Remitidos

O'Cambalache: un programa contra la explotación sexual

A pesar de los avances en los derechos de la mujer, en pleno siglo XXI las desigualdades de género son un tema de debate necesario. La prostitución y la trata de mujeres son un fiel reflejo de la desigualdad entre ambos sexos y, además, un factor determinante en la exclusión de las mujeres en una sociedad no igualitaria. Fundación Cruz Blanca apuesta por garantizar los derechos y mejorar la calidad de vida de las mismas a través de servicios de acercamiento, mediación y sensibilización social, así como de incorporación social y laboral.

Fundación Cruz Blanca considera que es necesario vivir en una sociedad más justa y solidaria, basada en valores de igualdad. Una sociedad en la que las relaciones entre hombres y mujeres se rijan por la equidad y el acceso igualitario a los derechos y oportunidades. En definitiva, queremos una sociedad en la que cada uno/a pueda elegir su propia vida en función de sus intereses y deseos y no en función de su pertenencia a uno u otro sexo.

Pero la realidad en la que trabajamos cada día, nos indica que las mujeres que ejercen prostitución están en una situación de vulnerabilidad extrema, expuestas a riesgos para su salud, tanto física como mental, expuestas a agresiones, robos, violaciones, sean o no víctimas de trata. Además, están excluidas del disfrute efectivo de muchos de los derechos que, como personas, les corresponden. La realidad que vemos cada día nos muestra que existe una relación muy estrecha entre prostitución, pobreza y exclusión social.

Por eso, trabajamos con ellas. Entendemos que hay que estar a su lado y acompañarlas en su proceso de incorporación social plena, sin pedir nada a cambio, sin juzgar sus opciones o decisiones, entendiendo que ellas no tienen tantas posibilidades entre las que poder elegir como otras personas.

Cruz Blanca, basa su código ético en la visión cristiana de la vida y por tanto enfocamos el fenómeno de la prostitución desde esta perspectiva, que hace reconocer que la explotación sexual, la prostitución y el tráfico de seres humanos son actos de violencia contra las mujeres y, en cuanto tales, constituyen una ofensa a la dignidad de la mujer y son una grave violación de los derechos humanos fundamentales.

Como entidad unida a la Iglesia tenemos la responsabilidad pastoral de promover la dignidad humana de las personas explotadas mediante la prostitución, y de abogar por su liberación y porque reciban un apoyo económico, educativo y formativo. Además, para responder a las necesidades pastorales de las mujeres que ejercen la prostitución, Fundación Cruz Blanca debe denunciar proféticamente las injusticias y la violencia perpetradas contra las mujeres, donde quiera que sea y en cualquier circunstancia que se presente, invitando también a los hombres y mujeres a comprometerse a sostener la dignidad humana, eliminando la explotación sexual de las mujeres.

Fundación Cruz Blanca implantó su programa O´Cambalache en la Ciudad de Ceuta en el año 2013, y desde entonces trabajamos con las mujeres que se encuentran en situación de prostitución en nuestra ciudad. Nuestra intervención consta de dos áreas: El servicio de acercamiento: donde gracias a la Unidad Móvil (cedida por la Consejería de Sanidad) nos desplazamos a los lugares de ejercicio de prostitución para establecer un primer contacto con las mujeres, siendo de vital importancia el acercamiento a sus lugares de trabajo. Y el Servicio de mediación: la acogida en el servicio de mediación suele iniciarse tras el contacto en el lugar de ejercicio de prostitución, con peticiones o demandas concretas de las usuarias, siendo las mediaciones de diversa índole.

En el transcurso del año hemos efectuado 40 salidas en las cuales hemos realizado 92 contactos y hemos intervenido con 24 mujeres en situación de prostitución, de las cuales 17 han solicitado el servicio de mediación. A todas ellas se les ha repartido material preventivo.

Durante el estado de alarma, hemos continuado atendiendo a estas mujeres de manera telefónica hasta que las medidas sanitarias nos han permitido ir retomando las actividades que desarrollamos asiduamente (visitas a puntos de ejercicio de prostitución en calle y pisos). Nos hemos encontrado numerosas situaciones de aumento de desprotección, discriminación y exclusión, ya que se han visto obligadas a llevar a cabo distintas actividades, sufriendo mayor aislamiento y mayor exposición al virus COVID-19.

Por otro lado, nos preocupa verdaderamente la situación que están viviendo las mujeres transfronterizas que se encontraban en situación de prostitución en la Ciudad y que, por el cierre de la frontera, se encuentran en una situación de vulnerabilidad grave tanto en su país de origen, como en la ciudad de Ceuta.

En definitiva, el panorama tras la pandemia ha cambiado mucho la realidad sobre la prostitución en Ceuta. El ejercicio en calle, prácticamente ha desaparecido y se ha focalizado en el ejercicio en pisos. Realidad mucho más hermética y clandestina a la cual es más difícil acceder y supone más vulnerabilidad para estas mujeres.

 Actualmente realizamos “prospecciones” llamando a los números de teléfonos de diferentes anuncios, informando sobre el programa y sus servicios y poniéndolos a disposición de estas personas.

Gracias a ello, vamos sorteando las dificultades y adaptándonos a la nueva normalidad que ha cambiado mucho las dinámicas del “mundo de la prostitución” en Ceuta. Un “mundo” muy complejo en el que no podemos olvidar quiénes son las que se encuentran en situación de vulnerabilidad, expuestas a riesgos para su salud física y mental y la existencia de factores que la sociedad desconoce y que les empujan a encontrarse en esta situación.

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