Remitidos

Multiculturalismo: el reto del siglo XXI

vista de Ceuta ENCUESTA
photo_camera Vista de Ceuta (C.A./ARCHIVO)

Hace unos meses tuve el privilegio de entrevistar a varios representantes políticos de la Asamblea ceutí y hubo una premisa que se repetía entre todos ellos: Ceuta no puede sobrevivir sin una verdadera convivencia multicultural. Esto hace que uno se pregunte, entonces, ¿qué conlleva realmente la “convivencia”? ¿Qué significa “multicultural”? Y, ¿por qué es tan importante? A decir verdad, no solo es importante y necesario en Ceuta, actualmente la mayoría de las democracias liberales (es decir, las democracias representativas donde la ciudadanía tiene garantizada una serie de derechos) son multiculturales.

Esto se ha estudiado en Ciencia Política bajo diversos nombres, democracia multicultural, pluriculturalismo, pluralismo liberal o multiculturalismo. Grandes autores que se han dedicado a este tema son Chantal Mouffe, politóloga y filósofa belga; Carmen González, politóloga e investigadora del Real Instituto Elcano; o Will Kymlicka, filósofo político canadiense.

Sea como fuere, todos se refieren a lo mismo, la situación que viven las democracias modernas desde la década de los 80 donde ya la ciudadanía no es homogénea y por ello surgen escenarios nuevos derivados de las diferencias culturales entre ciudadanos. Hay varias razones que hacen que los expertos sitúen esta transformación social en esta década, para entenderlo hay que retroceder un poco en el tiempo.

Como bien sabemos, en 1945 acaba la Segunda Guerra Mundial y se funda la ONU. En ese momento casi una tercera parte de la población mundial vivía en territorios que dependían de una metrópoli y, por tanto, no eran autónomos. Así, la ONU, en su resolución 1514, declaró que se iba a proceder a la descolonización (política) de los territorios no autónomos. Este proceso duró desde el 45 hasta la tardía década de los 90 (aunque a decir verdad aún quedan territorios no autónomos sin adquirir su independencia).

La descolonización es importante en el tema que tratamos de la multiculturalidad porque permitió que entre los países no occidentales se extendiera la reivindicación a no solo no ser gobernados por sus antiguas metrópolis, sino a desenvolver sus propias ideologías, culturas y formas de ser y vivir. Desde entonces y hasta finales del siglo XX, la defensa por parte de los grupos minoritarios de mantener su cultura, vivieran donde vivieran, fue expandiéndose.

En los años 80 esta situación se magnificó debido al aumento de movimientos migratorios, favorecidos por la globalización. Personas de orígenes no occidentales llegaban a Europa y Estados Unidos y se veían en contextos totalmente distintos a los de sus países de origen. Hasta entrado el siglo XXI, había una idea o tesis preconcebida en occidente que marcaba inevitablemente la vida de estas minorías. Esta era lo que ahora se conoce como “la tesis de la modernidad”, y que entendía que existía o debía existir entre todas las sociedades una evolución necesaria e irremediable de su origen tradicional a lo entendido como moderno. ¿Y qué era “lo moderno”? La forma de vida desarrollada en el viejo continente, que tenía en común la secularización, el capitalismo económico y el desarrollo del individualismo frente a la colectividad.

Décadas después se ha demostrado que la mayoría de las sociedades no han tenido esta evolución y que, además, es imposible ver a todos los grupos culturales bajo el mismo prisma. Por tanto, ya encontrándonos de nuevo en el siglo XXI, no cabe duda de que la situación que vivimos está marcada por el discurso de la cultura y la identidad. Y entonces también debe uno responder la siguiente pregunta, ¿qué es “cultura”? La UNESCO la definió como “el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales, materiales y afectivos que caracterizan una sociedad o grupo social” y dictaminó que engloba a las artes, los modos de vida, los derechos fundamentales, los sistemas de valores, creencias y tradiciones. De ahí surge la identidad cultural, que liga el sentimiento de pertenencia a un grupo social donde se comparten los rasgos culturales.

Sin embargo, como todo en las Ciencias Sociales, la cosa es más compleja aún, pues en todas las personas existe más de una identidad. No olvidemos que la identidad va unida al sentimiento de pertenencia a un grupo y casi todo el mundo se siente perteneciente a más de uno, aunque a veces unos primen por encima de otros. Los sociólogos identifican como más importantes las identidades unidas a la clase social, la etnicidad o cultura étnica, el territorio, el grupo de edad y el género.

El sociólogo inglés Harriet Bradley defiende que según el momento vital de cada individuo una de sus identidades será más dominante que otras. Incluso, explica, a veces esas identidades pueden estar “dormidas” y despertarse debido al contexto. Esto, según lo que venimos viendo en el recorrido histórico, podría ser lo que ha sucedido con respecto a las reivindicaciones de la identidad cultural o étnica.

La cuestión, centrándonos ya en nuestra ciudad, es que mientras en otros lugares la identidad cultural y la nacional coinciden, en Ceuta se da la cuestión de las “cuatro culturas”, donde dos tienen casi el mismo peso demográfico. Y debido a ello es tan importante, como coincide gran parte de la población y sus representantes políticos, la “cuestión multicultural”.

 No obstante, y citando a la politóloga Carmen González Enríquez, a lo mejor deberíamos buscar más allá de la multiculturalidad. Me explico. Esta politóloga declaró que de sus estudios había sacado una conclusión, que el multiculturalismo parecía siempre relacionado con un contexto de dos culturas donde una es de la población autóctona y la otra, de la migrante. Frente a ello, se han propuestos otros conceptos que tal vez serían más interesantes en el contexto concreto ceutí. Por ejemplo, la definición de “interculturalidad” de la UNESCO.

La UNESCO define interculturalidad como la “presencia e interacción equitativa de diversas culturas y la posibilidad de generar expresiones culturales compartidas, adquiridas por medio del diálogo y de una actitud de respeto mutuo”. En esta línea, Olga Lucía Molano, la internacionalista y experta en proyectos de gestión cultural, proponía ya en 2007 que era necesario una voluntad común y un reconocimiento de todas las partes para generar que de varias identidades culturales se diese lugar a una identidad territorial.

Si esa identidad territorial, en este caso a nivel local, no existe, el conflicto (que no tiene por qué ser per se violento, pero puede darse el caso) parece asegurado. Lo cierto es que este multiculturalismo no está siendo bien enfocado desde los gobiernos de distintas partes del mundo, dando lugar a una mayor fricción, a conflictos y a violencia de distintos tipos. Ceuta no parece que vaya a ser la excepción de esta regla.

Debido a ello, muchos defienden la idea de que nuestra ciudad no tendrá ningún futuro estable si no se empiezan a proponer medidas reales ante la situación en la que se encuentra la ciudad con respecto a todo lo mencionado. Sin lugar a duda es una situación compleja, y para comenzar son necesarias, a niveles apremiantes, la participación y la voluntad de todos y todas las ceutíes. Es importante reivindicar el espacio común ceutí, donde compartimos muchas cosas que puedan dar a una identidad propia entre todas las personas nacidas en esta ciudad. Más aún, en mi opinión, es posible. Nuestra estabilidad depende de ello.

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