Sanidad o barbarie: la lucha de Ceuta contra la negligencia del Estado

Manifestación por una "Sanidad Digna" / Archivo

Comunicado oficial de la Plataforma Ciudadana Todos por una Sanidad Digna: Una cronología de lucha y abandono

Desde 2023, Todos por una Sanidad Digna viene denunciando la situación insostenible del sistema sanitario en Ceuta. Manifestaciones, cartas abiertas, reuniones con responsables institucionales, dosieres de propuestas, presencia en los medios de comunicación y un clamor que ha traspasado incluso nuestras fronteras: la sanidad de Ceuta ha llegado al Parlamento Europeo.

Sin embargo, las respuestas del INGESA, del Ministerio de Sanidad y de la propia ministra Mónica García, han sido, como siempre, más humo que soluciones. Mientras en sus comunicados se repiten frases hechas sobre “compromisos con la ciudadanía” o “mejoras estructurales en curso”, la realidad es otra: ni una sola acción efectiva, ni un solo cambio estructural ha llegado a nuestra ciudad. Desde que el BOE 118/2023 catalogó Ceuta como zona de difícil cobertura y desempeño, no se ha utilizado ni una sola vez ese mecanismo, ni siquiera para las carencias más urgentes.

Nada nuevo bajo el sol: Ceuta lleva 15 años denunciando lo mismo

Las demandas por una sanidad digna en Ceuta no comenzaron ayer. Ya en el año 2010, la prensa local recogía una concentración de profesionales y usuarios sanitarios ante la Delegación del Gobierno. ¿La exigencia? Una sanidad digna. Más recursos, más personal y más respeto institucional.

Entonces, como ahora, desde la dirección del INGESA se tachaban las movilizaciones de “injustificadas” y se lanzaba una ofensiva mediática para desacreditar a quienes denunciaban el caos. El director territorial de aquel momento afirmaba incluso que “2009 fue uno de los mejores años de la sanidad ceutí”, mientras los datos oficiales del Ministerio mostraban:

  • Una tasa de satisfacción 14 puntos por debajo de la media nacional
  • Menor número de camas hospitalarias por cada 10.000 habitantes. Y además, hoy en día la situación no ha mejorado: aunque se ha aumentado considerablemente el número de camas y la ampliación al nuevo hospital, tenemos la mitad de las camas sin utilizar. Sólo una ocupación del 50%. Existen más de 30 camas de observación que no se utilizan, compradas hace más de un año y abandonadas por falta de personal.
  • Un gasto sanitario por persona un 17% inferior al resto de España

El artículo denunciaba también el enfrentamiento entre la dirección del INGESA y los profesionales, así como la complicidad de una Delegación del Gobierno que sostenía gestores ineficaces. La frase final entonces sigue retumbando hoy: “Ni los mejores gestores (que no es el caso) pueden sostener un sistema sanitario con una opinión pública en contra.”Quince años después, seguimos atrapados en el mismo ciclo de desprecio y abandono.

Salud Mental: la herida invisible

En ningún ámbito es más evidente el fracaso institucional que en la salud mental. Existe un psiquiatra infantil, pero actualmente está de baja. El problema es que no se ha planificado adecuadamente la cobertura de este servicio, lo que hace que toda la población infanto-juvenil dependa de una única plaza médica. Y cuando esa plaza se ve afectada, todo el sistema colapsa.

Además, el déficit de personal especializado no se limita a salud mental. Ceuta arrastra desde hace años la falta de radiólogos con experiencia en resonancia de alto campo, lo que compromete diagnósticos de alta precisión. También hay déficits graves en traumatología, neurología, dermatología, atención primaria, cardiología, urología, y muy especialmente en urgencias hospitalarias, donde los pocos profesionales que quedan están al límite físico y emocional.

Uno de los casos más graves es la ausencia de endocrinología, lo que impide incluso realizar correctamente pruebas críticas como la punción del tiroides. Es especialmente alarmante si tenemos en cuenta el elevado número de personas diabéticas que hay en Ceuta. Mientras tanto, se recurre sistemáticamente a la externalización de servicios como diálisis, logopedia, ecografías, resonancias y otras pruebas diagnósticas, enviando a los pacientes a clínicas privadas o derivándolos fuera de la ciudad. Todo esto desmantela el principio de una sanidad pública, accesible y de calidad.

