Carta abierta de una maestra de apoyo en Ceuta

Carta abierta: La inclusión sin apoyos no es inclusión: es abandono

Aula TEA 'Las Gaviotas' del CEIP José Ortega y Gasset/ Archivo

Una docente ceutí denuncia la falta de apoyos reales en las aulas para garantizar una inclusión efectiva: “Sin recursos, la inclusión se convierte en abandono

Soy maestra de apoyo. Acompaño a niños de 3, 4 y 5 años en sus aulas. Algunos tienen autismo profundo (TEA). Otros no tienen diagnóstico, pero también necesitan ayuda.

Todos merecen atención, cariño y una educación de calidad. Pero no tenemos los apoyos necesarios. No hay suficientes manos, ni tiempo, ni recursos para atenderlos como se merecen.

Nos dicen que hay especialistas (Pedagogía Terapéutica, Audición y Lenguaje). Y sí, los hay. Pero están desborados/as. Tienen que ir de una clase a otra, con horarios partidos, sin poder estar cuando más se les necesita. No pueden acompañar a cada niño como merece. No es culpa suya: el sistema no les permite estar más.

También nos dicen que hay menos niños por aula. Pero eso no significa que haya menos necesidades. Al contrario: hay más diversidad, más complejidad, más niños que necesitan atención individual. Y seguimos sin apoyos suficientes. Sin tiempo. Sin condiciones reales.

Lo decimos con claridad: cada aula necesita una persona de apoyo fija. No para cubrir ausencias. No para ir de clase en clase. Sino para estar presente, cada día, en los momentos clave. Para sostener, acompañar, regular, proteger. Porque sin esa figura estable, la inclusión se convierte en una palabra vacía.

Me parte el alma ver a mis compañeras –maestras entregadas, creativas, valientes– llegar cada día agotadas, frustradas, con la sensación de no poder más. Las veo luchar con amor, con ideas, con fuerza. Pero también las veo tristes, impotentes, como si su esfuerzo no contara. Y aún así, siguen adelante. Seguimos todas. Porque los niños lo merecen.

Por eso pedimos ayuda. Y no la pedimos para nosotras. La pedimos para todos los niños. Para que la inclusión sea real, justa y posible. Para que haya profesionales suficientes en cada aula. Para que se respeten las ratios reales –los que vivimos en el día a día, no los que aparecen en los papeles. Para que los niños con autismo profundo no estén en clases masificadas sin apoyos. Para que los demás niños también puedan aprender sin que la maestra esté desbordada.

Pedimos al Ministerio de Educación que escuche lo que pasa en las aulas de verdad. Pedimos a la Dirección Provincial que actúe con urgencia y compromiso. Pedimos a los sindicatos que defiendan lo que prometieron.

Y pedimos a las familias que alcen la voz. Que exijan lo que sus hijos merecen: una educación digna, inclusiva y posible.

No estamos en contra de la inclusión. Al contrario: la defendemos con corazón. Pero queremos una inclusión con recursos, con respeto, con condiciones reales.

Pedimos cosas concretas:

  • Una persona de apoyo fija en cada aula.
  • Ratios reales.
  • Formación específica para los docentes.
  • Protocolos que reconozcan la diversidad profunda.

Porque esto también nos afecta a los maestros. A nuestra salud, a nuestra vocación, a nuestra dignidad. Y si no se actúa, lo que se rompe no es sólo el aula: es la escuela pública. Es el derecho de todos los niños a aprender y a ser cuidados.

No estamos fracasando. Estamos sosteniendo lo imposible con amor, con creatividad, con fuerza. Pero no podemos hacerlo solas.

Por eso escribo. Para que se sepa. Para que se escuche. Para que las familias entiendan que no estamos en guerra con la inclusión, sino con el abandono. Y para que, juntos podamos construir una escuela que no excluya a nadie. Ni a los niños. Ni a quienes los acompañamos.

La inclusión sin apoyos no es inclusión. Es abandono. Y el abandono también es una forma de violencia.

Si esta carta te ha tocado, compártela. Hazla llegar a otras familias, al AMPA, al centro, a quien pueda escuchar.

Porque cuando ustedes hablan, el sistema tiembla. Y cuando ustedes exigen, los niños tienen más posibilidades de ser cuidados como merecen.

Firmado: una maestra de apoyo que sostiene lo imposible cada día, que acompaña, y no se rinde, aunque el sistema la deje sola.