Ceuta y Melilla, fuera del escudo: la brecha en la defensa nacional que nadie corrige
Ceuta y Melilla no están amparadas por los tratados de defensa de la OTAN ni por los mecanismos europeos. Así lo sostiene el general retirado Juan C. Domingo Guerra en un informe que advierte de las graves implicaciones de esta omisión estratégica para la integridad territorial española
Un análisis del general retirado Juan C. Domingo Guerra alerta de que Ceuta y Melilla siguen fuera del paraguas protector de la OTAN y de la UE. La falta de voluntad política y el escaso compromiso presupuestario dejan a ambas ciudades en una posición vulnerable.
“Defender a Ceuta y Melilla es defender a España”. La frase, pronunciada con convicción por el general retirado Juan Carlos Domingo Guerra durante una conferencia en el Instituto de Estudios Ceutíes, resume el eje de una nota de análisis publicada este mes por el Instituto de Seguridad y Cultura.
Bajo el título “La defensa de España desde Ceuta y Melilla”, el texto desmenuza con crudeza las carencias del encaje estratégico de ambas ciudades autónomas en el sistema de defensa nacional y europeo.
Una exclusión que arranca en los tratados fundacionales
Guerra, condecorado militar y ensayista, sostiene que la posición de Ceuta y Melilla dentro de los tratados de defensa colectiva de la OTAN y la Unión Europea sigue siendo ambigua, frágil y, en algunos aspectos, inexistente. Una situación que no es nueva, pero que —a juicio del autor— se agrava por la debilidad política de España a la hora de negociar su cobertura internacional.
“La cláusula de exclusividad del artículo 8 del Tratado de Washington impide que Ceuta y Melilla estén amparadas por las garantías de la OTAN. Tampoco el Tratado de Lisboa, pese a su ambición de seguridad común, ha corregido esta anomalía”, advierte el general, que califica de “urgente” una revisión del modelo de adhesión española.
Convicciones débiles y presupuestos mínimos
Más allá del terreno jurídico, el autor señala una falta de convicciones y compromiso político respecto a la soberanía española en el norte de África. “España sufre un déficit de identidad que mina su capacidad de respuesta ante amenazas reales”, sostiene.
En este punto, repasa momentos clave —como los debates parlamentarios de 1981 o las declaraciones de María Antonia Trujillo en Tetuán en 2022— como síntomas de una postura vacilante y peligrosamente entreguista.
El texto alerta también de la debilidad militar y presupuestaria del país, recordando que España sigue siendo el último país de la OTAN en esfuerzo defensivo respecto a su PIB, incumpliendo el objetivo del 2 %. “La solidaridad aliada no puede ser una coartada para el desinterés propio”, advierte el análisis.
El precio de la ambigüedad
La publicación no oculta su inquietud por el contexto geopolítico. “La benevolencia estadounidense se agota, y Europa ya no puede esconderse detrás del paraguas atlántico”, apunta Guerra, que traza un escenario de creciente inestabilidad global en el que la indefinición sobre Ceuta y Melilla podría costar muy cara.
Frente a la tentación de minimizar el riesgo, el autor insiste: “España debe prepararse para lo peor, empezando por reconocer su responsabilidad con quienes han elegido estas tierras para vivir, trabajar y construir su futuro”. Una advertencia que, desde Ceuta, resuena con especial claridad.