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La nueva política

José María Rodríguez, diputado no adscrito (ARCHIVO)
photo_cameraJosé María Rodríguez, diputado no adscrito (ARCHIVO)

Los que teníamos cierta edad y estábamos cansados de la vieja política del 78, la que conocíamos desde nuestra mocedad, y que nos escandalizaba por sus reiterados casos de corrupción.

Y además y, sobre todo, estallábamos ante la tragedia social de la crisis económica del 2008.

Entonces pensamos, erróneamente,  que los nuevos partidos y movimientos sociales servirían, como mínimo, de revulsivo al sistema y supondrían el principio de saneamiento político.

Qué equivocados estábamos. De guatemala a guatepeor.

En muchas ocasiones más que revulsivo ha sido simplemente repulsivo.

Me refiero a las nuevas prácticas políticas, sacadas del club de la comedia, y las redes sociales.

Estas, que pueden ser un lugar de distracción y libertad, pero también de ignorancia, chabacanería y refugio de pobres diablos que largan lo que se le ocurre en internet, dando la cara o con perfiles falso, trolls o bots…

No hemos sabido apreciar el legado de la Transición y hemos dejado que la zorra acabe cuidando a las gallinas.

Los perfiles falsos son una de la lacras del escenario político actual.

En ellos se difunden fakes, bulos, calumnias, insidias, aceptadas por el ciudadano crédulo, pagando sus frustraciones, como si se tratase de  verdades de fe.

Pero al hombre común se le disculpan muchas cosas, mientras no caiga en el delito.

El político que se dedica a las malas artes en la red, no tiene ninguna disculpa.

Simplemente su actitud cae en la hipocresía más criminal y miserable.

En la política actual ceutí, se ha implantado, afortunadamente dentro de muy pocos individuos, este discurso patibulario mezcla de provocación, grotesco y canalla… todo propio de payasos de baja estofa.

Como decía un amigo mío, docente y con experiencia política reconocida, el talante de esta sucia práctica política y los individuos que la practican, además de criminal y sacada de las cañerías de la sociedad, le parecía especialmente peligrosa cuando se practicaba por miembros del cuerpo político.

Miembros execrables. 

Pero le pareció, mucho más grave, cuando supo que se dedicaban a la docencia

A alguno, más tarde o más temprano, le va a pasar factura profesional.

Pero cuando se mezclan la vida pública, llevada al esperpento, con la práctica subterránea, en el sentido de cloaca, de los falsos perfiles, el tema se vuelve más grave. Y vomitivo.

En esta semana hemos visto en prensa como un perfil falso calumniaba a la presidencia de la Ciudad.

Pero fíjense, qué casualidad.

Por lo que me cuentan, dicho perfil falso es casi un calco de otro que durante un tiempo perseguía a los antiguos miembros de Vox, a la disidencia, y los diputados no adscritos.

Repetía argumentos, casi palabra por palabra, como los que les escuchamos a algunos miembros de la política local en la Asamblea o en la prensa.

Triste semilla sembrada la del totalitarismo.

Es de pensar que los acosadores de red, con coartada política o sin ella, son enfermos o delincuentes.

Se dediquen a la política o sean ciudadanos corrientes.

Como cuando se increpa al conductor del coche que tenemos delante esperando el color verde del semáforo.

En el fondo el troll se vuelve insaciable en su anonimato.

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