Resumen Semanal

Sobre la imagen de la ciudad, en La Semana de Ceuta Actualidad

La emisión de un programa de Antena 3 sobre la ciudad y las detenciones de ayer en El Príncipe, motivos de reflexión

Una cuestión de virtud

Que Ceuta sea una “tierra de virtud”, tal y como proclamó este viernes el presidente Vivas en Madrid, se antoja un exceso. Quien conozca, aun de modo somero, la ciudad, descubrirá que, al igual que sucede en Santander, Sanlúcar de Barrameda y Quintanilla de la Orden, la virtud no es un don que emane de la tierra. No, decididamente, la virtud no es un boniato.

Los discursos solemnes esconden celadas que solo los más avisados son capaces de eludir. Uno comienza a redactar una pieza de oratoria seducido por la fama que podría adquirir entre su auditorio. Sube al estrado, proyecta la voz como un torrente compasivo para que la nueva alcance también a quienes dormitan al fondo de la sala. Gesticula, brama, de improviso dulcifica el tono. Relaja el ambiente con una ocurrencia que el respetable celebra con una sonrisa de aprobación, retorna a la corriente principal de su alocución, lanza reconvenciones, juicios que cree templados, advertencias de cara al futuro. Mira de reojo su reloj de muñeca, recoge sus papeles y, con la satisfacción del trabajo bien hecho, abandona el estrado no sin antes dedicar una educada genuflexión a los presentes. Y, aun después de tanto esfuerzo y dedicación, pudiera resultar que uno no ha hecho otra cosa que ensartar una majadería tras otra. La oratoria es muy desagradecida.

Las ofensas, presuntas o reales, que las televisiones nacionales nos hayan podido infligir con sus últimos programas sobre el yihadismo en Ceuta deben encontrar una respuesta reflexiva y, por encima de todo, honesta. Es probable que la ciudad no sea una cantera de terroristas sedientos de sangre –decididamente no lo es- pero eso no debe llevarnos a concluir que las calles de la localidad escarchan su asfalto de ambrosía y néctar. No es verdad y, además, Trace no lo permitiría.

Tenemos un problema, un problema gestado por el olvido, la indiferencia, la indolencia y la responsabilidad acumulados durante décadas. La marginación es caldo de cultivo para los mayores desafueros y atrocidades, y nosotros hemos alimentado durante demasiado tiempo la que hoy lastra a la sociedad ceutí. Una realidad como la de El Príncipe solo es posible porque a sucesivas generaciones de responsables públicos les ha importado muy poco la suerte de una parte de la población.

No, quizás no hayamos sido tan virtuosos como el presidente supone. 

 

El destello

“Ceuta no es una cantera de yihadistas” (Juan Vivas, presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, durante la convención nacional del Partido Popular celebrada esta semana en Madrid)

 

Los ceitiles 

 

DE ORO. El Cuerpo Nacional de Policía y los jueces de la Audiencia Nacional han vuelto a demostrar su eficacia con la ejecución de la operación policial “Chacal”. La colaboración entre los servicios de inteligencia marroquíes y españoles debe consolidarse como uno de los principales baluartes de nuestra defensa frente a las amenazas que nos acechan.

 

DE PLATA. Un solo inmigrante, confiado a su suerte, consiguió franquear la valla fronteriza esta semana. No formaba parte de una horda, ni escondía el propósito de mancillar suelo español, ni de amenazar nuestra seguridad y nuestros hogares. Solo quería pasar. Y pasó. Aun a costa de sufrir en el intento varias heridas. 

   

DE HOJALATA. El parlamentario Rachid Ahmed tiene una curiosa manera de entender la libertad religiosa. Su petición de que los policías musulmanes puedan solicitar que se elimine de su uniforme la diminuta cruz que corona el escudo del cuerpo suena extemporánea. Los símbolos de las religiones son tales cuando ejercen, efectivamente, esa función. Con esta clase de lógica, los voluntarios cristianos de la Media Luna Roja o los musulmanes de la Cruz Roja deberían tener derecho a vestir un pullover estampado a topos para no entrar en contradicción con su fe. 

 

 

 

   

 

 

Comentarios