Remitidos

Carta abierta a melillenses y ceutíes

Vista aérea del Puerto de Ceuta y de la ciudad (C.A.)
photo_cameraVista aérea del Puerto de Ceuta y de la ciudad (C.A.)

Melilla y Ceuta caminan irremediablemente hacia su entrega a Marruecos si los ceutíes y melillenses, musulmanes y cristianos que se la estiman realmente no lo remedian, pues veo que son los únicos capaces de poner remedio a dicha catástrofe, máxime cuando en 500 años ni se han defendido con dignidad sus límites terrestres ni sus aguas jurisdiccionales ni su espacio aéreo.

Pretender, pensar que PP o PSOE vayan a hacer algo distinto a lo que han hecho con ellas hasta la fecha es una verdadera entelequia. ¿Qué poder y fuerzas les queda a estas dos poblaciones para frenar lo irremediable? Pienso que tienen el mayor poder posible ahora mismo en sus manos se llama voto y unidad para sacudir, de arriba abajo, la impresión que se tiene de esas dos ciudades a nivel local, nacional e internacional.
La realidad nos muestra que el censo electoral de ambas ciudades es de 60.000 ciudadanos en Ceuta y de 53.000 ciudadanos en Melilla. ¿Sabéis quién gobierna ambas ciudades? El PP. ¿Y con cuántos votos lo hace? Con 13.355 votos en Ceuta y con 13.654 en Melilla. Fijaos bien en los datos. De 60.000 posibles votantes, sólo con 13.355 votos se gobierna la ciudad de Ceuta y, además, se consigue el escaño al Congreso de los Diputados y dos senadores. En la ciudad de Melilla ocurre lo mismo. Con 13.654 votos de 53.000 personas capaces de votar se gobierna la ciudad y, además, se consigue el escaño al Congreso de los Diputados y dos al Senado. Esto significa que la población está regalando todo su poder y dinero, mucho dinero, a un partido que, a la vista está, lo que realmente le han importado dichas poblaciones y dichas tierras.
La unidad parece que sea patrimonio de los totalitarismos, donde siempre en un referéndum gana una de las dos posibilidades con el 97% de los votos, y no es así. Puede tranquilamente ser también patrimonio de la democracia. No se necesita más que el deseo de que así sea y se haga realidad. No depende de nadie de arriba o desde las nubes, depende de nosotros mismos que pisamos la tierra. El deseo sin acompañarlo de voluntad de participar es insuficiente y la voluntad sin cumplir con el acto de ir a las urnas y depositar el voto tampoco conduce a ninguna parte. En definitiva, es la disciplina de levantarse temprano y ser de los primeros en votar lo que obtiene el resultado deseado, disciplina que siempre ha reinado en los ganadores de elecciones frente a la ausencia total de disciplina existente en la mayoría de personas que se quedan en sus casas.
No se trata ya de preocuparse por la gobernanza cotidiana de cada una de las ciudades, se trata de unidad para que ninguna decisión que afecte a ambas ciudades se lleve a cabo sin el consentimiento de ambas poblaciones. Y me refiero a que la última palabra sobre qué se hace con el presente y futuro de Melilla y Ceuta no esté en la Moncloa o en el Congreso de los Diputados sino en la decisión que tomen ambas ciudades en total libertad de decisión. 
Me pregunto si las reales circunstancias en que se han devuelto recientemente a Marruecos a las 116 personas desde Ceuta se han comunicado a la Ciudad, a los representantes de la Ciudad, o son las prácticas habituales a las que se tienen que acostumbrar de por vida dichas ciudades, es decir, de no tener nadie ni idea de cómo desde la Moncloa se dirimen las cuestiones ceutíes y melillenses. Yo soy de la opinión de que dichas devoluciones van acompañadas de muchos millones de euros a las autoridades marroquíes y caso de confirmarse en próximos días esta presuposición. ¿No tendrían los ciudadanos el derecho legítimo de conocer toda la verdad sobre el asunto desde el minuto uno para conocer cómo se solucionan los problemas ceutíes desde Moncloa y aplaudir o criticar el método empleado?   Difícilmente se nos respetará como ciudades si vamos regalando, como ya dije antes, el poder, nuestro poder, sobre Ceuta y Melilla a quienes sólo persiguen permanezca el statu quo presente indefinidamente hasta su final entrega a Marruecos.
La unidad suele estar en boca de casi toda la población ceutí y melillense ¿Qué pena que no nos unamos? Se oye decir una y otra vez por infinidad de personas y la respuesta suele ser: !Qué pena! Y allí se queda la cosa para repetirse al cabo de cierto tiempo con el mismo sentimiento de abatimiento.

No hay que preguntarse ni hacer pregunta alguna, solo basta que te acerques al partido político que consideres pueda llevar a Melilla y Ceuta a lo más alto, y afíliate, hazte de esa familia y aporta tus ideas. Muévete, no te quedes sujetando paredes o simplemente quejándote de las condiciones de vida que te tocó vivir. Trabaja tú también porque sean diferentes. Únete a ellos.

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