Remitidos

Remitido

Gerard, un ceutí del Siete Colinas, en OT

Conocí a Gerard cuando era un cándido y tierno infante de Preescolar por esas carambolas que se dan en las ciudades pequeñas, su madre, también profesora, daba clase en el colegio a allegados y familiares.

Todavía tierno, ya no infante, vino a parar al instituto, el Siete Colinas, el que le correspondía tras haber cursado la Primaria en el Ortega y Gasset, con la mirada baja, los libros siempre a cuestas, muchos dibujos adornando sus densos cuadernos y un comportamiento ejemplar.

Siempre cándido, llegó a bachillerato tras haber dejado un regusto a afabilidad y esfuerzo durante toda la Secundaria.

Trabajador constante e incansable se ganaba el cariño de sus compañeros al ritmo que el afecto de sus profesores.

Callado, pero no tímido, silencioso, pero participativo, compaginaba su dedicación académica con las clases vespertinas del Conservatorio poniendo idéntica atención en ambas.

Todos sabíamos que imitaba, que era de proceder espontáneo para la broma, que tocaba la guitarra y que la música se le daba bien; más de una vez acudimos a escucharlo a los conciertos colectivos y más de una vez nos deleitó con su magia cautivadora. Al finalizar segundo de bachillerato, cuando con su sencillez natural actuó  durante los fastos de la Imposición de bandas, con un gran don para teclear y decir canciones, lo cual arrancó la ovación del respetable, nadie podía sospechar que se convertiría en tan cumplido concursante de Operación Triunfo.

Para el Claustro, se graduó como un alumno que podía haber estudiado lo que quisiera; para sus amigos, siempre ha sido un camarada; para los ceutíes se estaba consagrando, con su conjunto, como un chico prometedor.

Ahora, este digno representante de su ciudad, dulce, como decía el poeta, aunque más bien salada si se piensa en tanto mar rodeándola, este joven de mirada limpia y corazón noble, uno más de los que quieren cumplir un sueño, ha trascendido desde el anonimato al conocimiento, ha pasado de ser un estudiante del exigente Grado Superior a un aspirante en una Academia para un programa de televisión. Y estamos muy orgullosos de él.

Y no es que no nos sintamos así respecto del resto de nuestro alumnado, a quien siempre deseamos lo mejor y para quien siempre hay un recuerdo y una alta disponibilidad cuando ya forman parte del ámbito universitario o laboral, ni que no lo hubiéramos estado si Gerard, nuestro Gerard, con sus vaqueros y deportivas, hubiera elegido otra de tantas vías que se abren a su edad; simplemente, ahora él está ahí y nosotros estamos con él.

Por eso, dejando a un lado las variadas opiniones sobre el concurso, planeando sobre las dificultades y respaldando a los paisanos, apoyamos y solicitamos apoyo para alguien que exhibe su acento meridional sin complejos, que sin necesidad de interpretar un papel representa holgadamente a su localidad, y que, sin forzar estereotipos ni fingir lo que no es, refleja los valores inculcados desde aquel no tan lejano parvulario, de frescura, humor, compañerismo y respeto.

Quejarse de que Ceuta sólo rebasa las noticias autonómicas para los mismos asuntos, no menos conflictivos que en otras plazas, es en muchas ocasiones justo, pero dejar pasar la oportunidad de que se difunda su nombre denotaría una pobreza falsa. Nos gusta potenciar esta bella península, pero la intención es la de que nuestro cantante la sienta cerca, tan próxima como otros concursantes sienten su tierra y que, de forma recíproca, no se olvide que no nos olvidamos de él.

No es porque el azar haya situado a uno de los nuestros allí, sino porque tiene voz propia, porque es especial y atractivo, porque sonríe espontáneamente y se ríe y sabe reírse, acorde con su edad; porque ha sabido irse ganando adeptos de otros centros, en la calle, en otras provincias.

No lo dejemos solo porque no está solo. Y él, que mejora gracias a ir aprendiendo de sus mínimos errores, que va perfeccionando el baile y el movimiento, que es aspirante a sabio, debe saberlo.

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