Política

Vox y su teoría de la crispación

El diputado de Vox Carlos Verdejo se dirige al pleno de la Asamblea durante el último debate del estado de la ciudad (C.A./ARCHIVO)
photo_camera El diputado de Vox Carlos Verdejo se dirige al pleno de la Asamblea durante el último debate del estado de la ciudad (C.A./ARCHIVO)

La crispación en el debate público llegó a Ceuta coincidiendo con la entrada de Vox en las instituciones. La formación de extrema derecha asegura, sin embargo, ser víctima de un conciliábulo promovido por el resto de fuerzas políticas.

La Asamblea de Ceuta se ha convertido en el escenario de un descarnado combate en el que la corrección de las maneras, el lenguaje respetuoso y la consideración hacia el oponente político se recuerdan como vestigios de otros tiempos, aun no tan lejanos. El combate se lidia, esencialmente, entre los diputados de Vox y todos los demás.

Las disputas, los insultos, el recurso a las descalificaciones como herramienta retórica se han impuesto, aun pese a la voluntad de los parlamentarios que siguen viendo con espanto la deriva que ha tomado la Cámara ceutí.

Esta crispación evidente tiene su origen en la irrupción de Vox en la política local. Los diputados de la extrema derecha han hecho de la provocación premeditada, la polarización social y la brocha gorda una seña de identidad que se sobrepone a cualquier intento de introducir serenidad a los debates públicos. Los diputados de Vox, sin embargo, sostiene que los perseguidos, los acosados, son ellos y hablan sin reparo de un “cordón antidemocrático” promovido contra su partido por todos los demás.

¿Por qué amplias capas de la población de Ceuta están dispuestas a aceptar el argumento de Vox de que la crispación política en la Asamblea es obra del resto de partidos pese a que estos, con sus más y sus menos, han mantenido siempre hasta la llegada del partido de extrema derecha a la vida pública las formas parlamentarias y el respeto mutuo?

 

Incorrectos y desinhibidos

Tal y como explican en un estudio sobre la nueva extrema derecha española los profesores Antonio Álvarez Benavides, de la City University of New York, y Francisco Jiménez Aguilar, de la Universidad de Granada, Vox se caracteriza por cultivar lo que se ha dado en llamar la “incorrección política”, con una propuesta que plantea “la ruptura con ciertos límites éticos o deontológicos habituales en la política española”. La desinhibición de los diputados Juan Sergio Redondo y Carlos Verdejo en sus manifestaciones públicas, ya sea a través de comunicados de prensa o, más activamente, mediante las redes sociales es manifiesta. Los excesos verbales de ambos se compadecen con  el hieratismo con el que son capaces de asegurar que las disputas salidas de tono que ha conocido la Asamblea durante esta legislatura son el resultado de un pacto ofensivo “anti-Vox” forjado por el resto de fuerzas políticas. Y resulta indiferente que estas sean de izquierdas o de derechas o que, incluso, sus dirigentes, aunque se sitúen en el mismo espectro ideológico, mantengan una respetuosa desafección mutua. Este último, por ejemplo, es el caso de los líderes de Caballas, Mohamed Alí, y MDyC, Fátima Hamed, antiguos compañeros de partido manifiestamente distanciados desde hace años. Para Vox, sin embargo, ambos son “promarroquíes” al servicio de Mohamed VI y partícipes en un conciliábulo en el que también se incluye al conservador Juan Vivas y al socialdemócrata Manuel Hernández.

La victimización es una de las estrategias que la extrema derecha no ha dejado de cultivar, un recurso que no estorba la fidelidad de un electorado que, como señalan los profesores Álvarez Benavides y Jiménez Aguilar, está formado por un votante prototípico identificado como “un hombre de mediana edad, situado ideológicamente en la extrema derecha, conservador, ultranacionalista, xenófobo y antifeminista”.

 

Islamófobos y “patriotas”

El rechazo a todo lo emparentado con el islam y el mundo árabe es otra de las características que definen a la exitosa formación de extrema derecha. Los dirigentes locales de Vox, apoyados en el discurso de su líder nacional, Santiago Abascal, reiteran en cuanto les es posible su desdén hacia los musulmanes. Los célebres whatsapps de contenido islamófobo que se intercambiaron los responsables del partido y que fueron dados a conocer por un periódico local dan fe de este talante.

Vox opone todo tipo de objeciones a la celebración de la Fiesta del Sacrificio, a la inclusión como festivo del día del Fin de Ramadán en el calendario laboral, a la construcción de un centro cívico en El Príncipe, a las actividades de las asociaciones musulmanas de la ciudad y a la difusión y enseñanza del dariya. Además, Redondo y Verdejo no dudan en poner en la diana a los políticos musulmanes con un discurso pretendidamente patriótico en el que abundan las referencias constantes a los “traidores”.

El arsenal del partido de Abascal es extenso. Tal y como escriben Álvarez Benavides y Jiménez Aguilar, “Vox como Hogar Social son abiertamente islamófobos, convirtiendo a los musulmanes en el chivo expiatorio al que recurren tanto para argumentaciones internas como externas. Los profesores detallan los reproches más usuales que la formación de extrema derecha dedica a los musulmanes: “Son los culpables de poner en riesgo la identidad europea (la perversión del multiculturalismo), de la crisis económica (aumentan el paro al quitar trabajo a los españoles, copan las ayudas sociales y destruyen el Estado de bienestar), de convertirnos en una minoría étnica (alta natalidad) e, incluso, de exterminarnos (terrorismo)”. En el caso de Ceuta, además, los musulmanes ceutíes nutren a Marruecos de los quintacolumnistas que, según Vox, proliferan en la ciudad con el único propósito de facilitar los afanes expansionistas de Mohamed VI.

Esta inclinación a la islamofobia entronca con otra de las características que cabe rastrear en el partido de Santiago Abascal: su españolismo excluyente. Más que un partido, Vox se presenta como un movimiento que representa la defensa de la patria española frente a quienes la amenazan. En esencia, todos los demás.

 

Usuarios de las redes sociales

Una de las razones que explican el éxito de Vox remite al eficaz uso que hace de las redes sociales. Redondo y Verdejo no hacen ascos a esta herramienta. Sus mensajes, provocadores, ofensivos, desdeñosos con quien plantea otras ideas, les han reportado un gran número de seguidores. Vox juega, además, con la reacción que sus publicaciones en Twitter cosechan entre los usuarios de ideología opuesta. Cuanto más furibunda es la respuesta a sus salidas de tono, más arrogante es el siguiente mensaje y mayores adhesiones obtiene entre sus correligionarios.

Parece que no será fácil exorcizar el demonio de la crispación que hace meses asentó sus reales en la Asamblea. Este mismo lunes, Vox tiene una nueva oportunidad para agitar el avispero. MDyC ha presentado una moción para declarar “persona non grata” a Santiago Abascal. Una propuesta que, a juicio de Vox, evidencia la persecución a la que están sometidos sus parlamentarios.

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