La reacción de Vox al desafecto de los populares (y de toda las formaciones políticas ceutíes en general) ha sido la de hacer de la necesidad virtud. Arrojado a la crítica feroz y a cultivar el descrédito de sus antiguos socios del PP, Vox ha llamado a sus simpatizantes a luchar en solitario contra el mundo.

Muchos de los mensajes publicados en Twitter por los dirigentes locales de Vox están acompañados desde muy recientemente por el hashtag #SoloQuedaVox, un guiño a la idea de que la presunta “salvación” de la ciudad solo puede ser acometida por la extrema derecha. Empeñados en una concepción de Ceuta como ciudad amenazada, Vox alerta de la presunta existencia de “lobbies marroquinizadores”, lanza alarmas sobre la presencia de menores migrantes, a todos los cuales identifica como delincuentes, y brama contra las “mafias subvencionadas por el Gobierno de Ceuta”. Un mensaje que, ahora lejos del poder tras la ruptura del pacto con el PP, cultiva con mucho más empeño, si cabe.

Vox ha lanzado un mensaje de prietas las filas para disciplinar a los suyos y atraer a los votantes indecisos de la derecha tradicional. Frente a esto, todas las formaciones políticas han coincidido, por primera vez de forma abierta desde el inicio de la legislatura, en advertir del riesgo que para la convivencia comporta el mensaje excluyente de la extrema derecha y su ilusoria concepción de una Ceuta blanca y católica. Una oposición al avance de la intolerancia cuyos promotores bien podrían hacer acompañar sus mensajes en las redes sociales con el hashtag #VoxSeQuedaSolo.