Esta ministra habla de la privatización de la sanidad pública como algo inaceptable. Pero aquí le llama “externalización” (eufemismo demagógico), cuando en realidad lo que se está haciendo es una privatización dura y pura. Es disfrazar el desmantelamiento de lo público con palabras técnicas para que el ciudadano no perciba la traición.

Otra carencia gravísima es la falta de una cámara hiperbárica en la ciudad. Este equipo es fundamental para prevenir y tratar las complicaciones severas de pacientes con úlceras o pie diabético. Su ausencia nos lleva a un escenario inaceptable: Ceuta se encuentra entre las ciudades con más amputaciones de extremidades inferiores del país. Este dato, aunque silenciado, es real y muy serio.

La gran mentira de las listas de espera

Desde la Plataforma hemos denunciado junto al Sindicato Médico y numerosos colectivos de pacientes cómo el INGESA manipula los datos oficiales. Se cierran agendas médicas para que no se generen listas de espera. Se expulsa a pacientes del sistema si no pueden acudir a una cita. Se oculta la realidad a golpe de estadística.

Pero ya no solo los médicos alzan la voz. Son los propios ciudadanos quienes, a través de nuestra plataforma, nos trasladan su desesperación: personas que esperan más de un año para una ecografía, madres que no logran cita con pediatría, pacientes oncológicos que, para poder recibir radioterapia, tienen que desplazarse a la península.

Desde INGESA y la Delegación del Gobierno nos intentan convencer de que “solo son siete minutos de vuelo”. Pero no son siete minutos: es el agotamiento físico y mental de cada traslado, las esperas interminables, el papeleo, el desarraigo. Y, sobre todo, es someter a una persona debilitada por el cáncer a tratamientos de radioterapia fuera de su hogar, lejos de sus seres queridos y sin el acompañamiento emocional que cualquier paciente necesita.

La radioterapia, que para los gestores es simplemente una palabra en un informe, para el enfermo es un golpe seco al cuerpo y al ánimo: provoca fatiga extrema, náuseas, pérdida del apetito, problemas en la piel, bajada de defensas y, en muchos casos, una sensación de vulnerabilidad absoluta. Pasar por ese proceso lejos de casa no es solo cruel: es inhumano.

Nos toman por tontos. Y ya no lo vamos a permitir.

¿Y los responsables?La Delegación del Gobierno, la Dirección del INGESA, el Ministerio de Sanidad y la ministra 

Mónica García se pasan la pelota entre ellos mientras la casa se incendia. Ni un solo gesto de humildad. Ni una disculpa. Solo comunicados con cifras frías que contrastan con el drama que se vive en cada sala de espera. Es obsceno.

Reconocemos que ha sido el Gobierno de la Ciudad quien, al menos, ha trasladado nuestras reivindicaciones al Parlamento Europeo, pero eso no les exime de seguir presionando activamente y tomar partido de forma más firme frente a Madrid. En esta lucha por una sanidad digna, nadie puede permanecer cómodo ni neutral.

Es hora de que Madrid escuche a los profesionales y no a los directores territoriales. Esa es la clave para cambiar algo. Y por supuesto, debe escuchar también a la ciudadanía, que es quien vive en carne propia las consecuencias de esta gestión ineficaz. Hay que insistir: faltan RECURSOS HUMANOS. Sin profesionales no hay atención posible. Y no se puede mejorar nada mientras no se cambie radicalmente la Dirección Territorial del INGESA en Ceuta, cuya gestión ha sido un obstáculo constante para cualquier avance real.

¿Qué pedimos? Pedimos lo básico:

  • Que se cumplan las promesas. 
  • Que se contraten profesionales con incentivos reales. 
  • Que se activen las unidades anunciadas. 
  • Que se invierta de forma urgente en salud mental. 
  • Que se construya y ponga en funcionamiento una clínica de radioterapia en Ceuta. 
  • Que se dejen de maquillar los datos. 
  • Que se escuche a la ciudadanía. 
  • Que se asuma la responsabilidad.
  • Ceuta no necesita más excusas. Necesita gestión, planificación y voluntad política.
  • No vamos a parar

La Plataforma Todos por una Sanidad Digna no va a cesar en su lucha. Seguiremos en las calles, en los medios, en las instituciones. Porque la salud no es un favor que se nos concede: es un derecho que se nos está negando. Y cuando los derechos se vulneran, lo que nace es resistencia. Y esta plataforma es, y seguirá siendo, resistencia organizada.