Remitidos

Carta abierta al señor Verdejo

Sr. Verdejo, ser patriota no es llevar una banderita en la muñeca. Significa empatizar con los demás, sacrificarse un poco, sólo una hora, para que todos puedan olvidar por un momento el confinamiento, la soledad o la tristeza.

Estimado Sr. Verdejo, sin duda el aburrimiento es una de las consecuencias de toda esta cuarentena que estamos viviendo. A todos nos pasa, y no cabe duda que a usted, que no debe tener muchas cosas que hacer, le empieza a pasar factura.

En todos los barrios de España, y Ceuta no iba a ser menos, los vecinos intentan hacer más llevadero el confinamiento, y lo hacen de la mejor manera que saben: unos cantan, otros tocan instrumentos, cuentan chistes y otros, simplemente, ponen música. Y este es nuestro caso.

Un vecino, al que no tenemos palabras de agradecimiento por lo que hace, nos deleita todos los días con una hora de música, sólo una hora, y congrega en sus ventanas a niños, a jóvenes, a mayores, y a muy mayores. Créame Sr Verdejo que no hay nada más bonito que ver a una abuela, en el balcón, moviendo sus brazos y, llegado el momento, agitando nuestra Bandera al son del Himno Nacional, ese del que tanto usted presume en ciertos momentos, aunque parece ser que ahora sí que le molesta.

Su actitud denunciando la emisión de música y obligando a nuestra Policía Local a perder su tiempo en estas cosas dice mucho de usted. Y dice mucho, porque es difícil explicarle a un niño de seis años, que lleva encerrado ya una semana, y que el único momento de ruptura total de su rutina diaria es este momento divertido, improvisado, en el que interactúa con alguien más que su familia más cercana, alguien intenta impedirlo y que no se haga más.

Desconocemos los motivos que pueden llevarle a tal actitud, pero sepa que se equivoca completamente.

Sr. Verdejo, ser patriota no es llevar una banderita en la muñeca. Significa empatizar con los demás, sacrificarse un poco, sólo una hora, para que todos puedan olvidar por un momento el confinamiento, la soledad o la tristeza. Piense en el interés general, sea un poco solidario, sólo un poco. Anteponga su ego y su prepotencia ridícula y deje a la gente disfrutar y vivir durante una hora de otra realidad diferente, y hágalo por su bien y por su salud, que mejorará notablemente.

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