El 30% de la población en España presenta bajos niveles de bienestar emocional, según Cruz Roja
El aislamiento social, la violencia y las condiciones socioeconómicas desfavorables son los factores más críticos en el bienestar emocional, junto a la salud mental, que se revela como factor transversal
Tres de cada diez personas (30%) en España afirman tener un estado de “bienestar emocional negativo”. Este indicador mejora con la edad —la generación del ‘Baby Boom’ muestra mayor satisfacción— y empeora en los niveles socioeconómicos medio-bajo y bajo, donde la falta de ingresos y seguridad material generan un mayor malestar.
Este es uno de los hallazgos del informe ‘Bienestar Emocional y Vulnerabilidad’, elaborado por la Fundación Cruz Roja Española, que identifica tres grandes tendencias: el bienestar emocional como reto estructural, la tecnología como arma de doble filo, y la cohesión social como elemento clave en una sociedad diversa. “El bienestar emocional es uno de los grandes retos de nuestro tiempo y un indicador clave del progreso de una sociedad”, destaca María del Mar Pageo Giménez, presidenta de la Fundación Cruz Roja Española.
Bienestar emocional: un reto urgente
El estudio revela que el bienestar emocional disminuye sensiblemente cuando coinciden tres o más factores de vulnerabilidad. Los más críticos son el aislamiento social, la violencia y las condiciones socioeconómicas desfavorables.
La salud mental se muestra como un factor transversal: el 34% de la población en España experimenta algún problema, principalmente ansiedad, trastornos del sueño o depresión. En muchos casos, las listas de espera derivan en una “medicalización de la pobreza”, donde se prioriza el uso de fármacos sin abordar las causas estructurales.
Además, se observa la transmisión intergeneracional de la pobreza, agravada por género, edad, origen o discapacidad. Las mujeres jóvenes duplican la probabilidad de padecer ansiedad, mientras que las personas migrantes enfrentan aislamiento social y discriminación.
El empleo precario, lejos de garantizar bienestar, puede convertirse en fuente de estrés, inseguridad y malestar familiar.
El impacto de la soledad no deseada
La soledad no deseada afecta al 16% de la población y es uno de los principales factores que deterioran el bienestar emocional. Este sentimiento predomina entre personas que viven solas, hogares monoparentales y jóvenes que comparten vivienda.
Las crisis vitales —rupturas, pérdidas o enfermedades— agravan la soledad, junto con el estigma social y la vergüenza al pedir ayuda.
Frente a ello, las redes comunitarias, los espacios grupales y el acompañamiento profesional se revelan fundamentales. Huertos urbanos, radios locales o espacios de encuentro muestran resultados positivos al reducir el aislamiento.
Otras vulnerabilidades emergentes
El informe también destaca la situación de las personas migrantes, afectadas por la exclusión social, la precariedad laboral y la discriminación. A ello se suman las narrativas mediáticas extremistas y los discursos de odio que desvían la atención de los problemas estructurales.
Por su parte, las personas jóvenes enfrentan una “soledad no percibida” debido a la hiperconexión digital, que genera ansiedad y sensación de vacío cuando las redes fallan. Sin embargo, son quienes muestran mayor disposición a pedir ayuda y menor estigma respecto a la salud mental.
Una hoja de ruta hacia el bienestar emocional
Entre las principales recomendaciones del estudio destacan:
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Incorporar currículos de alfabetización emocional a lo largo del ciclo vital.
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Reforzar la atención a la salud mental en el sistema público.
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Promover el deporte, la cultura y el voluntariado como recetas sociales.
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Tratar las políticas económicas como intervenciones de salud pública.
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Combatir la aporofobia y los discursos de odio mediante campañas de sensibilización.
El informe combina 1.000 entrevistas representativas en todo el país con sesiones cualitativas y testimonios reales, ofreciendo una visión estructural y humana del bienestar emocional en España.