Así se viven los cultos de la Pollinica: devoción, trabajo y hermandad en torno a Madre de Dios de la Palma

Altar de cultos en honor a Madre de Dios de la Palma, octubre / E. Arteaga
Los hermanos cierran unos días de intensa vida cofrade en los que la fe y el compromiso han vuelto a llenar de sentido la tradición de la hermandad

La Venerable Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén, Nuestro Padre y Señor de la Sangre Orando en el Huerto, Madre de Dios de la Palma y San Juan Evangelista -conocida popularmente como la Hermandad de la Pollinica- ha vivido estos días su particular cita con la devoción. Son los denominados “cultos de regla”, tres jornadas de eucaristía que culminan con un rosario por las calles del barrio, un momento íntimo y a la vez comunitario en el que la fe se hace camino.

“Es una forma de seguir con la hermandad adelante, y todos los años se hace de manera diferente”, explicaba el hermano mayor, Benjamín Villada, mientras se ultimaban detalles del montaje. Este año, los cultos se han celebrado con un espíritu más pausado tras la intensa conmemoración del centenario que marcó la edición anterior. “Echar ratos de convivencia y crear hermandad es lo que sacamos de bueno, ya que es una labor altruista. No se obtiene más beneficio que el espiritual”, añadió con serenidad.

Benjamín Villada, Hermano Mayor de la Hdad. Pollinica / E. Arteaga

El arte de vestir la devoción

La luz tenue de la capilla en los momentos previos al inicio de la eucaristía resaltaba el trabajo de Jesús González, vestidor de la hermandad y autor de buena parte del ajuar que luce la Virgen. Para estos cultos, Madre de Dios de la Palma ha vestido la saya azul bordada en oro, estrenada el pasado Domingo de Ramos, obra también de González. 

Madre de Dios de la Palma, cultos de regla de octubre / E. Arteaga

Sobre el tocado clásico de encaje, dispuesto en forma de tarta, descansa la toca que la imagen estrenó en la salida extraordinaria por el centenario. Este año, la Virgen luce además varias medallas donadas por hermanos y un delicado broche en forma de rama de olivo, como símbolo del Domingo de Ramos. Y, es que, nada se deja al azar.

La simbología de las flores

La composición floral es otro de los elementos que transforma el altar en un escenario de fe. Para los cultos de octubre, la hermandad ha optado por una combinación de crisantemos anastasia malva, antirrinos y statices blancas, un conjunto que aporta frescura y luminosidad. “Para los cultos siempre se intenta que el exorno sea distinto al de la salida procesional”, explicaba el vestidor.

Las flores, dispuestas con armonía en torno a la imagen de la Virgen, dialogan con la cera y las telas, componiendo un lenguaje visual que evoca pureza, renovación y ternura. La disposición de la candelería sigue un diseño que busca enmarcar y elevar la figura de Madre de Dios de la Palma, situada en el centro del altar, protagonista indiscutible de estos días. 

Jesús González, vestidor de la Hdad. de la Pollinica / E. Arteaga

Cultos que son encuentro

La hermandad no solo encuentra en los cultos una expresión de fe, sino también un espacio para la convivencia y el reencuentro. Durante los días previos, los hermanos han trabajado codo con codo, compartiendo conversaciones, risas y buenos momentos. Es el pulso cotidiano de una hermandad que, tras más de un siglo de historia, sigue sosteniéndose en la entrega desinteresada de quienes la integran.

Altar de Madre de Dios de la Palma / E. Arteaga

En un tiempo en el que las prisas y el ruido dominan la vida urbana, estos cultos ofrecen un respiro, un paréntesis de calma. El hermano mayor lanza una invitación abierta, invitando a "todos, hermanos o no, a unirse, a desconectar y encontrar un rato de paz y tranquilidad”.

El reflejo de una tradición viva

El resultado final es una transformación. Lo que comenzó como un montaje se ha convertido durante estos días en una ofrenda colectiva, en el reflejo visible de una tradición que no se limita al pasado, sino que se renueva cada año con gestos de fe y compromiso.

En la Hermandad de la Pollinica, cada vela, cada hilo bordado y cada flor colocada es una declaración de continuidad. Los cultos de Madre de Dios de la Palma no son solo una celebración religiosa, son también una manifestación de identidad ceutí, una forma de mantener viva la llama de una hermandad que, más allá del tiempo, sigue caminando unida.