Jueves. 18.10.2018 |
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REMITIDO

La humanidad como patria común

Mayda Daoud (ARCHIVO)
Mayda Daoud (ARCHIVO)

Parafraseando a Hesse,‘’cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros’’, podemos afirmar que uno de los defectos más crueles del ser humano es el odio. El odio hacia lo ‘’extraño’, lo ‘’diferente’’. El odio por pensar distinto, por rezar mirando a la Meca o con un rosario en la mano, o incluso, por hablar en idiomas diferentes al tuyo.

La humanidad como patria común

Parafraseando a Hesse,‘’cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros’’, podemos afirmar que uno de los defectos más crueles del ser humano es el odio. El odio hacia lo ‘’extraño’, lo ‘’diferente’’. El odio por pensar distinto, por rezar mirando a la Meca o con un rosario en la mano, o incluso, por hablar en idiomas diferentes al tuyo.

 Odiar por odiar.

¿Por qué será? No tengo la verdad absoluta, pero lo que sí es cierto es el punto de no retorno en el que, como sociedad, hemos llegado. Llevo semanas, meses (por redondear) leyendo ciertos comentarios, notas de opinión que, a pesar de ser legítimas y que la libertad de expresión ampara, demuestran que la intolerancia y la inhumanidad no tienen límites.

Porque los mismos que lanzan ‘’sin ton ni son’’ el discurso del miedo, son los que callan ante la mayor trama de corrupción que ha vivido nuestra democracia. Los mismos de las banderitas y las pulseritas ‘’marca España’’ son los que aplauden el rescate a la banca de millones y millones de euros, extraídos del bolsillo de la ciudadanía.

Los mismos que gritan a los cuatro vientos: - ¡Cuidado, que nos invaden! -son los que, con su silencio, bailan las aguas de los que evaden (la importancia de una vocal) dinero en cantidades descomunales a paraísos fiscales.

Patriotas.

Patriota es el abuelo que se las ve y se las desea el día veintiséis, después de cobrar la (mísera) pensión, para ayudar y sacar a delante a su hijo en paro y a sus dos nietas.

Patriota es la mujer que, después de recorrer cinco pisos, limpiándolos de arriba a abajo, hace cuentas para pagar el agua este mes y el viaje de fin de curso de su hija, cuyo mérito está más que demostrado.

Patriota es el que se gradúa de dos carreras, un máster y cuando va a echar su currículum, le responden con un ‘’necesitas, por los menos, dos años de experiencia’’.

Patriota es el que no se calla ante las injusticias, transformando nuestra sociedad con pequeños gestos. Patriota no es quien roba, ni quien miente.

Patriota no es quien ve como invasor a alguien que se juega su vida cruzando el mar. Tampoco quien invita a quienes pensamos de este modo a acogerlos en nuestro hogar ¿acaso tiene dueño o dueña este país?

Este país, de norte a sur, de este a oeste, es el hogar de la humanidad. La patria de todas y todos. Este continente, nuestra Europa, necesita despojarse de la sobredosis de intolerancia en el que está sumergida.

Porque la humanidad, en definitiva, es nuestra patria, la mejor bandera que podemos alzar ante los intolerantes.

 

La humanidad como patria común
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