Remitidos

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¿Vox al Senado? Ahora más que nunca

Los candidatos y dirigentes de Vox, durante el acto organizado por el partido para inaugurar la campaña (C.A.)
photo_cameraLos candidatos y dirigentes de Vox, durante el acto organizado por el partido para inaugurar la campaña (C.A.)

“Clear and concise”. A lo mejor no muchos de los que me leen son conocedores de tal realidad, pero soy oficial de la marina mercante de profesión. Una profesión peculiar que dio lugar a ese dicho que reza “hay tres tipos de hombres.

“Clear and concise”. A lo mejor no muchos de los que me leen son conocedores de tal realidad, pero soy oficial de la marina mercante de profesión. Una profesión peculiar que dio lugar a ese dicho que reza “hay tres tipos de hombres. Los vivos, los muertos, y los marinos”.  Una profesión que me ha llevado a conocer la vida en cinco continentes, incluyendo la Antártida, así como a haber puesto mis pies en una veintena de países. A todos nos dice la lógica que los barcos, barcos son, y por ende, hay que controlar hasta el mínimo detalle para minimizar un riesgo que puede tener consecuencias catastróficas. En este ámbito, las comunicaciones cobran un papel crucial. En las formaciones para operar con radio en comunicaciones que impliquen buques, siempre comenzaban con la misma frase, que se convertía en verdadero eje vertebrador de todo lo subsiguiente. “Clear and concise”. No hay más. Hay que ser claro y conciso. En todas las comunicaciones, con un emisor, receptor, mensaje, canal y código, hay dos opciones tangibles que se maximizan en el ámbito político. Decir mucho con poco, o decir poco con mucho. Ni que decir tiene que la política en la actualidad ha alcanzado su zénit sofístico, en el sentido peyorativo que a tal cualidad le darían Isócrates o Sófocles, como sinónimos de charlatanes y embaucadores, que, bajo el peso de una remuneración que los profesionalizaba cual ONG a cargo del PPSOE, los convertía en meros mercenarios de la palabra. Genios cuya retórica se entrenaba apoyando un argumento y atacándolo acto seguido. ¿Os suena? Profesionales de la política que, al menos, tumbarían en un minuto a los neosofistas actuales (no quisiera imaginarme a Irene Montero frente a Protágoras…).

En este contexto debo, pues, hacerme eco de un titular que el otro día atribuían correctamente a una entrevista a don Juan Ros, candidato de VOX al senado, al que le preguntaban “¿queremos una frontera en Ceuta con Marruecos que se parezca a la de Israel con Palestina?” A lo que Juan Ros respondía “Si es necesario, si”. La pregunta le habría provocado sudor en la frente a cualquier candidato-sofista de cualquier partido que habría tenido que sacar a relucir sus mayores habilidades para destilar sofismas, y poder decir lo que no quiere decir. Hablar sin decir nada. Ante este estilo, Juan Ros se distinguió por su contraposición lacónica. ¿Queréis nuestras armas? Molon labe. Y es ese estilo claro y conciso el que me demuestra que estamos en una época de cambio, y que de verdad en España existe un germen que nos encauza en ese sentido, tal que la mayéutica socrática. El propio Sócrates, Platón, Aristóteles… se distinguieron por su contraposición a esa bella cáscara vacía que constituía la última etapa del sofismo. Ese es el estilo de Abascal, de Ortega Smith. De VOX. A pocos se les pasa que vivimos en la segunda frontera más desigual del mundo tras la de las dos Coreas (que raro… el marxismo de por medio…), y que la región del Magreb es un germen de inestabilidad sociopolítica. Pero no voy a entrar hoy en defender el muro (que lo haré y con muchas ganas), sino en el análisis de la consolidación de un estilo.

¿Hay que votar a VOX al senado? Rotundamente sí. El control de la rebelión secesionista que está destruyendo a Cataluña depende directamente del senado, por lo que probablemente es más importante que nunca meter a VOX en el senado. Copio el artículo 155:

  1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.

Con lo que es primordial tener un senado capaz de aplicar un 155 de verdad y tomar por fin el control de la tríada golpista: 1.- medios de comunicación, 2.- cuerpos de seguridad, 3.- educación.

A eso añadirle la capacidad de bloquear los PGE con los que es más que previsible que Pedro Sánchez se volverá loco rascándole el bolsillo a todo el que trabaja y aumentando el ritmo de parados, que nos entierra económicamente a los españoles mientras ellos desentierran a Franco, pero con una caída de la creación de empleo de más del 66%. Eso sí, con los “golpistas” contemporáneos, mejor pactar…

        Ante esto, no tengo ninguna duda. Necesitamos en el senado estilo espartano. Lacónico. Necesitamos a alguien que responda “si” ante la pregunta “¿aplicaréis el 155?”. Necesitamos soluciones reales y directas a problemas reales y directos que erosionan a la nación día tras día y sin recibir respuesta. Necesitamos que la mayéutica y el laconismo político sustituyan al imperante sofismo oclócrata rancio.

        Y no olvidemos lo que le dijo Churchill a Chamberlain en 1938 cuando éste le informara, a su vuelta de Múnich de su reunión con los nazis, de forma satisfactoria que había alcanzado una paz “honorable” para Inglaterra. “You were given the choice between war and dishonour. You choice dishonour and you will have war”. Parafraseando a Maquiavelo con su “el que tolera el desorden para evitar la guerra, primero tiene el desorden, y luego la guerra”. Ahora nos toca a nosotros combatir a otros nazis y comenzar a demostrar firmeza.

 

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