Resumen Semanal

Spiderman, encaramado a la valla

La militancia en el partido provoca en no pocas ocasiones severos trastornos de la conducta. Las implicaciones psicopatológicas aumentan cuando a la condición de afiliado se une la de cargo público. Me habría gustado avalar estas consideraciones científicas con un “no lo digo yo, lo dice Freud”. Pero Freud nunca lo dijo. Así que tendrá usted que fiarse de mí.

La militancia en el partido provoca en no pocas ocasiones severos trastornos de la conducta. Las implicaciones psicopatológicas aumentan cuando a la condición de afiliado se une la de cargo público. Me habría gustado avalar estas consideraciones científicas con un “no lo digo yo, lo dice Freud”. Pero Freud nunca lo dijo. Así que tendrá usted que fiarse de mí.

A lo que vamos. La promoción de un militante medio a la condición superior de gestor del interés general conlleva un cambio de actitud en el sujeto, una perversión de su percepción y la asunción, reforzada por la actitud halagüeña de la madre propia y de los aduladores que pueblan las sedes de las formaciones políticas, de que uno es poco menos que un individuo providencial. Y es entonces cuando sucede.

Al igual que Spiderman, encaramado a una antena de telefonía en el centésimo quinto piso de un rascacielos neoyorkino, nuestro amigo (o amiga) otea el mundo como quien atisba el bullir tumultuoso de un hormiguero. Las mallas del hombre araña adquieren en el presente caso un aspecto más mundano pero no por ello menos elegante. El uniforme/disfraz del nuevo prócer (“juro por mi conciencia y honor guardar y hacer guardar…”) se aliña con traje confeccionado en tejido de ojo de perdiz, camisa celeste rematada en cuello y puños blancos, zapatos acharolados con alzas y corbata estampada con los colores del partido. Nuestro hombre (o mujer) ya se refocila en la visión que le devuelve el espejo y se persuade, probablemente por primera vez, de que aquel atavío de servidor público ha de conferirle, necesariamente, poderes similares a los que adornan a Peter Parker.

Y como resulta que la conducta humana es hija de la emulación y el ejemplo, allá va nuestro asalariado superhéroe directo hacia el ventanal del hotel donde se celebra la convención del partido, quiebra el acristalamiento ayudado por la velocidad adquirida en la carrera y se arroja al vacío mientras presiona reiteradamente los dedos corazón y anular contra la palma de la mano, en la esperanza de que sendas tramas de red arácnida se adhieran al edificio de enfrente. Por supuesto, tal cosa no sucede.

El quiosquero de la Once, la meretriz bajo el foco de la farola y el vendedor de costo al por menor lo vieron volar sin la galanura de un ave mientras aferraba entre los dientes el carné del partido. A la par que horadaba el vacío en previsible trayectoria descendente, braceaba compulsivamente en la confianza de que, si no a Spiderman, al menos podría salvar el pellejo emulando a una pavana. Y todo ello sin fruto alguno.

Dicho todo lo anterior metafóricamente.

Lo han asegurado las autoridades eclesiásticas, los portavoces de la abogacía española, los jueces y los fiscales, la Organización de las Naciones Unidas, el Consejo de Europa, Amnistía Internacional, la Unión Europea, asociaciones y sindicatos policiales, la Defensora del Pueblo: Las devoluciones en caliente vulneran las legislaciones española e internacional y conculcan los derechos humanos.

El delegado del Gobierno y el presidente de la Ciudad, ambos servidores públicos, secundan con entusiasmo al excelentísimo señor ministro del Interior -también él, a su vez, servidor público- en la pertinacia de su tesis: “Vienen a por nosotros y tenemos que defendernos”.

Sobre el Empire State, recortada contra la luna, se dibuja la silueta del señor ministro, quien a esas horas de la noche ha subido a la terraza con el propósito de ejercitar su sentido arácnido. Y unos pisos más abajo, en vertiginosa caída, Vivas y González confían en remontar el vuelo mientras agitan desesperados los dos folios donde se detalla el argumentario del partido.

Parecen no saber que, lamentablemente, el papel de argumentario carece de propiedades aerodinámicas.

 

El destello

“El ministro Wert es un imbécil” (Juan Luis Aróstegui, diputado de Caballas, en el transcurso de la última sesión del pleno de la Asamblea).

 

Los ceitiles 

 

DE ORO. Médicos y asociaciones de lucha contra el cáncer vienen desarrollando desde hace años un trabajo admirable para combatir la enfermedad. Todo ello se ha puesto de manifiesto en el transcurso de la celebración esta semana del Día Mundial contra el Cáncer. La llegada de un segundo oncólogo, presupuestada pero no materializada todavía, ha de ser el empeño al que las autoridades han de dedicar todas sus energías desde ahora.

 

DE PLATA. Los ciudadanos que ayer mismo participaron en los actos promovidos por las organizaciones civiles para conmemorar la muerte de quince jóvenes inmigrantes en la playa de El Tarajal hace un año. La memoria debida y la decencia obligan a esclarecer unos hechos cuya investigación se demora sin que existan excusas que lo justifiquen. 

   

DE HOJALATA. El parlamentario Rachid Ahmed lo ha vuelto a hacer. Tras solicitar la eliminación de la crucecita que corona el escudo de la Policía Nacional por presuntos motivos de discriminación religiosa, el diputado ha propuesto que los miembros de la Asamblea se sometan a un test de saliva antidroga una vez al año. Las ocurrencias de Ahmed al menos alivian el tostón en que se han convertidos las sesiones plenarias de la Asamblea. Eso hay que reconocérselo. 

 

 

 

   

 

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